Hijastras adolescentes: Cuando quieren ser dueñas de su agenda

Cuando las criaturas son pequeñas movemos mares y montañas para llegar a acuerdos sobre la custodia, para asegurarnos de que puedan estar en casa y mantener la relación con su padre y sus hermanas o hermanos en caso de tenerlos. Para poder seguir estando cerca.

Hay procesos judiciales por la custodia que se vuelven infernales, se prolongan durante años, se vuelven agresivos.

Y llega un día en que esas criaturas, ya crecidas, deciden empezar a pasarse el sacrosanto convenio por el forro.

Las reglas del juego vuelven a cambiar. Y aunque a veces, insistiendo, se puede prolongar el statu quo un poquito más, es hora de prepararnos para una nueva etapa.

 

Anticipando…

Muchos padres reciben con temor la llegada de la adolescencia. Más allá de las características de la adolescencia en sí (enlace post aina), está el hecho de que en algún momento las niñas querrán empezar a elegir por sí mismas cómo gestionar su vida entre dos casas.

Y es natural que así sea.

Puesto que la tendencia en nuestra cultura es que la madre sea la figura de referencia, incluso aunque tengan una buena relación con su padre y lleven años de custodia compartida, los padres temen (no sin motivo) que sus hijas decidan empezar a pasar más tiempo en su otra casa y que la relación con ellas se deteriore.

Ese temor condiciona la relación con las niñas.

Cuando tememos por una relación que nos importa, a menudo nuestra primera reacción es ponerle muchas menos condiciones. Y sabemos que a veces ese es precisamente el problema, pero aún así, es una reacción casi instintiva.

Eso les ocurre a muchos padres: a medida que intuyen la llegada de este momento empiezan a evitar poner límites para que no haya conflicto y que su casa sea un lugar amable para las peques.

Este es el horror de las madrastras (además de una dificultad para la propia relación entre padres e hijas o hijos).

En general, mantener unas normas claras y respetuosas en casa, en las que las peques tengan cada vez más que decir a medida que crecen, es la mejor manera de ofrecerles un hogar amable y seguro en el que estar.

También es importante que vayamos cambiando nuestra forma de ejercer la autoridad. La adolescencia ya no es momento de educar, es momento de empezar a reconocer cada vez más la autonomía de esas jóvenes adultas, pactar con ellas las normas de convivencia y estar ahí para cuando nos necesiten.

Y en cuanto a la relación de pareja, es importante que nos cuidemos de usar nuestra voz para decir lo que queremos y lo que no. Al mismo tiempo, nos toca ser pacientes con nuestras parejas, que están pasando por un momento complejo de su paternidad.

 

El momento ha llegado

Y efectivamente el momento llega.

Cuando las adolescentes empiezan a expresar su deseo de gestionar su tiempo a su manera, es importante que les demos flexibilidad. Si deciden estar más en la otra casa (y en la otra casa están de acuerdo) tratar de retenerlas puede volverse en nuestra contra, estimulando su rebeldía. Apelar a  la mala conciencia o la culpabilidad tendrá el mismo efecto.

Lo que podemos hacer es negociar desde el propio deseo: “Entiendo que quieres estar más en la otra casa, al mismo tiempo quiero asegurarme de pasar tiempo contigo. ¿Cómo podemos hacer?”

Ofrecer respeto y libertad es la mejor garantía de que la relación se prolongue en el tiempo.

 

¿Y si quieren pasar más tiempo en nuestra casa o ir y venir más libremente?

Como madrastras sabemos que no podemos negarnos, y sin embargo, dependiendo de cómo sea la relación, podemos recibir esta noticia con algo de angustia (por decirlo suavemente).

Es el momento de cambiar la dinámica de nuestra relación. Si esa persona ya toma sus decisiones, entonces podemos hablar francamente con ella y pactar cómos será esa convivencia.

Horarios, distribución de las tareas en casa, áreas restringidas (por ejemplo la habitación de cada uno), visitas de amigas y amigos, avisar antes de venir…

Todo aquello que nos afecta directamente podemos hablarlo, idealmente entre todos, pero si eso no ocurre, podemos dirigirnos directamente a nuestras hijastras.

De la misma forma, es importante que decidamos de qué cosas nos vamos a ocupar y qué responsabilidades no vamos a asumir. Y hacerlo con fidelidad a nuestro sentir. Asumir más de lo que queremos/podemos solo trae resentimiento.

Las madrastras tenemos más facilidad para tratar a las adolescentes como personas cada vez más autónomas. Es algo que a padres y madres suele costarles más.

 

No nos olvidemos de disfrutar

Es cierto que la adolescencia trae cambios a los cuales es difícil adaptarse. Por otro lado, las peques asumen un grado de autonomía mucho mayor y es importante que vivamos también la parte más relajada de esta etapa, ya que como adultas también podemos empezar reducir la carga de la crianza.

En vez de tratar de retrasar este momento todo lo posible, vale la pena abrazarlo tal como viene. Definiendo juntos la nueva convivencia y disfrutando cada uno de una mayor libertad.

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