Los temores de la familia extensa

Sabemos de sobra que esa maravillosa afirmación “Ya sabías lo que había cuando te metiste” es falsa, pero cobra especial importancia cuando la aplicamos a la familia extensa. ¿Qué quiero decir cuando hablo de familia extensa? Hablo de los suegros, cuñados, padres, hermanos, abuelos… nuestra familia cercana que al formar una familia enlazada para a ser eso, la familia extensa. Y que posiblemente tengan contacto con nuestros hijastros también, como es natural.

Pero las reacciones cuando tu familia se entera de que de pronto eres madrastra no siempre son las que necesitamos y puede que las reacciones en la familia de tu pareja sean muy parecidas o peores, porque además les invade la preocupación por el bienestar de los niños.

Cuando hablé con mi madre tenía un pánico terrible por lo que ella me pudiera decir. Es madre separada y lleva con mucho orgullo esa etiqueta. Y yo me sentía que al ser madrastra me pasaba al bando opuesto. La primera reacción no fue negativa, aceptó a mis hijastros como lo mejor del mundo y nos quiso echar una mano en todo lo posible en la adaptación a la nueva custodia. Pero con el tiempo llegaron los comentarios. “Hija, es muy complicada la situación en la que te metes, tu pareja lleva una carga enorme y te va a arrastrar”. “Debes de respetar en todo momento a su madre y hablar de ella en términos positivos”. “A pesar de lo mal que se porta la madre de los niños, nunca fomentes que se cree cierta distancia”. “Eso no sabes hacerlo porque no eres madre”.

Si para una madre primeriza escuchar ciertas frases no son de ayuda, imaginad para una madrastra que está lidiando con encontrar su lugar en la familia enlazada. ¡Horror! Pero el drama familiar, visita de la familia política.

En este caso la situación se complicó porque nadie habla directamente contigo, la recién llegada, pero todos bombardean a tu pareja con sus preocupaciones y sus puntos de vista y con respecto al funcionamiento familiar y las atenciones a los hijastros, todos tienen una mano que echar y algo que opinar. Lo cual complica la tarea de encontrar tu sitio, de sentirte cómoda y de ir creando una realción con los hijastros porque la familia política se convierte en los abanderados de la historia familiar previa “porque las cosas siempre se han hecho así y les gusta esto o aquello”. Y simplemente no sabes dónde meterte para no cagarla.

Buscando un punto de protección hablé con mi hermana y le pedí que viniera a pasar unos días a pesar de que estuvieran los nenes. Mi hermana se negó en rotundo alegando que “esos niños no eran yo y que ella quería estar con su hermana”. Me dejó estupefacta. Se negaba en rotundo a compartir espacio con mis hijastros y no era capaz de hacerle entender que este giro que mi vida había dado era permanente y que no tenía sentido no pretender aceptar que ahora tenía dos niños en mi vida, como mínimo,la mitad de mi tiempo.

 

Y al final…. exploté

Llegó un momento en le que tras varios meses de esfuerzo por adaptarme a un ritmo de vida radicalmente opuesto al que yo llevaba, buscar la forma de ayudar a mi compañero y sentirme útil y buscar formas para conectar con los niños, me cansé de los mensajes negativos externos. Le grité a mi madre cuando me increpó que no estaba preparando correctamente los biberones, discutí con mi hermana por no venir a ayudarme y no querer involucrarse en mi nueva vida y fui cortante con mi familia política cuando volvieron a remarcar que las cosas no se estaban haciendo según ellos pensaban que era mejor.

Había tocado fondo y lo peor de todo es que esto me llevó a discutir con mi pareja y a encontrarme haciendo las maletas para marcharme de esa casa sin mirar atrás.Cuando por fin pasó toda mi rabia contra mi familia me di cuenta de que en realidad ellos tenían miedo y no se estaban atreviendo a decírmelo de forma abierta. Y por eso hacían comentarios desafortunados sobre cada paso que dábamos como familia enlazada, porque tenían miedo a que las cosas salieran mal y sufrieramos más daño.

Mi madre tenía miedo de que yo no fuera la prioridad de mi compañero y que sólo estuviera cuidando a sus hijos, sin ganancia alguna. Y tenía miedo por si todo salía mal y de pronto me encontraba sola en la calle.  Por lo hijastros, porque ella era una madre divorciada y temía que ellos sufrieran más de lo que ya podían haber sufrido. Y su propio miedo de madre divorciada a perder su lugar, proyectado en la ex, hiciera lo que hiciera contra nosotros.

Mi familia política tenía miedo por saber quién era yo realmente, por si era verdad que estaba dispuesta a formar una familia con niños que no eran míos y cuidarlos sin resquemor ni culpabilidad. Y tenían miedo por el daño que habían sufrido tras el divorcio.

Mi hermana sentía que había sido todo un cambio abrupto y no conseguía reconocerme en mi nuevo rol y mi pareja estaba asustado por si toda la nueva responsabilidad adquirida y cambio de vida no iban a ser demasiado y yo iba a sentir que él no tenía nada que ofrecerme, para terminar dejándole.

Al final todos tenían miedo y yo la que más, bajo la enorme lupa familiar. Pero encontré el apoyo que necesitaba cuando por fin le conté la situación a mi padre y a mi madrastra. Mi padre arqueó una ceja y me pidió ver fotos de los niños. Mi madrastra me dijo: “Ten paciencia, ya sabes cómo va esto. Acúerdate de cuando eras pequeña y cómo era todo con tu madre. Es cuestión de tiempo”.

De tiempo y de voluntad.

3 años después ya no me equivoco al preparar biberones y mi hermana ha empezado a pasar más tiempo con nosotros y mis hijastros. A veces sigo recibiendo comentarios desafortunados por parte de mi familia extensa, pero me doy cuenta de que siempre apelan a un temor. Si vamos a la raíz del problema y se habla, siempre se pueden encontrar soluciones para todo. Y si algo de verdad es hiriente, no aporta nada y sólo crea malestar, se corta de raíz con un límite claro. “Mejor es que dejemos el tema aquí” y oídos sordos.

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