¿Qué partes de ti misma te has amputado para encajar en la familia?

¿Por qué la madrastridad afecta tanto a nuestra autoestima? ¿Qué tiene este rol que después de unos meses hace que nos sintamos menos valiosas?

Este mes hemos convertido la comunidad de Materia en un laboratorio de ideas, hemos mirado atrás para ver cómo ha cambiado la percepción que tenemos de nosotras mismas desde que somos madrastras y también hemos intentado desentrañar el misterio de cómo se ha producido este cambio.

Una de las cosas que más nos llama la atención es el efecto que tiene en nosotras el proceso de integrarnos en una nueva familia e intentar lograr que el lugar que ocupamos como madrastras tenga valor para los demás.

Nos hemos imaginado el proceso de formar la familia como intentar hacer encajar piezas diferentes: de alguna forma hay que lograr que los perfiles coincidan. Hablando entre nosotras, nos hemos dado cuenta de que el hecho de ser vistas como algo accesorio e incluso dañino en la familia nos lleva a buscar el encaje limando nuestros propios perfiles tanto como sea necesario, intentando provocar la mínima alteración en el de los demás.

Parece imposible lograr la valoración que buscamos simplemente siendo nosotras mismas. Hay que presentarse de otra manera. Hacer más. Condicionar menos.

Así pues, para integrarnos, muchas de nosotras hacemos una doble apuesta:

  • Por un lado, nos volcamos en la tarea crear lazos, jugar con nuestr@s hijastr@s, preparar actividades de familia, demostrar que podemos ser buenas cuidadoras y, en resumen, crear momentos bonitos que hagan familia.
  • Por otro, negamos todo lo que hay en nosotras que pueda incomodar o generar el mínimo conflicto. La máxima: no molestar.

¿Qué partes de nosotras mismas nos amputamos para encajar en la familia?

Una de las primeras amputaciones es la del tiempo que dedicamos a las actividades que nos aportan bienestar personal, aquellas con las que recargamos pilas:

“He dejado la tranquilidad de los fines de semana por pensar días antes qué haremos para no tener a la niña todo el día encerrada en casa a pesar de que yo trabajo los fines de semana y estoy agotada. En definitiva, mis momentos de descanso y relax.” – Madrastra de una

“¡He dejado de lado mis hobbies! Y lo peor de todo es que no sé identificar el motivo.” – Madrastra de dos y madre de uno

Si con esto no es suficiente para que la familia cuaje, empezamos a desprendernos de nuestras partes más incómodas, aquellas con las que brillamos “demasiado” o las que nos dan fuerza para marcar límites:

“Dejé de lado mi espontaneidad para adquirir una bipolaridad que me cuesta encajar a día de hoy. No soy la misma persona la semana de novios que la de niños. Cuando están ellos pierdo libertad de ser yo y me convierto en una persona comedida. Todo para encajar y que «fluya» más o menos todo. ¡Una locura!” – Madrastra de dos

“Dejé de lado mi orgullo, dejé de decir lo que pienso y también mi mala ostia. Pero también quiero añadir que no es sólo lo que dejas de lado sino también lo que haces de más por encajar. Los continuos sobreesfuerzos te hacen olvidarte de ti misma y de tus cuidados. ¡Al final te dejas de lado a ti misma!” – Madrastra de uno

“Mucho control emocional para llevar bien comentarios o cosas que cotidianamente me duelen…” – Madrastra de una

“Ese autocontrol férreo que hace que por la noche solo quieras desplomarte en la cama. ¿Y vosotras no os habéis pillado después revisando lo que habéis hecho durante el día para detectar posibles meteduras de pata?” – Madrastra de uno

Un duelo inevitable

Este proceso de transformación personal en que constantemente quitamos de aquí y añadimos allá para que todo esté «en su sitio», lo hacemos al mismo tiempo que atravesamos una pérdida menos evidente en la superficie pero que tiene un enorme calado: la de nuestra idea de casa, pareja y familia.

