5 mitos de la madrastridad

Cuando iniciamos una relación nos sentimos eufóricas, felices, sentimos tanta emoción en el pecho que creemos que nos va a explotar y deseamos compartir la noticia con nuestros familiares y amigos. Nuestro círculo cercano se alegra por nosotras, hace preguntas, muestra curiosidad, hasta que sueltas la noticia. “Mi pareja tiene hijos de una relación anterior”. En ese momento la percepción de nuestros familiares y amigos cambia. Y como si supieran de primera mano de qué están hablando, se inicia un sinfín de comentarios, afirmaciones y sentencias sobre cómo será tu experiencia y tu relación de pareja. Al final terminamos con la cabeza llena de preocupaciones y mitos sobre la madrastridad. Y los vamos a desmontar uno a uno.

 

  • “Si tu pareja tiene hijos te conviertes directamente en madrastra”

Conceptualmente es cierto, pero emocionalmente no tiene por qué. Ser madrastra define la relación que tienes con los hijos de tu pareja, tus hijastros. Pero como toda relación emergente, necesita tiempo para gestarse, experiencias para nutrirse y respeto para cultivarse y que llegue a germinar en algo bonito y único. Y entonces te sientes orgullosa de decirle a todos “Soy madrastra”. Pero esto no siempre es así y mucho menos inmediato. Cada persona tiene sus ritmos, su personalidad y sus temores, que suelen ser los grilletes para el crecimiento de cualquier relación. Ser madrastra es una relación bidireccional que se puede dar o no. Y en caso de que no te sientas preparada o aceptada y decidas simplemente ser pareja de tu compañero/a de vida y mantener las formas y el respeto con sus hijos pero sin excederte, estará también bien. Una familia enlazada en el fondo es principalmente eso, flexibilidad para que todos encuentren su sitio.

 

  • “Sabes perfectamente dónde te metes cuando inicias una relación con una persona que tiene hijos”

O no. Las personas iniciamos relaciones amorosas con otras no por su contexto familiar, sino por nuestros propios sentimientos. A medida que esa relación se consolida y se forma, empezamos a conocer el resto de personas vinculadas a nuestra pareja. Padres, hermanos, primos, etc. Y siempre puedes encontrar sorpresas. Se puede dar el caso en el que has conocido a una persona genial que te hace sentir única. Y un día te comunica que uno de sus padres se encuentra en una situación de salud complicada y que él/ella es responsable de velar por su bienestar. Comparte esta noticia porque en caso de que vuestra relación adquiera un nuevo nivel de compromiso puede que esta situación atípica te salpique y es generoso darte espacio para valorar si quieres implicarte y cómo. Si por amor aceptas y con el tiempo te sientes frustrada y superada por las emociones que te genera compartir la carga de un familiar dependiente, ¿sentirías que es justo o cierto que alguien externo te dijera “No haber tenido una relación con alguien que tiene un familiar enfermo. Ya sabías dónde te metías antes de todo esto“? ¿Entonces cómo podemos pretender saber qué implica convivir con los hijos de tu pareja o su mochila emocional llena de vivencias complejas (divorcio, ex pareja, ex familia política, economía de familia enlazada, etc)?

 

  • Ser adulto implica no ser egoísta. Ni tener celos nunca

Hay muchas formas de ser egoísta. Objetivamente, una de ellas (la más nociva) es cuando simplemente velas por tu propio bienestar a costa del de los demás. Pero seguramente ese no sea tu caso, ni el de mucha gente. A ojos de los demás ser egoista puede ser que digas basta, que te tomes un tiempo para hacerte un café y un baño caliente y no lo quieras compartir con nadie más. Que saques tiempo para hacerte la manicura o para dar un paseo rejuvenecedor por un parque. Para nosotras eso es autocuidado. Y es de vital importancia. Cuando no nos sentimos cuidadas ni valoradas pueden aparecer los celos como respuesta natural a necesidades importantes que no están cubiertas. Los celos son sentimientos complicados pero a la vez normales, todos los hemos sentido alguna vez a lo largo de nuestra vida, no sólo durante la infancia. Ser adulto implica aprender a encontrar el equilibrio entre cuidar y cuidarte. Para que un poquito de egoísmo propio alivie el malestar y que los celos (si los hay) se mantengan a raya.

 

  • Ser Madrastra es algo así como ser La tía guay o una amiga de confianza

Ser madrastra es eso, ser madrastra. Es un rol propio con sus implicaciones emocionales y su forma de relacionarse con la familia enlazada. Comparar ser madrastra con ser tía es ignorar una serie de situaciones que sólo se dan cuando vives en primera persona la madrastridad. Una tía guay, pese a que mola mucho, no ha pasado por un acompañamiento durante un proceso de divorcio, ni ha podido experimentar el rechazo de sus hijastros, ni se ha sentido una extraña en su propia casa cuando siempre ha puesto la mejor de sus intenciones en todo lo que ha hecho, ni bajo la lupa indiscriminada de una ex. Una madrastra no se puede comparar a ser una tía. Y menos una amiga, que vive en el plano de lo externo. Que viene de visita una vez a las mil y que puede simplemente preguntar “Qué tal estáis” y mantenerse eternamente al margen si no quiere más implicación. Una madrastra se encuentra en esta situación incialmente por el amor que siente hacia su pareja y busca en ese amor las fuerzas para sobreponerse a los obstáculos que puedan aparecer en su familia enlazada. Esa posición desde el amor a tu pareja no es comparable con nada. Y eso es lo que hace particular el rol de una madrastra.

 

  • Una madrastra no debe tener autoridad

La autoridad de una madratra se forja desde el respeto propio y aceptándolo como premisa primordial para forjar las relaciones familiares. Se basa en enseñar a relacionarse contigo, con el entorno compartido. Implica conocerse. Ejercer la autoridad es saber poner límites. No todo está permitido y sin respeto no va a existir relación alguna. Eres más que una pared o una sirvienta. Eres una persona con valores y emociones que compartir y de la que nutrirse. Eres sencillamente tú.

¿Quieres un poco de
apoyo extra?

A través del coaching personal te ayudo a hacer las paces con tu madrastridad y a construir tu lugar en la familia.
Un lugar donde te sientas por fin en casa.