Cómo practicar la crianza respetuosa siendo madrastra. Entrevista con Laura Perales

Hoy hablamos con Laura Perales, que además de madre es una reconocida psicóloga infantil y perinatal. Su perspectiva es muy interesante porque está centrada en la prevención de problemas, para lo cual practica y promueve la crianza respetuosa. Ha aparecido en varios medios de comunicación y sus círculos de familias se han extendido por todo el país.

En esta ocasión nos habla de lo que es la crianza respetuosa y cómo empezar a practicarla con nuestros hijastros, incluso si sus padres no lo hicieron antes.

P: Cuando hablamos de crianza respetuosa nos referimos a la lactancia materna a demanda, al colecho, al porteo… Formas de contacto que hacen los niños se sientan seguros y que derivan de la relación biológica padres-hijos. ¿Cuáles son los principios de la crianza respetuosa que podemos seguir cuando no existe ese vínculo biológico?

R: Todas estas cosas no son más que herramientas.

Lo que realmente significa crianza respetuosa es capacidad de contacto.

El porteo, el colecho, la lactancia materna, etc, son herramientas facilitadoras de ese contacto, pero si este no existe, las herramientas por sí solas no garantizan un apego seguro. Pero al ser facilitadoras, siempre que tengamos en cuenta que la capacidad básica de contacto debe existir, desde luego son muy recomendables.

El vínculo primario puede no darse o estar dañado incluso en maternidades biológicas. Pueden pasar muchas cosas, muy habituales que causen esto, como por ejemplo la violencia en los partos o las separaciones madre-bebé tras los mismos (muchas de estas cosas ni siquiera tienen que ver con las madres, que también son víctimas).

La crianza respetuosa no es un estilo de crianza, es criar de modo biológico, es decir atendiendo a las necesidades del bebé o niño.

Pero esto siempre puede trabajarse (con las herramientas adecuadas) y se puede compensar, cuanto más pequeño sea el niño, más fácilmente.

Por lo tanto no sólo es que sean aconsejables estas herramientas que mencionas, sino que lo son el doble. Eso si, teniendo de nuevo en cuenta que lo que importa es la capacidad de contacto y que existen intervenciones profesionales que ayudan a reparar, compensar o incluso crear el vínculo.

Sobre todo si hablamos de bebés o niños pequeños, yo recurriría sin duda a un profesional.

Ese vínculo puede llegar a existir, aunque también exista uno con su madre, y es esencial. Y los principios, cara a la crianza, son los mismos.

P: ¿Qué hizo que te inclinaras por este tipo de crianza?

R: Básicamente, es que esto no es un tipo de crianza. Es criar, de modo biológico (me refiero a las necesidades del bebé/niño), saludable. Aunque sea imposible llegar a hacerlo del todo como nos gustaría por los impedimentos sociales.

Lo otro es una moda, ni siquiera son tipos de crianza, son maneras de escapar de la misma o adaptaciones a lo social, muchas veces por falta de información, presión social, etc.

Con esto no estoy criticando a nadie, por supuesto que cada cual elija cómo desea hacer las cosas, o a veces que simplemente haga lo que pueda porque tampoco es que nos dejen mucho margen…pero la realidad de lo que el niño necesita es esta. Eso es innegable.

P: ¿Consideras que este estilo de crianza puede facilitar más que otros el establecimiento de una relación de confianza con los niños?

R: Por supuesto. Si no hay un vínculo seguro, si no hay unas figuras de referencia y protección, si en vez de eso mis padres me inspiran temor o indiferencia, no cabe la confianza.

P: Otro concepto muy interesante que planteas es el de la autorregulación. Muchas madrastras llegamos a la vida de niños a los que no se les ha permitido autorregularse. Se les ha obligado a comer una determinada cantidad, a hacer caca, a abrigarse o desabrigarse, a dormir… y ya hay una tensión instalada entorno a estos temas, o los niños simplemente se han desconectado de sus necesidades. Nosotras, además, cuando nos quedamos a cargo de ellos sentimos que debemos “cumplir” con los estándares (cantidad de comida, caca una vez al día, etc.) y la tendencia es seguir aplicando las mismas tácticas que los padres -con enormes dificultades, claro. Si queremos reconducir la crianza hacia la autorregulación, o por lo menos respetarla cuando somos nosotras quienes estamos con los niños, ¿cuáles son los primeros pasos que aconsejarías dar y qué podemos esperar que ocurra al principio?

R: Ahí es donde entra la compensación.

Para el niño es de gran valor encontrar una figura que por fin le vea, que entienda sus necesidades, sus ritmos, que confíe en sus capacidades naturales.

Hay casos en los que hay que recurrir a un profesional para reparar cosas que hayan podido quedar ahí de pasado. Pero, sobre todo, confiar en que poco a poco el niño, a no ser que la causa siga presente, va a ir abriéndose.

A veces esto significa que va a descargar rabia o llanto, precisamente porque hay un vínculo con la madrastra que no ha vivido anteriormente. Acompañarle, permitirle esa descarga, no cuestionarle, entenderle y seguir confiando.

P: Siguiendo un poco con la pregunta anterior… A menudo es difícil para una madrastra ponerse de acuerdo con su pareja en cuanto al estilo de crianza. Y ya no hablemos de la posibilidad de que se pongan de cuerdo las dos casas. La pregunta es: ¿Cuál suele ser la respuesta de un niño que no está acostumbrado al trato respetuoso cuando le pedimos algo sin amenazas o cuando tratamos de acompañar su llanto sin acallarlo? ¿Tiene sentido hacerlo cuando el resto del entorno camina en otra dirección?

