Cómo negociar pactos que se cumplan

El título de este artículo iba a ser “Cómo hacer que se cumplan los pactos”, pero si lo hubiera dejado tal cual estaríamos en lo de siempre: quién tiene autoridad, cómo lograr que te hagan caso sin castigar, etc. Y si quien no cumple el pacto es tu pareja… ¿entonces qué?

Por eso decidí darle la vuelta. No se trata encontrar la manera de hacer que se cumpla un pacto, sino de negociar pactos que se puedan cumplir.

No hay familia donde se negocie más y se trate de llegar a más pactos que en la familia reconstituida. Pactos con los niños, pactos con la ex, con los suegros y los ex suegros y sobretodo con tu pareja.

Todos son importantes, pero lo que nos tocan más profundamente son los que hacemos con nuestras parejas y nuestros hijos. En esos casos un incumplimiento puede suponer un verdadero golpe.

Por qué se incumple un pacto

A lo largo del día hacemos muchos pactos que en realidad no lo son.

“Niños, podéis jugar en la sala pero después hay que recoger, ¿ok?”

“A partir de ahora cuando tu ex te pida un cambio lo hablas conmigo antes de decirle que sí, ¿quedamos así?”

¿Qué tienen en común estos pactos? Pues que en realidad solo se pone el acento en lo que quiere una de las partes.

Es posible que en un primer momento nos digan que sí para conseguir algo o evitar el conflicto, pero cuando llegue el momento de la verdad la voluntad empezará a flaquear:

“Por qué dije que recogería si ahora ponen mi programa favorito en la tele y quiero verlo?”

“¿Por qué dije que consultaría la decisión con ella si sé que debo aceptar o me va a caer un marronazo encima?”

Tomemos este último caso. Nuestra pareja acepta el “pacto” con nosotras porque necesita paz y no quiere entrar en una discusión. Pero cuando llega el momento en que su ex le pide un cambio, esa misma necesidad de paz hace que lo acepte sin consultarnos.

La debilidad del pacto inicial es que no tuvo en cuenta la necesidad del otro.

Cómo debe ser un pacto para que se cumpla

Para que se pueda cumplir, el pacto debe tener en cuenta las necesidades de las dos partes.

Primero es importante que yo tenga en cuenta cual es mi necesidad de fondo. ¿Por qué quiero que mi pareja me consulte?

A lo mejor es porque necesito tener control sobre mi tiempo, o para poder organizarme, o porque necesito tiempo con él y quiero poder hacer planes o quizás porque necesito reconocimiento de mi implicación en casa.

No siempre es fácil saber por qué pedimos las cosas. Pero es una información esencial para negociar de forma efectiva.

Una vez que indagamos en nosotras mismas y descubrimos cual es nuestra necesidad, entonces es momento de indagar sobre la necesidad del otro. ¿Qué puede suponer para él hacer lo que le pido?

A lo mejor tiene miedo de que yo le diga que no acepto el cambio que propone su ex y tener que entrar en conflicto con ella porque en el fondo lo que necesita es paz. O quizás necesita asegurarse la cercanía de sus hijos y teme que un conflicto con la ex pueda ponerla en riesgo. Es importante hacer una hipótesis, pero al final hay que corroborarla con la otra persona. Preguntarle si esto que imaginamos es cierto, preguntar qué es importante para él.

Con esa información ya podemos negociar.

Si yo necesito tener control sobre mi tiempo, pero él necesita paz con su ex y eso pasa por ceder la mayor parte de las veces, a lo mejor él puede comprometerse a consultarme y yo  comprometerme a aceptar a no ser que haya algo de fuerza mayor, pero dejar claro que en caso de que haya cambios es posible que no esté disponible para estar con los niños. Si lo que necesito es tiempo de pareja, puedo poner la cláusula de que si el cambio interfiere con un plan que hemos hecho para estar juntos, entonces veremos todas las posibilidades antes de aceptar. Y así ir perfilando el pan.

Al final habremos llegado a un pacto que realmente tenga en cuenta las necesidades de ambos. Un verdadero Pacto.

¿Y si se incumple igualmente?

Cuando alguien incumple un pacto es porque se le ha cruzado por delante una necesidad que ese pacto no contemplaba.

Tendemos a tomarlo como una ofensa personal:

“No cumple el pacto porque no me respeta”.

Este pensamiento es inevitable. Pero ahora que hemos reflexionado sobre ello, podemos recordar que el otro no incumple “contra nosotras” sino “a favor de una necesidad importante para él”.

Así pues, pasado el primer fervor, es momento de reabrir las negociaciones y empezar a indagar obre esa necesidad que se interpone en nuestro pacto.

“Llegamos al acuerdo de que podíais jugar en la sala pero que al final recogeríais vuestros juguetes. Para mí el orden es importante pero veo que hay algo que os impide cumplir el acuerdo. ¿Es que queréis ver el programa que echan ahora? ¿Cómo podemos organizarlo la próxima vez para estar todos a gusto?”.

Negociar con la Comunicación No Violenta es más laborioso, pero me ha ahorrado muchas discusiones, gritos y resentimiento. Porque cuando sale bien logro un pacto que todas las partes están realmente dispuestas a cumplir, y cuando sale mal tengo herramientas para entender qué está pasando y solucionarlo.

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