El hombre bisagra

En las familias reconstituidas no sólo las madrastras se encuentran bailando entre dos aguas (cuando tu pareja discute con sus hijos y no sabes dónde meterte, cuándo se desata el caos por un asunto relacionado con la ex y no sabes muy bien qué decir por temor a que se malinterprete,etc.), tu pareja e incluso los hijastrxs se ven en ocasiones en mitad de una situación sin resolver en la que no hay ganancia aparente. Pero en esta ocasión vamos a enfocarnos en la posición de nuestras parejas.

El síndrome del hombre bisagra

¿Alguna vez en vuestra más tierna adolescencia os habéis encontrado en la tesitura de tener que elegir entre satisfacer a tus padres o perseguir tus sueños y deseos? ¿Verdad que resultó una situación complicada de afrontar porque en los dos casos suponía una pequeña pérdida para alguna de las partes implicadas?

Traslademos esos sentimientos a la familia reconstituida. Tal y como hemos visto en posts anteriores, una de las circunstancias más complejas de la formación de la familia es que se da la situación de que dos nucleos totalmente desconocidos coexisten bajo un mismo techo: el núcleo padre-hijo y el núcleo pareja. ¿Cuál es el punto en común y nexo de unión de estos dos núcleos? El padre/pareja. A medida que todas las partes se acoplan al nuevo funcionamiento familiar y se inician las aproximaciones para conocer las inquietudes y necesidades de todos los miembros pueden aparecer las primeras fricciones como consecuencia de la falta de punto intermedio y de entendimiento.

Cuando estas fricciones entre núcleos aparecen el nexo de unión se tensa, llegando a hacer sobre-esfuerzos para que todas las partes encajen y funcionen a la perfección. Y aparecce el síndrome del hombre bisagra.

¿Qué problemas presenta?

Una de las características más destacables es la falta de objetividad. Cuando nos esforzmos mucho por intentar que todo salga a la perfección sin ser realmente conscientes de lo que las personas implicadas necesitan y sienten caemos en la trampa de poner todas nuestras energías en un proceso ya de por sí fallido y corremos el riesgo de caer en la frustración e incluso culpar al exterior de nuestro fracaso. Pongamos un ejemplo. En un momento determinado Pedro quiere compartir un ritual familiar establecido con su hijo Luis y su pareja Elena. Ella nunca ha ido de visita al zoo ni sabe muy bien en qué consiste esta rutina de domingo que tienen los chicos, pero acepta con la expectativa de mejorar la relación con Luis y que Pedro aprecie su esfuerzo. Pedro está encantado con la situación de tener a las dos personas que más quiere junto a él en este ritual que sabe que es tan importante para ellos. A medida que se va desarrollando el día Pedro intenta que Luis le explique a Elena dónde les gusta sentarse a comer y qué animal es su preferido, pero Luis no está convencido y responde con largos silencios sin despegarse de él. Por otro lado percibe que Elena no se siente del todo cómoda y camina por detrás de ellos manteniendo cierta distancia. Cuando le ha preguntado qué le sucede le responde con evasivas. Llegados a cierto punto Pedro se siente desorientado. Cuando le dedica tiempo a Luís este está contento y se mantiene alegre, pero Elena sigue fría. Al dedicarle atención a Elena, Luís responde con groserías e intenta llamar su atención sin dejarles tiempo a solas para conversar. ¿En qué ha fallado Pedro al plantear esta excursión que en inicio parecía que a todos les iba a gustar?

Focalizar los esfuerzos

Usando como referencia el ejemplo anterior las intenciones de Pedro eran buenas y totalmente loables, pero a medida que iba avanzando el día sentía que había fracasado en sus intentos por hacer funcionar los dos núcleos de su vida y no sabía identificar el error. Sin embargo esto podría haberse evitado si Pedro hubiese sido consciente de que las necesidades de Luís y de Elena eran distintas y sus ideas de paseo en familia también. La anticipación y la curiosidad por conocer las expectativas de todos hubiesen sido de ayuda para saber qué esperar de todos los implicados y hacerse una mejor idea de cómo podía desarrollarse la escapada de domingo sin tantas sorpresas y por supuesto, sin frustración.

¿Qué podemos hacer para ayudar a los “Hombres Bisagra”?

Hemos utilizado un ejemplo común en el que la madrastra se encuentra implicada, pero las opciones en las que nuestra pareja puede estar haciendo un enorme esfuerzo por contentar a varias partes son muy variadas y nuestra posición externa puede ayudarnos a tener una mejor visión de qué hacer.

Si el sobre-esfuerzo es contigo. Sé sincera, expresa tus necesidades sin temor y comprende el estrés y la frustración que supone estar en la posición de querer que todo funcione y ver que no se puede. Ayuda a liberar la carga de la culpabilidad con asertividad y empatía y mantén la vía de la comunicación siempre abierta. “Sé que estás haciendo lo mejor posible para todos, pero me siento así y creo que si hiciésemos esto me sentiría mucho mejor y me ayudarías a….”

Si el sobre-esfuerzo es con los hijastros. No intervengas en los conflictos pero aprovecha los espacios de intimidad para posicionarte de su lado. Un simple “estoy de acuerdo contigo, sigue así” puede suponer la diferencia emocional que necesita. Y en las situaciones de desacuerdo, sé paciente y explica  en qué no estás conforme y cuál sería tu punto de vista para resolver la situación.

Como en el caso de las madrastras, la culpabilidad es su peor enemigo. Ayudarles a procesar sus sentimientos para que ellos mismos sean conscientes de que no pueden satisfacer a todas las partes a la vez y que ello no implica su fracaso como padres o como pareja es esencial para suavizar las fricciones familiares. Hablar sobre sus expectativas y sus temores también ayudará a la creación de vuestro punto intermedio familiar. Y por supuesto todo esto es aplicable a las “Mujeres Bisagra” que también existen.