Los abuelastros también existen

Si, si. Los abuelastros son como Teruel. Existen. Y además pueden jugar un papel muy importante en el desarrollo y funcionamiento de la familia enlazada. Cuando hablamos de nuestro modelo familiar, pensamos en nosotras, nuestra pareja, su ex, puede que en la pareja de la ex y si se tercia, la familia política directa. Pero, ¿qué sucede cuando nuestra familia se encuentra abierta a aceptar e involucrarse en la vida de los hijastros?

Lo primero y principal que debemos valorar es que los abuelastros, al igual que los abuelos, pueden ser una fuente maravillosa de experiencias, anécdotas y recuerdos, tanto para los nietos como para los nietastros (vamos a ponerle un nombre). Los abuelastros, al igual que los abuelos, mantienen ese aura especial para los niños de afecto y complicidad que no siempre se desarrolla inmediatamente al contacto otras figuras adultas. ¿El motivo? Mayormente los niños poseen varios abuelos a la vez sin que se produzcan conflictos de lealtad ni competiciones por las muestras de afecto (generalmente, de todo hay siempre en esta vida). Los abuelos alivian la tensión que a veces se produce con los progenitores, realizan esa función de protección y complicidad, como si de un mentor se tratase. Por eso, la llegada de un abuelastro al núcleo familiar no se suele percibir con la misma sensación de duda y recelo que se experimenta con la entrada de una madrastra/padrastro. Abuelos se tienen varios a la vez, muchas veces coexisten y cada uno tiene su parcela personal e íntima con el infante. Un abuelastro es una ganancia más.

Los abuelastros, al igual que los abuelos, pueden ser una fuente maravillosa de experiencias, anécdotas y recuerdos, tanto para los nietos como para los nietastros

¿Por qué  se relacionan mejor con los abuelastros que conmigo?

Al no existir esa parcela de conficto tan clara y específica como puede suceder entre progenitor/madrasta, los menores tienden a comportarse de manera más natural con ellos y de forma más abierta desde el inicio de la relación. El aspecto más positivo de esta nueva relación es que puede establecer un puente de conexión entre el hijastro/madrastra, a través de la relación con el abuelastro, sin que resulte amenazante o disruptiva. Anécdotas, experiencias, excursiones, eventos familiares, etc. Aportar ese grado de unión familiar ayuda a tener puntos en común que compartir y experiencias que atesorar. Añade una nueva cultura familiar de una forma única e ireemplazable.

Abuelastros primerizos

En algunas familias se puede dar el caso en el que con la llegada de los hijastros nuestros padres se conviertan en abuelastros primerizos. Eso puede causar el efecto «furor inmediato» y que su implicación con los infantes sea todavía más intensa y significativa. Los abuelastros ya entrenados conocerán un poco más a fondo tus límites personales, cómo relacionarse sin sobrepasar los límites que imponen las figuras parentales y en definitiva a cooperar de forma activa con el funcionamiento familiar. Con los abuelastros primerizos, todo es posible. Abrid la puerta a la comunicación con ellos, planteadles el proceso de evolución que lleva la familia y apreciadlos como un nexo de unión y de apoyo estupendo. Pero sin perder de vista que si aparecen comportamientos o comentarios que consideráis poco oportunos o no permitidos, debéis establecer vuestros límites de forma saludable.

Atención con los nuevos miembros de la familia.

No tiene por qué ser vuestro caso particular pero en ocasiones, cuando la familia aumenta y llega un bebé a casa, los abuelastros pueden despistarse y llevados por la emoción de tener un nieto biológico, dejen de lado el afecto y la atención de los nietastros. Esta puede ser una experiencia de pérdida muy dolorosa para ellos por lo que si tenéis planeado ampliar la familia, recomendamos una conversación a corazón abierto con vuestros padres. Qué esperáis de ellos, qué necesitáis, cuáles son vuestras expectativas familiares, sobre ellos, sobre los hijastros, etc. Es posible que esta remisión de atenciones no sea algo consciente (consideran que el nietastro ya es mayor, emoción por un bebé,etc.)  y poner el temo sobre la mesa antes de que ocurra puede ayudar a que todos seáis conscientes y se puedan poner soluciones antes de que sea tarde. Trabajar los celos no sólo es cosa de los progenitores y familia enlazada directa, todos pueden colaborar.

A pesar de todos estos consejos siempre debemos tener presente que no toda nuestra familia directa puede sentirse abierta de la misma forma y en el mismo momento para recibir a los hijos de nuestra pareja. A veces requiere tiempo, escucha activa y mucha comunicación para comprender los sentimientos de confusión o temor que pueden sentir nuestros padres y hermanos al conocer la nueva situación familiar.

Recordemos, ser madrastra no es algo que entre en los padres de ninguna niña al ser pequeña y mucho menos en los planes que sus propios padres pudieron tener para ella. Las dudas son normales y con el tiempo se disipan. Y seguro que nuestros padres son capaces de sorprendernos positivamente una vez más.

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