Mis hijastros son jóvenes adultos

No todo el mundo conoce a su gran amor en la misma época vital. Algunos grandes amores aparecen tardíamente y con ellos vienen…. sus hijos adolescentes o jóvenes adultos. Si los infantes presentan un reto en la adaptación de la madrastra en la familia enlazada, los jóvenes adultos no se quedan atrás. Todas las estapas vitales tienen su parte amable, pero también sus propias dificultades a tener en cuenta.

 

Adolescentes Efervescentes

La adolescencia es una época de muchos cambios tanto para los hijos como para sus padres. Educar ya no sirve. La base que quedó establecida en la infancia aflora y ahora parece que las normas están para romperse,probar nuevos límites y así terminar de formarse como personas. Además, los adolescentes se enfrentan en esta fase de la vida a grandes preguntas ¿Qué camino van a tomar para forjar su vida adulta? ¿Estudiar, trabajar? Todo ello mezclado con su característica explosión hormonal y cambios de humor bruscos. Aquí más que nunca, la premisa para una madrastra debe ser clara: No es algo personal contra tí, ellos también sienten que nadie les comprende. Pero, ¿Qué sucede cuando esos adolescentes están ya más cerca de sus 20 y son jóvenes adultos que todavía viven en casa de sus padres? ¿Cómo nos podemos introducir a ellos de forma positiva sin sufrir un gran rechazo?

La madrastra, en estos casos, deja de significar una disputa con el rol maternal. Lo bueno (y lo malo, según se mire) de estas edades es que al igual que no necesitan que se les trate maternalmente, tampoco van a acoger positivamente cualquier consejo que no haya sido previamente solicitado. Lo cual puede resultar frustrante y complicar el acercamiento madrastra-hijastro. Además, para ojos de sus progenitores, estos jóvenes siguen siendo sus bebés, necesitando cobijo, amparo y… manutención. Seguro que a varias madrastras de hijastros adultos les suena la escena en la que nadie da un palo al agua en casa y todos esperan a que el progenitor llegue para que les ponga la cena en la mesa. Es posible que elegieran vivir en esa casa porque la vida se les hacía mucho más cómoda y fácil, tienen llaves y no hay horario de entrada y salida, pocas exigencias y mucha compensación por la ruptura de la familia.

En ese ambiente de total libertad y distensión, aparece la madrastra, que a su vez como persona adulta que inicia una realción necesita intimidad y espacio con su pareja. Y eso puede suponer para los hijastros adultos ceder parte de su territorio y de los privilegios conseguidos. Una madrastra puede ser para ellos, una pérdida. Ahora su padre/madre quiere pasar tiempo a solas con su pareja, puede que ya deje la cena preparada y el dinero que reciben se vea limitado. Mientras que para los hijastros infantes una madrastra a pesar de suponer un incordio la necesitan para su bienestar material, en el caso de los hijastros adultos no. Y a menos que la aparición de la nueva pareja de su padre/madre vaya a mejorar sustancialmente sus vidas (lo cual es complicado de percibir desde la perspectiva planteada) siempre será vista como una pérdida y/o molestia.

Cuando esto sucede, es una situación dificil de asimilar para una madrastra. La infancia se ve como una época dificil en la que los hijastros pueden estar proyectando y echando de menos a su madre y por eso surgen las confrontaciones con la madrastra. Y la adultez se percibe como un campo lleno de posibilidades. Gustos en común, actividades en común… por eso cuando se encuentran un muro de indiferencia por parte de los hijastros, genera tanto dolor.

 

Si no es de tu talla….no lo fuerces.

Las relaciones siempre requieren de tiempo y voluntad de parte de todos para forjarlas. A veces las personas no están dispuestas a dar su brazo a torcer y tender puentes para conocer a un recién llegado. Y eso también debemos asumirlo. Puede ser frustrante que los hijos de tu pareja no hagan el esfuerzo por conocerte y puede suceder que tu llegada genere caos y cambios en el status quo familiar. Que decidan cambiar al núcleo del otro progenitor como protesta por la pérdida de status. Sea cual sea la situación, nada de esto es personalmente tu culpa, a pesar de que así lo parezca. Y es muy positivo mantener la puerta abierta por si desean volver o iniciar de nuevo el contacto.

 

El nido vacío

Muchas madrastras que se juntan con parejas cuyos hijos ya han abandonado el nido creen que su relación va a ser perfecta. La independencia de los hijatros adultos les brindará una oportunidad de tener un amor sin preocupaciones, similar al de una pareja que no tenga hijos de una relación previa. Pero, ¿por qué podemos llegar a pensar que porque el nido esté vacío nuestra pareja ya no va a tener ningún tipo de relación con sus hijos?

La peculiaridad de este tipo de situaciones reside en que puede que hijos de tu pareja sean de la misma edad o mayores que tú. Y en esos casos se tiende a pensar que precisamente por ser adultos y tener ya una vida formada, van a cooperar mejor con la entrada de la madrastra en la familia. Y no tiene por qué ser así. Los agravios por parte de los adultos son siempre más sutiles que cuando los ejecuta un niño. Más dificiles de identificar y por lo tanto de contrarrestar. Los temores se generan a la inversa. Son los hijos los que temen por el bienestar emocional de su progenitor, por si ha tomado o no la decisión adecuada al rehacer su vida. Y a menudo esos miedos se vuelven en actitudes hostiles (celos, resentimiento, etc.) que dificultan que la relaciones fmailiares fluyan.

 

¿Por qué los adultos se comportan como niños?

A pesar de lo que podamos pensar, incluso en adultos, la fantasía que sostienen los infantes sobre que sus padres algún día pueden volver, se mantiene. Los conflictos de lealtad, los desplantes de “tú no eres mi madre” siguen vigentes incluso en la edad adulta. Y a esto se le suman los temores por no saber de verdad que clase de persona es la que se ha juntado con su pradre/madre y si sus pretensiones son verdaderamente buenas. Como adultos formados podemos pensar que no es lógico este tipo de comportamientos cuando no ha existido una confrontación personal contra los hijos de tu pareja. Pero como siempre remarcamos, ellos pueden experimentar la llegada de alguien nuevo como un atentado contra su familia. Y por lo tanto la clave sigue siendo la misma. Paciencia, naturalidad, tiempo y respeto. La forma de tratar la situación es la misma. La madrastra no tiene un problema, la pareja tiene el problema y así se debe afrontar. En equipo.

Los hijos, por muy adultos que sean, siguen viendo a sus padres como sus proveedores de estabilidad. Los cuales no tienen relaciones sexuales, no tienen vida íntima y mucho menos amorosa. Porque en el fondo todos sentimos que nuestros padres están ahí para cuidarnos siempre, indistintamente de la edad que tengamos. De la misma forma que nosotros para ellos siempre seremos sus bebés queridos.

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