Las 5 diferencias de una familia enlazada

Seguro que te suena la cantidad de veces que hemos hablado de las peculiaridades que existen en una familia enlazada. De las diferencias palpables entre ser madrastra y ser madre. Pero todavía es frecuente que nos esciban lectores/as y nos digan que no encuentran grandes diferencias entre algunas de las problemáticas que tratamos en el blog sobre las familias enlazadas y las familias nucleares.

Las dinámicas familiares (al igual que las dinámicas interpersonales) tienen todas similitudes entre sí. No importa que provengas de una familia numerosa o si eres hijo único, familia monoparental, homoparental o enlazada, siempre encontraremos puntos de encuentro y de desencuentro entre ellas. Pero hoy vamos a recarcar las 5 diferencias clave entre las familias enlazadas y las nucleares. ¡Vamos allá!

  1. La familia enlazada se inicia tras grandes pérdidas

Pérdida de un progenitor (tras una separación o muerte del mismo), pérdida de la calidad de vida previa, del estatus, del nivel económico, etc. Un divorcio, separación, ruptura, conlleva pérdidas. Las más significativas son siempre a nivel personal. Dejar de convivir de forma regular con un progenitor en alguno de los casos, cambios en las rutinas familiares porque ahora se han establecido dos núcleos, división hasta la saciedad y de forma estricta del tiempo invertido en cada núcleo familiar, etc. También existen pérdidas materiales con gran poder emocional como puede ser dejar la vivienda familiar a causa de una venta, de un cambio de domicilio, cambio de colegio, de barrio. Grandes cambios en poco tiempo ahondan en nuestro sentimiento de pérdida y a todos nos lleva tiempo adaptarnos a las nuevas circunstancias, hasta que podamos empezar a considerarlas como una ganancia.

2. La familia se forma con dinámicas dispares

Utilicemos un ejemplo para escenificar este punto. Progenitor divorciado con tres hijos conoce al amor de su vida tras un turbulento divorcio. ¡Saltan chispas! La nueva pareja decide invertir todo el tiempo posible en estar juntos y formar una nueva familia. Pero la realidad de ambos no es la misma. Para uno de ellos supone crear algo a partir de una familia existiente: Sus tres hijos. Para el otro supone empezar de cero en esto de la vida familiar. Las dinámicas de ambos nunca van a ser las mismas porque las etapas que cada uno han quemado por separado son diferentes y llevan otro ritmo vital. Para que funcione realmente es muy importante hablar de ello con naturalidad, expresar inquietudes y expectativas y poner el bienestar de la pareja en el top de necesidades de ambos.

3. Todos tenemos expectativas previas

Por supuesto es normal tener ideas preconcebidas sobre cómo será tu relación de pareja, la familia que formaréis y la vida en general. Pero las expectativas sobre los demás son un arma de doble filo y por mucho que deseemos que la vida sea de una forma, no siempre se cumple. Más complicado todavía cuando eso conlleva a varias personas. Todos tenemos expectativas sobre cómo serán las cosas. Para aquellas personas que parten de una base con la que comparar, puede que sus expectativas sean todavía más altas. Para los hijos que han vivido en una familia nuclear previa, sus expectativas pueden girar en torno a preservar los vínculos y las dinámicas de la familia previa. Para un progenitor que ha tenido un matrimonio finalizado en divorcio tormentoso, sus expectativas pueden involucrar no tener discusiones de pareja para que no regresen sus fantasmas de ruptura. Para una recién llegada a la vida familiar, la expectativa puede implicar vivir una luna de miel antes de que todo se complique con los hijos y las facturas y la realidad cotidiana. Todos tenemos expectativas antes de iniciar la familia enlazada, la forma en la que las gestionemos marcará la diferencia.