Lo primero tendría que ser intentar que los adultos nos comportemos como tales y hablar todos los implicados en el cuidado del niño, distinguiendo entre lo que son las necesidades psicobiológicas del niño de las meras opiniones o consejos populares sobre crianza.

Si eso no es productivo, centrarse en ofrecérselo al niño, para que al menos encuentre lo que necesita en un lugar, para que pueda descargar, compensar, hasta donde lleguemos.

Si la causa de su malestar sigue presente, la cosa se complica bastante, pero lo sigue necesitando.

Puede responder con rabia, sin escuchar, pero debemos quitarnos de la cabeza que el niño nos reta o nos desobedece, no cabe la obediencia en una relación vincular, sino la protección y el ejemplo.

Si entendemos que eso que hace es lo mismo que está aprendiendo en otros entornos, con más motivo veremos que debemos seguir la linea respetuosa.

P: Las madrastras, especialmente al principio, nos sentimos muy inseguras en casa. Por eso es fácil que las muestras de rechazo por parte de los niños (que nos ignoren, nos excluyan, nos eviten o nos falten al respeto) nos afecten profundamente. ¿Cómo mantener el contacto respetuoso con el niño cuando tú eres el blanco de sus explosiones y está en juego tu necesidad de sentirte aceptada?

R: No tomándoselo como algo personal, ya que esa tensión acumulada viene de otro lugar, y entendiendo que precisamente esa explosión se da porque hay un vínculo.

Cuando yo me enfado no lo descargo con cualquiera, lo hago con mi pareja, o con quien tengo una relación sólida. Un niño nunca descargaría con alguien que le inspira temor.

P: ¿El enfoque de la crianza respetuosa contempla que los adultos expresemos nuestros sentimientos y necesidades a los niños? ¿Qué pasa cuando nos mostramos vulnerables ante ellos?

R: Depende de qué.

Si estamos tristes, es bueno que el niño nos vea llorar sin escondernos, para no interiorizar que la tristeza es algo malo.

Que les llegue el mensaje de que si alguien necesita llorar, puede hacerlo sin taparlo, para sentirse mejor.

Otra cosa es que descarguemos nuestra rabia contra ellos, o que les hagamos sentirse culpables por cómo nos sentimos nosotros. Ahí ya estaríamos hablando de algo tóxico.

P: Sé por experiencia que una forma de no tomarnos los comportamientos hostiles de los niños como ataques personales y poder acompañarlos mejor es entender qué les está pasando. ¿Cuales son los efectos más habituales de la tensión familiar y la separación en los niños? ¿Y los de que sus padres tengan una nueva pareja?

R: Que se rompa el ecosistema familiar es algo que afecta a los niños. Afecta a su estabilidad, les crea tensión, culpa, puede afectar a lo que hagan en la escuela… Pero muchas veces, esto es lo menos malo que puede pasar, cuando hablamos de relaciones insostenibles o tóxicas.

Es preferible que el niño viva esta ruptura a que viva inmerso en tensión constante.

Pero a los adultos nos cuesta mucho entender que aunque dejamos de ser pareja, seguimos siendo padres, o que la nueva pareja de nuestro ex es otra figura importante para nuestro hijo.

Los efectos de las separaciones o las nuevas parejas dependen más de la actitud de los adultos implicados que de la separación en si.

Lo ideal sería pensar todos en el bienestar del niño, compartir cumpleaños, eventos especiales, comunicarnos, que el niño viva nuestros encuentros con normalidad…

P: A las madrastras nos falta mucha información: no conocemos toda la historia del niño, no tenemos una comunicación tan directa con ellos como los padres y a menudo no sabemos exactamente qué está pasando en la otra casa. ¿Puedes darnos algunas pautas sobre cómo aproximarnos a un niño que da muestras de sufrimiento (explosiones emocionales, hostilidad, autorreclusión en su habitación, inseguridad, etc.) cuando no sabemos qué está pasando?

R: Con los niños a veces tenemos que trabajar con mediadores como el dibujo o el juego con muñecos para enterarnos de cosas que están ocurriendo y facilitarles la comunicación, porque les cuesta contárnoslo directamente.

P: Antes de terminar me gustaría tocar el tema de la autoridad, ya que muchas nos hemos encontrado en la difícil situación de tener que cuidar de niños que aún no confían en nosotras y no reconocen nuestra autoridad. Me gustaría que nos contaras algunos aspectos importantes a la hora de forjar una relación con los niños que les lleve confiar en nuestro criterio y dejarse guiar por nosotras.

R: La autoridad y las relaciones de poder no son un modelo a seguir. No es lo mismo eso que la relación vincular y la protección.

No se trata de que reconozcan como autoridad, sino de que mediante el ejemplo y el vínculo se cree una relación de admiración y confianza mutua.

Si te refieres a autoridad como persona de referencia, si, nunca como persona que me dice lo que debo hacer.

Cuidar y decir no a cosas que ponen en peligro o no son saludables, es muy distinto a jerarquizar. Es un trabajo duro, porque el niño ya puede venir dañado y con una base de desconfianza, pero es posible.

Muchas gracias, Laura, por todas estas ideas que nos dan referentes para avanzar en la complicada tarea de la parentalidad en las familias reconstituidas.

Si te ha interesado esta entrevista, puedes seguir el trabajo de Laura Perales en http://www.crianzaautorregulada.com. O leer nuestros posts de crianza respetuosa para madrastras.