Cómo hablar con tus hijastras cuando son jóvenes adultas

Ha llegado ese momento en que ya no quieren una madre, desde luego no eres candidata a amiga, no quieren consejos y mucho menos juicios sobre lo que hacen o dejan de hacer.

El momento de educar ya ha pasado, incluso para sus padres.

¿Qué lugar queda para una madrastra?

Pues precisamente ese: el de madrastra.

A veces nos rompemos la cabeza tratando de pensar cómo encajar, como si no hubiera un lugar para nosotras, cuando en realidad, a poco que nos fijemos, ya lo estamos ocupando. Somos madrastras de esas jóvenes adultas.

¿Y qué significa eso?

Compartir casa

Como mínimo significa que compartimos una parte de nuestro tiempo con ellas (del tiempo que pasan en la esfera de su padre) y a menudo compartimos también nuestra casa con ellas.

En este aspecto tenemos la referencia de lo que sería tener compañeras de piso. No les echarías la bronca, no les dirías lo que tienen que hacer, pero sí usarías tu voz para expresar tus preferencias y negociar normas de convivencia. Cosas como:

“Tengo ganas de ver la televisión algún rato al día. Veo que a ti también te gusta. ¿Cómo nos organizamos?”

“Entiendo que quieres venir con tus amigos a casa. Al mismo tiempo me gusta saber cuándo voy a entrar y encontrarme gente que no conozco, por eso me gustaría que me avisaras por lo menos unas horas antes. ¿Nos montamos algún sistema para que me avises?”

Siempre animamos a las madrastras a hablar. Pero si tus hijastras son jóvenes adultas, todavía tienes más motivos para hacerlo, puesto que ya tienen capacidad para opinar y responder.

Abre el diálogo con ellas para expresar lo que quieres y negociar. Eso sí, si en algún momento hubo castigos y sermones en vuestra casa, asume que la utilidad que hayan podido tener ya ha caducado. Ahora más que nunca quieren ser tratadas de igual a igual.

Últimas tareas de cuidado

Durante un tiempo de impasse se sienten adultas para algunas cosas pero hay otras que todavía no asumen. Este es el campo de las tareas de cuidado como hacer las comidas, lavar ropa, limpieza y orden de la casa, transfers en coche, eeeeeeetc.

Es otro campo en el que podemos hablar. En la medida en que respetamos (realmente) su adultez en otros aspectos, podremos negociar más abiertamente las cuestiones domésticas.

Esperar que lo asuman todo es darnos de cabezazos contra la pared, pero sí hay varias opciones a contemplar.

La premisa más importante es: no hagas nada que no te sientas dispuesta a hacer, porque después todo el mundo lo va a pagar caro.

Define tus propios límites y, si es necesario, exprésalos abiertamente.

“Cocinar me parece bien pero solo entre semana, el fin de semana necesito tomarme un break. ¿Cómo podemos hacerlo?”

Cuando pongas tus límites deja que los demás actúen libremente. A lo mejor deciden comer precocinados todo el finde. Bueno, es su libertad. Esos triglicéridos que suman en sus arterias se restan después en el nivel de estrés familiar (que a veces es más insano que las grasas hidrogenadas).

Hay otras como…

“Hey, cuando haga lavadoras voy a coger la ropa que esté en el cubo. Si queréis que la lave, llevadla allí, porfa”.

Y si tu balance de tareas del hogar no incluye limpiar la habitación de tus hijastras o hacer su colada, eso es algo perfectamente lícito a negociar con tu pareja. Recuerda siempre que la responsabilidad última es suya.

Y después están los espacios comunes.

Siempre digo lo mismo: puesto que las ganas que tenemos son limitadas, prioriza los espacios que más te importe mantener con unos mínimos de limpieza y orden. Si solo tienes una hora para las tareas del hogar, inviértela en aquel espacio que vayas a disfrutar más. La prioridad es tu bienestar.

Más allá de eso podemos negociar igual que lo hacíamos en las otras normas de convivencia. Ahora, para definir normas de convivencia, es importante atender a las necesidades de todos, tomarlas realmente en cuenta.

A lo mejor a tu hijastra le mola maquearse y el baño queda tapizado a base de botes, pinturas, secador y bragas sucias cada vez que ella pasa por allí. Si tu objetivo es mantener el baño con unos mínimos y ella en el momento de salir no está para recoger… A lo mejor vale la pena poner un tocador en su habitación, para que el grueso de la actividad ocurra allí y poner un cubo para ropa en el baño. Seamos creativos con las estrategias para atender a lo de todos.

Cuando eres responsable de su seguridad

Una vez más, antes de asumir esa responsabilidad, asegúrate de estar dispuesta a ello en tu fuero interno.

Si lo estás, entonces necesitarás un mínimo de cooperación por parte de ellas.

Explícales lo que necesitas para estar mínimamente tranquila en cuanto a su seguridad. Eso incluye horarios, avisos, etc.

Cuando nos hacemos cargo de la seguridad de otra persona necesitamos una serie de requisitos, pero si las niñas (que ya no lo son) están rebotadas con ello por algún motivo, eso escapa a tu control. Si es así, el problema seguramente estará mucho más relacionado con la dinámica que tienen con sus padres, o con cómo hayan llevado la separación.

En un caso así, no te quedes en medio del fuego cruzado entre hijas y padres. Si no cumplen con los avisos, los horarios o los mínimos que necesites para tu tranquilidad y te encuentras cada fin de semana al borde de la taquicardia, acuérdate de cuidarte y devolver la responsabilidad a su padre.

 

Cuando tenemos personas a nuestro cargo es difícil reconocer su libertad y tratarlas de igual a igual. Sin embargo es la clave para una comunicación viable con tus hijastras adolescentes o jóvenes.

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