¿Por qué el verano se hace tan duro?

Ahora que nos encontramos en los últimos días de Agosto seguro que muchas madrastras se preguntan ¿Por qué me siento como si me hubiera pasado un camión por encima? ¿Qué ha sido de los veranos de antaño en los que dedicábamos todo nuestro tiempo de vacaciones a descansar, organizar nuestra casa o sencillamente a no hacer nada?

Con la madrastridad el concepto de verano y tiempo de ocio cambia, ya no sólo nos ocupamos de nosotras y de nuestra pareja porque han entrado en juego otros factores externos que pueden modificar nuestras vacaciones.

Cabe destacar que al igual que no hay dos madrastridades iguales, tampoco una forma única de organizar las vacaciones. Cada persona debe explorar su forma única de compaginar sus necesidades personales con las familiares. ¿Cómo se hace eso? Escuchándote a ti primero.

Habitualmente cuando nos iniciamos en esto de ser madrastras nos lanzamos a la piscina con todas las energías puestas en hacer que la familia funcione y eso conlleva también en buscar formas compaginar el verano con nuestra familia enlazada, ajustar los horarios para poder acoplarnos a las actividades familiares y buscar formas de compartir el ocio juntos.

Pero nadie dijo que compaginar horarios, crear acuerdos para el reparto de los meses de verano y cuadrarlo todo a 3 (si no a más) fuese una tarea fácil. Antes de que asome la cabeza Junio, si es que tenemos suerte o no tenemos un convenio regulador que lo estipule, empiezan las negociaciones entre progenitores para llegar a acuerdos sobre cómo dividir el tiempo veraniego. Si llega a tiempo una propuesta formal y queda aceptada, puede que sea posible cuadrar las vacaciones en tu trabajo para acoplarte al acuerdo establecido (A pesar de que lo ideal es siempre hablarlo en pareja primero para que tus opciones entren en la propuesta de reparto de días). Con el tiempo repartido, llega la realidad. Verano significa 0 rutinas pero no por ello 0 organización. A veces nos vemos arrastradas a cuadrarnos con nuestra pareja para poder cumplir con los últimos días laborales antes de empezar las vacaciones y eso nos lleva a vernos solas ante el peligro. En casa con los hijastros, sin nada que hacer que organice el día, lo que se traduce en 24h de cuidados. En el mejor de los casos se puede llegar a un pacto entre todos para establecer una nueva rutina. Un tiempo de televisión, un rato a la piscina y por las tardes completar con alguna salida o actividad que guste a todos. Pero eso no siempre es posible, menos cuando estamos al inicio de nuestro camino como madrastras y no tenemos la confianza suficiente entre nuestros hiijastros para hacernos oír.

Los viajes también han mutado y ahora no sólo compartimos tiempo de pareja (que a veces se vuelve inexistente en presencia de los hijastros), sino también con los hijastros de nuestra pareja y puede que con la familia extensa. A veces el verano ayuda a preservar tradiciones familiares y dejamos de lado nuestra idea de viaje a Bali por marcharnos al pueblo a casa de nuestros suegros. Y cuando sientes que todo está del revés, que nada de lo que querías se ha cumplido y que estás a punto de estallar por frustración y cansancio, la clave sigue siendo la misma: Escúchate a ti primero.

Pasar tiempo en familia es muy importante para crear vínculos y recuerdos afectivos. Pero sacrificar todo nuestro tiempo libre tras un año duro de trabajo nos puede resultar un precio demasiado caro a pagar para no siempre sentir que nos sentimos recompensadas y volvemos con las pilas cargadas. Las fórmulas para conseguir el equilibro varían de persona a persona pero estos son algunos consejos que queremos compartir contigo para que la planificación de las vacaciones no se haga tan cuesta arriba.

  1. Plantea tus opciones vacacionales a tu pareja incluso antes de que las negociaciones con la ex hayan comenzado. De esta forma las cartas están sobre la mesa y se puede negociar mejor, conociendo todas las posibilidades. En caso de que exista un convenio regulador que divida las vacaciones de forma predefinida, dedice cuanto tiempo de tus vacaciones quieres dedicar a la familia.
  2. Limita el tiempo de cuidados hacia tus hijastros. Dividir las tareas con tu pareja está genial y ofrecerte a atender a sus hijos mientras él/ella termina su jornada antes de las vacaciones es una oferta muy generosa. Pero seamos realistas. El verano implica cuidados 24h (más si son pequeños) y esa tarea agota hasta a la más valiente de las madres. No nos exijamos por encima de nuestras capacidades y tras un día duro atendiendo a los menores, pidamos también nuestro momento de descanso. Nos lo merecemos.
  3. Tu opinión cuenta. Es posible que sea tradición salir de camping, pero no es necesario que siempre tenga que ser de la misma forma o al mismo lugar. Todos tenemos preferencias y tú también tienes derecho a expresar las tuyas. ¿Playa o montaña? ¿Casa rural? ¿Piscina o lago?
  4. Encuentra tu lugar entre la familia extensa. Si por un casual el plan veraniego implica ir al pueblo a casa de tus suegros y hacer vida familiar, se puede presentar como una oportunidad. Tus hijastros contarán con muchos adultos y niños con ganas de verlos y atenderlos y podrás disfrutar de delegar en ellos. Haz acopio de libros o actividades relajantes, busca paseos tranquilos, incluso tiempo de pareja íntimo.
  5. Aprende a decir no. Si todo lo expuesto arriba sale mal y ninguna de las opciones que propones parece válida, también tienes la opción de plantarte y decidir no acudir a las vacaciones familiares. A veces nuestras parejas son las más reacias a cambiar por miedo a dañar a los hijos/as sin pensar que los niños/as son muy versátiles y tienen una alta capacidad para adaptarse a todo. Si sientes que no se ha tenido en cuenta tu disponibilidad vacacional, tus preferencias o si se te ha encargado ser una niñera durante todo el verano, antes de que eso afecte a tu salud emocional di no. Ser madrastra no debe implicar perder nuestra vida propia.

Todos estos consejos se pueden aplicar a cualquier época del año en la que aparece el cruce entre las vacaciones escolares (que son muchas) y nuestro tiempo de ocio (escaso y muy valioso a medida que pasan los años). Navidad además requiere un especial cuidado porque es una época sensible para muchos en los que el sentido de familia cobra un gran peso. Por eso siempre es importante recordar que la clave es escucharnos a nosotras mismas.

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