Mi pareja, yo y mis expectativas

Conocí a mi pareja hace un tiempo ya (¡años!) y con todo el estira y afloja emocional del enamoramiento también llegaron las primeras expectativas. ¿Cuáles eran esas expectativas? Eran todas mis ideas preconcebidas sobre cómo sería mi relación, lo que yo esperaba de él, lso detalles que tendría conmigo, cómo planearíamos el vivir juntos, cómo sería tener una familia, cómo sería el regalo que me haría en nuestro primer aniversario….

Quizás, escrito ahora en este post, suena un poco ridículo. ¿Cómo pude elaborar una fantasía sobre si me haría o no un regalo en nuestro primer aniversario?

Porque es lo más normal y corriente del mundo.

Todos tenemos esa tendencia natural a anticipar acontecimientos. Cuando sabemos que algo va a suceder con relativa inminencia, empezamos a organizar nuestras ideas en la cabeza y a fantasear sobre cómo creemos que se van a desarrollar los acontecimientos. Pero por supuesto, siempre bajo nuestro prisma, nuestra forma de entender lo que está bien y lo que está mal y nuestros deseos, a pesar de que no los hayamos verbalizado. Y así es como nacen las expectativas.

 

¿Qué sucede cuando nuestras expectativas no encajan con lo que ha sucedido?

Que nos sentimos mal. Muy mal. Cuando nuestras expectativas son en relación al comportamiento de otra persona, por ejemplo nuestra pareja, y ésta no hace lo que nosotras pensábamos que era lo mejor, nos decepcionamos. Cuando ya hemos planeado que vamos a iniciar una convivencia juntos y estamos en lo más bonito de nuestra relación, empiezo a hacerme ideas y expectativas sobre cómo serán sus hijos. Pienso en que si nos conocemos de una forma determinada y les llevo algún regalo, el acercamiento será perfecto. Seguro que les encanta que me sepa todos los juegos de moda y que les ofrezca helado para merendar. ¿Qué puede salir mal? ¡Los niños adoran los dulces!

Pero quizás ese primer encuentro no es tal y cómo yo lo había planeado en mi cabeza. Mi pareja llega tarde y está algo cansado, ha tenido que discutir con uno de sus hijos porque no quería venir a la merienda. El otro parece triste y muy callado. Cuando les ofrezco algo de merienda, uno no me contesta y el otro me dice que no le gustan las comidas frías. Me quedo muerta. Inento iniciar una conversación sobre juegos y escucho como uno de ellos rebufa entre dientes y el otro tira de la camisa de su padre mientras le pregunta en el oído “¿Nos podemos marchar ya?” Me siento devastada. Tenía la idea de que todo iba a salir perfecto y sin embargo ha sido un desastre. Además siento que mi pareja no me ha ayudado lo suficiente y estoy empezando a estar furiosa contra él. Se mezcla la tristeza por no haber conseguido que todo fuera perfecto y cierta vergüenza por haberme montado una fantasía en mi cabeza. Pero, ¿Eran realistas mis expectativas?

Tener expectativas, proyecciones, adelantarnos a los acontecimientos… es normal y lo hacemos todos en algún momento de nuestra vida. Pero tenemos que ser cuidadosas con nuestras expectativas y más cuando se refieren al comportamiento de una persona que no somos nosotras. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que no todo el mundo vive las situaciones de la misma manera. No existen dos puntos de vista exactamente iguales. Para nosotras el primer encuentro con los hijos de nuestra pareja no fue ni de lejos como lo habíamos soñado. Es más, posiblemente lo consideremos un desastre y cambiaríamos un millón de cosas. Pero para evitar sentir que podríamos haber hecho o haber dicho algo mejor, siempre podemos anticiparnos de una forma más constructiva a la situación venidera y conversar abiertamente sobre ello con nuestra pareja.

¿Qué es lo que quiero? ¿Qué es lo que necesito?

“Cariño, me gustaría que me ayudaras a encontrar temas de interés con tus hijos. ¿Por qué no me ayudas iniciando una conversación en la que yo pueda participar y que a ellos les guste?” Puede que este truco tampoco funcione del todo en una primera aproximación con los menores, pero seguro que no nos sentimos tan solas en esta complicada situación. Hemos expresado nuestro deseo de que nuestra pareja nos ayude y de qué forma puede hacerlo. Si la situación no resulta en un rotundo éxito, al menos lo habremos intentado en equipo.

Cuando la ex hace un comentario despectivo sobre algo relacionado con nuestra casa me gustaría que mi pareja fuese cortante y la dejase en mal lugar. Eso me haría sentir más querida y protegida. Es más, me gustaría que discutiera con ella para que aprendiera a respetarme un poco más. ¿Es realista mi expectativa?

Al hablar de ello con mi pareja me expone su punto de vista. Cree que discutir es contraproducente, que va a alimentar el conflicto y que lo mejor es no hacer aprecio a sus comentarios despectivos. Pero a mi eso no me sirve. Si me callo voy a tener siempre el runrún de lo que quiero y lo que no es, y a la larga me voy a sentir descuidada por mi pareja, pudiendo afectar a mi relación. Le confieso q no me resulta suficiente y llegamos a un acuerdo. Sin discutir abiertamente cuando diga algo hiriente, le pondrá límites. Sigue sin ser todo lo que a mí me gustaría. Pero quizás mis expectativas no eran realistas y también tiene derecho mi pareja a proceder según considere que es mejor para todos. Ahora mi expectativa es que cumpla con su compromiso. Y por lo tanto, más real.

Cuando las expectativas que tenemos sobre otra persona no son realistas es porque la hemos idealizado. Creemos que actuará de tal o de tal forma, acorde con lo que yo deseo, pero se nos olvida que esa persona también siente, tiene sus propias expectativas y puede que las tenga sobre nosotras, sobre nuestro comportamiento, sobre la relación que vamos a mantener. ¿Es justo que nuestra pareja se decepcione con nosotras cuando no cumplimos con sus expectativas sin nosotras saber realmente qué era lo que quería?

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