Cuidarme es cuidarles

Convertirnos en madrastras conlleva una serie de ideas preconcebidas. Cuidar de nuestra pareja y profesarle nuestro amor implica cuidar cuidar también de sus hijos. Puesto así puede quedar un poco antiguo, pero ¿cuántas madrastras han pensado que teniendo un gesto amable con los hijastros su pareja lo vería como un gesto de amor hacia el/ella?

Si, iniciarnos en la madrastridad conlleva un montón de buenas intenciones que después, cuando queremos ponerlas en práctica se cumplen o no. Descubrimos que las buenas intenciones no lo son todo, porque no todo se encuentra en nuestra mano. No tenemos la capacidad mágica de hacer que nuestros hijastros nos acepten si no están abiertos a ello o de que nuestra pareja entienda que la madrastridad es también un esfuerzo y queremos un poco de mérito por ello.

Cuando al cabo del tiempo nos damos cuenta de que a pesar de entrar con la mejor de las sonrisas, dispuestas a demostrar que somos mejor de lo que Disney nos pinta y descubrimos que parece que a ojos de los demás nunca es suficiente lo que hacemos, nuestra autoestima empieza a minarse. Nos replanteamos qué estamos haciendo mal, si realmente somos lo bastante buenas para ejercer de madrastras, o lo bastante buenas para ser compañeras de vida. ¿Somos buenas siquiera?

Empiezan a aflorar un montón de inseguridades, dudas, celos y resentimiento. Entonces es momento de decir ¡STOP!

La madrastridad es un camino lleno de altibajos. Hay momentos en los que la vida familiar funciona como la seda y aparecen puntos de encuentro con los hijastros, abiertos a compartir experiencias contigo y de pronto, por un motivo ajeno a nosotras, esa puerta se cierra y se vuelve el amiente tenso o incluso hostil. A veces la hostilidad pasivo-agresiva es la norma y a veces lo que domina es la paz con algun toque disruptivo. También llegamos con los brazos abiertos para que la ex quiera conocernos y no nos vea como La Usurpadora, con ganas de crear una relación de comunicación cordial para que el ajuste sea mejor para todos. Y a veces funciona, pero otras muchas lo que obtenemos es rechazo y menosprecio por parte de una mujer que está gestionando su propio duelo y sus sentimientos complicados.

Nos enseñan a ser amables, a ser agradables y a ser simpáticas. Pero la madrastridad tiene una lección muy importante que ofrecernos a todas. No tenemos por qué gustar a todos y eso no supone el fin del mundo. Podemos no llevarnos bien con alguien y seguir siendo educadas con esa persona. Podemos aceptar que alguien no nos soporta y que eso no va a poner en tela de juicio nuestro valor personal. No todo lo que tenemos que ofrecer va a ser de ayuda a todo el mundo. Y siempre habrá gente que no quiera nada de nosotras. Y viceversa, ¿verdad? Rompamos ya el mito de que si lo elegimos tenemos que tragar con carros y carretas. Nosotras elegimos a nuestra pareja y no por eso vamos a aguantar cualquier cosa que tenga que decir/hacer si nos resulta hiriente. Y mucho menos eso implica que tengamos que aceptar cualquier comportamiento de nuestros hijastros por el mero hecho de que vengan en pack y lo supiéramos de antemano. La familia política también viene adjunta a una persona cuando iniciamos una relación y socialmente está más aceptado que expresemos abiertamente nuestro desagrado hacia ellos. ¡Y no nos hace peor personas hacelo!

Mi hijastro cuando tenía 4 años toleraba muy mal los límites y en una rabieta empezó a chillar que quería irse con su madre y que lo llevásemos con ella. Yo estaba gestionando todo ese numerito y al final pensé: no lo soporto más.

“Mira, ¿sabes qué? Estoy hasta el gorro de esto y yo también quiero irme con mi madre.”

El niño dejó de llorar y me miró con los ojos como platos. Yo TAMBIÉN tenía una madre que me cuidaba.

“¿Quieres ir con tu mamá?” “Si, yo también me quiero ir con mi mamá porque estoy cansada de discutir contigo por todo.”

Se quedó un rato en silencio y me dijo: “¿Puedo llamar a tu mamá?” Le marqué el número de mi madre y se desahogó con ella por lo terribles que habíamos sido con él por decirle que a las 12 era demasiado tarde para estar despierto. Así nació la relación nietastro-abuelastra. Pero lo principal de esta anécdota es que así aprendió que yo también soy hija de una madre que me quiere y me cuida. Y también tengo derecho a decir basta para cuidarme.

Así que, tomad un break, compartir con el grupo de amigas, despotricad de las injusticias, pero sobretodo, decid basta a las conductas abusivas vengan de quien vengan. Porque cuidarnos es cuidarles. Y nunca seremos malas personas por hacerlo, solo humanas.

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