Las muestras de afecto

Uno de los mayores problemas que encontramos al iniciar nuestra relación en familia es que de pronto la forma en la que nos relacionamos con nuestra pareja da un giro radical.

De pronto tu pareja no sólo es tu amante y compañero sentimental, sino que además empezamos a ver como se desarrolla en otra parcela como es la maternidad/paternidad y las rutinas dentro de la familia. Las preocupaciones dejan de ser de dos para involucrar otras responsabilidades y puede que sintamos que todo el romance y la fogosidad va cayendo en picado.

Si para muchas madrastras ser una misma es una tarea titánica en convivencia con los hijastros, ¿cómo no lo va a ser mostrar abiertamente afecto con tu pareja delante de sus hijos?

PASO A PASO

Al igual que conocerse y crear confianza entre todos es un proceso lento que requiere tiempo y constancia, también lo es cuidar la pareja dentro de la familia reconsittuida. La diferencia con la familia nuclear es que vuestra relación de pareja se está formando a la vez que ya existen los hijos (tuyos, suyos…) y son dos parcelas que se deben alimentar a la vez y por separado. ¿Cómo lo hacemos?

La pareja es el motivo por el cuál estáis aquí, si nos sentimos presionados, cargados o infelices, todo deja de tener sentido.

  • Puede que todavía estéis en proceso de crear vuestro punto medio y vuestro proceder como equipo dentro de la unidad familiar. No os agobiéis. Recordad que las pequeñas muestras de afecto son muy importantes en este proceso y a veces una mirada o una mano sobre la espalda o pierna ayudan a recargar pilas y superar las adversidades. Siempre cómplices. Tu pareja está atendiendo a su hija con los deberes y te acercas a recoger algo de la mesa. Colocas la mano sobre la espalda de tu compañero/a como muestra de apoyo y en respuesta, coloca su mano sobre la tuya. ¿Reconforta?
  • No hay una fórmula perfecta, pero la clave siempre es hablar. Puede que alguno de los dos, o los dos, no os sintáis cómodos con las muestras de afecto delante de los hijos/hijastros. No pasa nada, no es necesario culpabilizar a nadie. Es una reacción completamente normal. Si se da el caso puede que sea necesaria una conversación privada en la que acordéis de qué forma os mostráis afecto en el día a día. Una mirada furtiva, una caricia, una palabra en clave,etc. y un reencuentro para cuando todo vuelva a la calma. Puede incluso convertirse en un juego si los dos ponéis de vuestra parte. Puede que no compartáis espacio en el sofá porque habéis cedido el sitio de tu pareja a tus hijos. ¿Y si de pronto él o ella te mira de esa forma tan especial desde el otro sillón?
  • Si tu pareja, o tú, no encontráis la forma de fomentar ese juego y lo estáis pasando mal, buscad un cambio. Si es necesario, volved al punto de partida. Puede que alguno de los dos (o los dos) estéis cargando con sentimientos complicados y sea un proceso de largo recorrido. Haced una pausa. La pareja es el motivo por el cuál estáis aquí, si nos sentimos presionados, cargados o infelices, todo deja de tener sentido. Si hay algo que no nos gusta o nos hace sentir mal, hablad sobre ello. Cambiad las reglas del juego. Y si realmente delante o con los hijastros no os sentís cómodos para mostraros afecto, pactad nuevas formas para que ninguno de los dos se sienta desplazado y abandonado en presencia de los hijos del otro. Notitas, mensajes de voz, whatsapps, mensajes en Facebook… hay muchas opciones para empezar e ir progresando. Siempre consensuado y desde el respeto y amor mútuo.

 

NO TODOS VAN A SER DE AYUDA EN EL CAMINO

A veces nos encontraremos con obstáculos difíciles de procesar. Las reacciones de los menores (o de la familia política) pueden ser inesperadas pero también se pueden trabajar. Siempre será mucho más fácil mostrar afecto con tu pareja si los hijastros/hijos no se encuentran en la adolescencia, dónde las muestras de afecto van a ser recibidas como un ultraje vengan de quién vengan. Los adolescentes son así. También puede que sea diferente si tus hijos y tú sois más propensos a tener muestras de afecto en público y el contacto sea visto de una forma natural en vuestra famila. (Y de todas formas, en la adolescencia puede que rebufen igual…).                  Lo importante es comprender que no todos somos iguales, que puede que vengamos de una familia de besucones y estemos en pareja con alguien que no ha desarrollado esa faceta de la misma forma que tú. Por eso remarcamos siempre la importancia de hablar, pactar, no guardarse nada y llegar a acuerdos. Y si necesitamos un cambio, sacadlo sobre la mesa de negociaciones. Seguro que tu pareja desea que seas ante todo, feliz.

BONUS

Las muestras de afecto en público están genial, pero no olvidemos seguir trabajando por tener nuestro espacio diario, semanal, etc. de pareja. La pareja se contruye a la vez que se va formando nuestra familia y vamos a necesitar momentos de tranqulidad y soledad para recargar pilas de forma conjunta. Considerad esos momentos como sagrados. Un dormitorio de vuestro agrado es un santuario.

¿Queréis orientación para hacer encajar todas las piezas de vuestra familia reconstituida?

A través del coaching en pareja trabajamos herramientas para cuidar vuestra relación y recuperar el tiempo de juego, mientras os acompaño en el proceso de encontrar vuestra forma única de ser familia.