Por qué nos ponemos a la defensiva: Descubre las microviolencias del lenguaje

Seguro que te ha pasado mil veces: pides a tu pareja que haga algo y te responde con un “Pues tú también podrías…”, llegas a un acuerdo con los niños y se lo pasan por el forro, das un consejo tratando de ayudar y el otro se pone a la defensiva. ¿Por qué pasa eso?

Es más, seguro que tú misma has notado esa sensación de agravio que se activa sin saber exactamente por qué y convierte cualquier conversación en una discusión en cuestión de segundos.

Esa vaga sensación de que haber sido atacada, que a veces no captas con la razón pero que te pone a la defensiva o te incita a contraatacar es el efecto de las microviolencias a las que hace alusión la Comunicación No Violenta. Resultan imperceptibles a simple vista pero tienen un gran poder para alejarnos a unos de otros y cronificar los conflictos.

Después de ejercer o recibir una microviolencia siempre tenemos que desplegar grandes dosis de afecto para restablecer la corriente de afecto.

Pero en el momento de formar una familia reconstituida, cuando las susceptibilidades están a flor de piel, no siempre tenemos ese tanque de afecto al que recurrir, y como intuimos el efecto que puede tener un comentario fuera de lugar, a menudo optamos por callar y eso, a la larga, nos distancia aún más.

Hay maneras de comunicarnos que son abiertamente violentas, como los gritos, las regañinas, las críticas o los chantajes. No es difícil darse cuenta de que cuando recurrimos a estos recursos estamos empujando al otro lejos de nosotros.

Pero hay otras veces que empezamos a hablar sin intención de dañar y de repente nos damos cuenta de que la cosa va mal: el otro se cierra, se aleja y ya no hay forma de acceder a él. Ocurre muy a menudo cuando tratamos con los niños, pero también con nuestras parejas y otras personas que nos rodean.

La Comunicación No Violenta nos ayuda a detectar esas formas de violencia mucho más sutiles que ejercemos todas y todos por costumbre y que ponen en riesgo nuestras relaciones:

1. Interpretar el comportamiento del otro y dar por sentado que lo que interpretamos es todo lo que hay detrás de esa actitud.

“Llegamos al acuerdo de que ordenaría su habitación una vez a la semana y pasa del tema. Sólo me dijo que sí para tenerme contenta (interpretación) pero al final se sale con la suya.”

2. Limitarnos a un pensamiento dicotómico: o atendemos a lo mío o atendemos a lo tuyo, uno tiene razón y el otro está equivocado, uno hace bien y el otro hace mal.

“Tiene que aprender a cuidar de sus cosas y colaborar un poco (lo correcto), así no puede seguir.”

3. Responsabilizar al otro de nuestros sentimientos y hacernos responsables de los sentimientos de los demás.

“Estoy enfadada contigo porque no has recogido tu habitación y además has roto nuestro pacto (tú eres responsable de mi enfado).”

A lo mejor no lo expresaríamos exactamente así, pero ¿puedes imaginar cómo reaccionaría tu hijastro o hijastra a una charla basada en estos pensamientos? Es más, probablemente no te atreverías a tener esta charla con él o ella por miedo a su reacción. Estas charlas son las que en teoría debemos dejar para las madres y los padres, porque ellos tienen la autoridad para poner límites.

Pero si eres padre o madre, estoy segura de que te estás imaginando cómo reaccionaría tu hijo o hija y se te quitan las ganas de abrir la boca. En el mejor de los casos se sentiría culpable y recogería esta vez, ¿pero cual quieres que sea el motivo para recoger? Seguramente no quieres que lo haga solo para evitar sentirse culpable… Mejor dejar las cosas como están.

Y así empieza el recalentamiento en la familia reconstituida.

¿Hay alguna alternativa?

En la primera sesión del taller “Sentirte cerca” vamos a profundizar en estas formas de microviolencia que todos y todas ejercemos. Vamos a ver qué nos impide comunicarnos de otra manera y empezaremos a buscar las primeras alternativas (aunque si quieres saber cómo reenfocar el problema que hemos planteado más arriba, al final de esta página puedes solicitar tu hoja de ejercicios anti-violencias).

Sólo con tomar conciencia de cuando hacemos una de estas tres cosas ya eliminamos gran parte de las violencias que ejercemos sin darnos cuenta. Al mismo tiempo podremos detectar con más facilidad qué activa en nosotros el resorte defensivo cuando los demás nos hablan.

El objetivo es encontrar la manera de dirigirnos a nuestros hijos, hijastros o parejas sin miedo a caer en la misma discusión de siempre o a provocar un alejamiento.

Vamos a dar los primeros pasos para encontrar una voz que nos permita expresarnos y a la vez cultivar la cercanía que tanto necesitamos en la familia reconstituida.

En las próximas semanas te contaremos más sobre la Comunicación No Violenta y el taller Sentirte cerca. Pero si quieres saberlo todo ya mismo aquí tienes toda la información.

Ah, y recuerda que si te inscribes antes del 30 de noviembre, te lo agradecemos con un descuento de 15€, así que te queda por 49,95€.

Si quieres empezar ya mismo a practicar la CNV, te enviamos 3 ejercicios para evitar las microviolencias más comunes.