4. La relación paterno/materno-filial abarca más de lo esperado

Este punto está íntimamente ligado con los dos anteriores. Dentro de las expectativas más comunes cuando nuestra pareja tiene hijos de una relación previa es desear tener la misma intimidad en tiempo y calidad que cualquier otra pareja sin hijos. Los inicios son siempre idílicos, es cuando más cerca queremos estar del otro y deseamos que esa burbuja nunca explote. Pero el golpe de realidad en la familia enlazada llega mucho antes por la existencia de los hijos/hijastros, cuya rutina y dinámicas no van a la par que las de nuestra relación de pareja. Aprender a equilibrar es clave. Sin embargo, es bastante habitual que una de las mayores sorpresas no es que la luna de miel sea corta, sino que en el día a día hay poco o nulo espacio para nutrir la relación de pareja porque la relación paterno-filial lo abarca todo. Un plus cuando los hijos son de corta edad y necesitan más cuidados. En este punto es donde mayor resentimiento y celos pueden surgir si sentimos que no encontramos la forma de hablar de ello sin que suponga una pelea monumental o cuando nos invade un sentimiento de injusticia si no conseguimos encajar entre los afectos familiares.

5. La existencia de otro progenitor y otro núcleo familiar

Los niños mantienen, por regla general, un vínculo muy potente con ambos progenitores, incluso en el caso del fallecimiento de uno de ellos. Los adultos son los que mayores dificultades tienen para admitir que se añaden nuevas figuras de apego que suponen otros vínculos emocionales poderosos con sus hijos. Por desgracia esta es una de las piedras angulares de las familias enlazadas, que no permiten a los niños vincularse a nuevas figuras de apego que compartan la parentalidad (que no la paternalidad) y por lo tanto dificulten la rotación entre casas. Por desgracia y a día de hoy, como sociedad nos sigue costando aceptar que existen divorcios no conflictivos, que no necesariamente alguien tiene la culpa de lo que nos sucede en la vida y que no existe una competición por el amor de los hijos, sino cooperación para que puedan expresarlo libremente. Aplaudimos cuando conocemos una pareja que se ha divorciado en buenos términos y sus hijos son felices. «Eso es lo que todos debemos hacer», pensamos. Nos enorgullece que nuestros pequeños quieran con devoción a sus nuevas maestras en el cole y sean afectuosos con todo el mundo. Pero cuando es nuestra relación la que se rompe, ¿somos igual de generosos?

Cada día aprendemos algo nuevo

Apúntate y recibe por mail nuestras experiencias más personales. Compartimos los aprendizajes que hacemos día a día asegurándonos de que tengas cada vez más recursos para disfrutrar la vida siendo madrastra.

Deja tu comentario

Tu correo electónico no será publicado. Los campos obligatorios estan marcados con un *



Descubre las bases para crear una relación sana con tus hijastr@s y construir tu lugar en casa sin perderte a ti misma por el camino. Basado en nuestra experiencia. Sin cuentos.

Consigue los contenidos que nunca llegan al blog público y... ¡descuentos exclusivos para suscriptoras!

Responsable: Afín - Asociación Española de Familias Enlazadas. Finalidad: Envío de nuestras publicaciones y correos comerciales. Legitimación: Tu consentimiento. Destinatarios: Tus datos están alojados en nuestra plataforma de email marketing Active Campaign, ubicada en EEUU y acogida al Privacy Shield. Podrás ejercer Tus Derechos de Acceso, Rectificación, Limitación o Suprimir tus datos en hola@afinfamilia.com. Para más información, consulta nuestra política de privacidad.
Responsable: Afín - Asociación Española de Familias Enlazadas. Finalidad: Envío de nuestras publicaciones y correos comerciales. Legitimación: Tu consentimiento. Destinatarios: Tus datos están alojados en nuestra plataforma de email marketing Active Campaign, ubicada en EEUU y acogida al Privacy Shield. Podrás ejercer Tus Derechos de Acceso, Rectificación, Limitación o Suprimir tus datos en hola@afinfamilia.com. Para más información, consulta nuestra política de privacidad.