5 cosas que he aprendido de la rabia

¿No os ha pasado nunca que ante una situación súper injusta os sube un calor por las mejillas y de pronto dejáis de pensar con claridad pudiendoa decir cosas muy hirientes?

A veces, ante situaciones que nos frustran (llamadas de la ex, comentarios desafortunados, desacuerdos con nuestra pareja, etc.) nos invade la rabia y de lo único que sentimos ganas verdaderas es de mandarlo todo a la porra o decir cuatro verdades a voces. Coger el teléfono y aclararle a la ex ciertos detalles para que deje de lado esos comentarios o los interrogatorios durante las llamadas, gritarle a nuestra pareja cuando sentimos que hacemos lo mejor que sabemos pero que no podemos llegar a todo, aclararle a la gente externa que ser madrastra es posiblemente una de las experiencias más complicadas que una persona puede atravesar a lo largo de su vida.

Si, sentir rabia e impotencia es humano y nos ha pasado a todos en algún momento de la vida. Pero hay 5 cosas importantes que he aprendido al sentir rabia y analizar el por qué me estaba sintiendo tan mal.

 

Cuando persiste, sólo me duele a mi

Mi pareja ha olvidado avisarme que hoy venía uno de mis hijastros malito del cole. Si me hubiera avisado con antelación podría haberme preparado mentalmente para recibir mejor al niño y poder repartir las tareas para atenderle. Ahora siento que me ha caído el problema encima sin previo aviso y me ha hecho sentir muy mal. Me tocará quedarme en casa a cuidarlo y siento que es súper injusto, yo también tengo cosas importantes que hacer. He discutido largo y tendido con mi pareja, pero a pesar de disculparse por haber olvidado darme esa información para que yo pudiera organizarme, no me sirve. Me siento frustrada y muy cabreada con él. ¡Qué rabia no poder manejar una situación que me afecta directamente!

Cuando me encuentro en una situación similar y no consigo vacíar mi mente con alguna actividad que me saque del foco del dolor, la rabia se instala y da paso al resentimiento hacia la situación y hacia mi pareja. Y a la larga ese resentimiento nos hace estar mal a todos y empeora la dinámica familiar. Pero principalmente me hace daño a mi.

 

Me indica que necesito un cambio

Vale, mi pareja ha omitido información importante y que me afecta directamente. Me siento súper mal con él ahora mismo, pero sobre todo me siento súper mal con el hábito que se ha creado de no transmitir toda la información a la pareja. A pesar de que pueda parecer irrelevante. Quizás, si esa dinámica cambiase yo me sentiría mejor, más en control de mi vida y posiblemente aceptaría los cambios mejor.

Los sentimientos son siempre una fuente de información muy valiosa. Nos indican cuando algo funciona y cuando algo no está yendo del todo bien. Cuando posiblemente necesitemos un cambio. Si me estoy sintiendo mal con una situación, una forma de relacionarme, seguramente sea momento de buscar una forma de cambiarla.

 

El tiempo propio ayuda

Ahora resulta que sí o sí voy a tener que quedarme en casa a cuidar de mi hijastro enfermo. Qué mal. Pero quizás, aprovechando que está dormitando en el sofá mientras le baja la fiebre puedo aprovechar y leer tranquilamente aquel libro que tenía aparcado tanto tiempo. O puede que sea momento para seguir viendo esa serie que tanto me gusta en Netflix.

Es importante encontrar la forma de despejar la cabeza y no regodearse en los malos sentimientos. Busca actividades que te ayuden a bajar el nivel de estrés y de malestar y que ayuden a desdramatizar la situación. No hay mal que por bien no venga.

 

Conocerme me ayuda a controlarla mejor

En mitad de la discusión siento que estoy empezando a acalorarme y buf…. que no me tire de la lengua porque diría muchas cosas que ahora mismo pienso en caliente. Me siento una criada. Pero, espera. Stop. Respira. Esta situación me está haciendo sentir como una criada, sin voz ni voto. Creo que quizás eso sea importante y lo deba decir con mis mejores palabras para que mi pareja comprenda por qué me siento así de mal.

Si estamos llegado a un punto feo en mitad de una conversación y podemos decir algo que lo empeore, quizás es momento para pedir una pausa y respirar. “Ahora mismo no puedo gestionar esta situación y cómo me siento. Necesito un momento”. Hablar de cómo nos sentimos nosotras, no focalizar la conversación sobre cómo nos ha hecho sentir la conducta de nuestra pareja ayuda a que no se ponga a la defensiva y que esté más receptivo cuando le digamos el verdadero motivo de nuestro malestar. Y cuando pidamos un cambio.

 

La regla del 5

Ufff…estoy cabreadísima. Tragar con esta situación que me parece tan injusta, que no era tan difícil haberlo hecho bien y que ahora me salpica. Tengo ganas de discutir todo el día por esto, a pesar de no poder cambiarlo. Pero espera, ¿es lo suficientemente importante como para tenerlo en la cabeza todo el día? ¿toda la semana?

Apliquemos la regla del 5. ¿Será importante dentro de 5 minutos? ¿Y de 5 horas? ¿De 5 días? ¿5 semanas? Cuando pase todo ese tiempo, ¿Sentiré que no tenía tanta importancia como para haber estado discutiendo por ello durante largas horas?

¿Merece la pena emplear mi energía en discutir? ¿O en trabajar por el cambio de lo que no me gusta (y puedo cambiar), asumir la situación y llevarla de la mejor forma posible?

 

En nuestro grupo Materia trabajamos el manejo de la rabia y otros temas que nos afectan como madrastras en grupo, atendiendo de forma personalizada cada situación. Toda la información sobre cómo funciona, cómo trabajamos y lo más importante, cómo acceder en http://sermadrastra.com/materia/