Boda a la vista

Los tiempos cambian así como las tradiciones y a pesar de que casarse puede que ya no sea una opción vital para muchas parejas, una boda siempre implica un momento especial y de alegría para los novios. Pero, como bien sabemos ya, no todo es tan sencillo cuando hablamos de una familia reconstituida.Y puede que un paso tan importante como casarse implique también cambios en todos los miembros, porque no es lo mismo ser la novia de papá/mamá que “mi madrastra” a ojos de un hijastro.

El día de vuestra boda

El detalle más importante que se debe recordar en el día de tu boda es justamente ese, “Es el día de TU boda” (y la de tu compañero/a, por supuesto). ¿Qué queremos decir con esto? Muy simple, que te cases tal y cómo vosotros queréis hacerlo al margen de lo que el resto de la gente diga. Es muy común madrastras que echan la vista atrás y que expresen arrepentimiento por no haber insistido en casarse de la forma en la que siempre habían soñado, ya sea de princesas por la iglesia como en una boda íntima y rockera en una capilla con Elvis. Y la decisión de no cumplir con sus expectativas fue bajo el falso error que modificándolas el resto de familiares, incluidos los hijastros, no se sentirían tan mal ante la ceremonia. Pues os confesamos un secreto, los sentimientos de terceras personas, incluídos el de los hijastros, con el tiempo se reubicarán y se suavizarán a pesar de que a priori se muestren totalmente en contra de participar en vuestra boda. Pero tus sentimientos de frustración por no haber celebrado un día tan señalado de la forma especial que habéis planeado no desaparecerá con el tiempo y puede tender a incrementarse. Prepara tu boda de la forma exacta en la que desees celebrarla y compártelo y negócialo con tu pareja, sin perder ni un sólo detalle.

Se acerca el día ¡Qué nervios!

A medida que la fecha se aproxime es completamente normal que las dudas te asalten sobre si los familiares que asistan sabrán estar a la altura de la ceremonia o si encontraréis comentarios desafortunados o malas caras de algún invitado. Si habéis llegado al punto de decidir casaros es posible que ya seas conocerdora de la realidad de tu familia reconstituida, tu pareja, sus hijos, los tuyos si los tienes, cómo se relacionan, la influencia de la/los ex, la familia política, etc. y sepas, más o menos, a qué atenerte ante una reunión familiar tan especial. Por lo tanto lo único que está en tu mano hacer es relajarte, dejarte llevar y confiar en el buen hacer de los invitados. Si algo desagradable sucede durante el transcurso de la boda que no has sido capaz de predecir o de anticipar, la forma en la que lo gestiones y tu actitud hacia la persona involucrada significará la diferencia entre un desastre absoluto o una anecdota agridulce que recordar con el paso de los años.

Hijastros si, hijastros no

Si nosotras no tenemos hijos y nuestra pareja si es sencillo pensar que tu pareja querrá que sus hijos estén presentes en el día de su boda, porque es un día tan especial para él/ella como lo es para ti. Una boda puede ser una bonita representación de la unión formal de una familia nueva con todos tus seres queridos cerca para presencialo. Pero la participación de tus hijastros o no en una fecha tan señalada es una decisión que ellos mismos deberán tomar si se encuentran en edad de hacerlo. Explicarles la decisión que habéis tomado como pareja, hacerle partícipe de vuestra alegría y hacer incapié en que no supondrá cambios en las rutinas familiares que ya tengáis establecidas (y si van a producirse, expresadlos con naturalidad y paciencia, con enfoque positivo). Dejad margen para que sea el propio niño el que tenga en su mano la posibilidad de formar parte del evento o no, sabiendo que para vosotros es importante que asista, le ayudará a no sentirse culpable ni dolido si a causa de un conflicto de lealtad con la otra parte decide no asistir a la boda o simplemente acudir al convite. Comprended que si decide unirse más tarde posiblemente lo haga con temor y culpa por haberos fallado a vosotros y vuestro recibimiento marcará la confianza para poder hablar con claridad de estos conflictos si en un futuro vuelven a producirse. Si el niño no tiene edad para decidir, podéis marcar la fecha de la boda en un momento en el que sepáis seguro que va a pasar tiempo con vosotros, para evitar sabotages o discusiones innecesarias.

Una anécdota personal

Mi padre contrajo nupcias con mi madrastra hace más de diez años en una boda íntima en los juzgados de mi ciudad natal. En aquel momento tanto mi hermana como yo estábamos en una situación extraña con mi padre y no sabíamos como relacionarnos con él y la nueva situación familiar. Además los conflictos de lealtad estaban muy latentes y nos costaba ser partícipes de los eventos familiares que los involucraban a ellos sin sentirnos horriblemente mal y angustiadas.Un día merendando en su casa me fijé en las fotos de la mesilla auxiliar del salón y vi la fotografía de ellos dos en las puertas del juzgado vestidos de traje. Reparé más en la mano de mi padre, sentado a mi lado leyendo y vi que llevaba una alianza. Por un momento pensé que sería algo simbólico, no podía creer que mi padre se hubiera casado de facto y que no hubiera sido capaz de decirnos nada a mi hermana y a mí para asistir a su boda. Le pedí que me dejara su alianza y él se negó en rotundo, supongo que porque sabía perfectamente que estaba buscando la prueba que necesitaba para montar una escena. Pero la monté igual. Se casaron el día del cumpleaños de mi hermana, sabiendo que nosotras no íbamos a estar presentes y con pocos testigos para que el evento pasara desapercibido. Me sentí horriblemente traicionada y totalmente rechazada por parte de él y de mi madrastra. En ese momento mi sentimiento era de que yo no tenía cabida allí.

Con el paso de los años mucho ha llovido y mucho hemos vivido más allá de aquella boda. Hemos llegado a encuentros y desencuentros, pero ahora nos hemos perdonado y podemos seguir adelante. Trabajando en este post necesité llamarle por teléfono y hacerle algunas preguntas. “Papá, ¿por qué no nos dijiste nada de que te casabas?” Su primera reacción fue la de pedirme disculpas repetidas veces por no habernos hecho partícipes de aquel evento y expresar cuánto se arrepentía de no habernos puesto flores en el pelo para que le llevásemos los anillos. “¿Tú crees de verdad que si yo te dijera que iba a casarme tu madre no hubiera puesto todos sus esfuerzos en haceros sentir mal por asistir y en sabotearme?” “Si, es verdad que mamá hubiera reaccionado. ¿Lo hiciste para proteger a mi madrastra de ese dolor?” “Lo hice para protegeros a todas y para que vosotras no os vierais en la tesitura de tener que elegir y haceros daño. Preferí ser yo el malo”. Y sin embargo, a pesar de que le entiendo, hubiera agradecido que en ese momento me hubiera dicho la verdad.