“Por encima de todo he dejado de lado mi tranquilidad, he dejado mi casa para irme a otra que a veces no siento como mía porque no encuentro mi lugar en ella. Y algo que también siento que perdí es ser, por lo menos por un tiempo, la persona más importante para mi pareja… Lo más importante para él es su hija, y así tiene que ser, pero a veces siento que estoy en un segundo plano y mi autoestima se viene abajo.” – Madrastra de una

“He dejado atrás, en definitiva, un concepto de pareja, de familia, incluso de vida para dar paso a otro, muy nuevo para mí, con sus cosas buenas y malas, pero muuuuuuuy cansado.” – Madrastra de una

Este sí es un duelo inevitable: el de unas expectativas que no se van a cumplir en un ámbito tan nuclear como la familia, que en nuestra cultura representa el lugar de seguridad, valoración y afecto por excelencia.

Como en todo duelo, para elaborarlo y dar lugar a nuevas ilusiones, nos hace falta tiempo, espacio y autocuidado. Qué pena que todas estas cosas nos las hayamos negado al convertirnos en madrastras.

Efectos secundarios y alternativas a la cirugía

Solo cuando nos damos cuenta de que el ideal que tenemos de la madrastridad nos impone unas medidas tan imposibles como las de la Barbie y que la cirujía que nos aplicamos tiene graves efectos secundarios, podemos empezar a parar. Podemos cuestionar una dinámica que iniciamos, tiempo atrás, en modo automático.

¿Qué significa “modo automático”? Pues es lo que hacemos empujadas por ideas y modelos tan enraizados en nuestra forma de ver el mundo que se funden con la realidad objetiva. Algunas de estas ideas en las que vivimos son:

  • Que, como mujeres, nuestro valor está en la valoración que nos dan los demás.
  • Que las necesidades de los demás son más importantes que las nuestras.
  • Que la cohesión familiar es responsabilidad nuestra.
    Que amor significa encaje perfecto, fusión.
  • Que las madrastras somos usurpadoras de un lugar que no nos corresponde y un potencial peligro para las criaturas.

 

Algunas de estas ideas toman especial relevancia con la madrastridad, pero otras nos afectan por el simple hecho de pasar de vivir solas a formar una familia, una experiencia que tiene un matiz especial de desindividualización cuando lo vives como mujer:

“He dejado de pensar en lo que me apetece para pensar durante todo el día en qué tengo que hacer. […] He dejado atrás mi vida de ‘persona sin hijos’ para adquirir esas responsabilidades, aunque nadie fuera de casa lo vea.” – Madrastra de una

Creo que en resumen yo antes disponía de mi tiempo por y para mí: tiempo de ocio, de relax, las decisiones solo dependían y me afectaban a mí. Al pasar poco a poco de ser sentirme ‘individuo’ a sentirme parte de una familia he perdido cierta libertad e independencia.

 

Es necesario desnaturalizar estas ideas para darnos cuenta de que están actuando bajo la superfície, empujándonos a tomar decisiones que nos perjudican. Ponerlas en nuestro punto de mira también nos permite cuestionarlas y crear nuevos modelos.

Esto es especialmente importante cuando eres madrastra, ya que generalmente la vida en familia mina tus reservas de afecto, seguridad y pertenencia (por lo menos al principio) y es de vital importancia reservar tiempo y energía para cubrir esas necesidades y recargar pilas fuera de casa.

«La semana que está la niña, Dejo de lado la tranquilidad de estar en mi nido, recogida y a salvo. Tengo la sensación de estar demasiadas veces expuesta, en peligro…» – Madrastra de una

 

Con el tiempo y la experiencia, muchas mujeres y madrastras descubrimos que “encajar” o “fundirnos” quizás no es la única manera de estar en familia. A lo mejor, si nos damos un poco más de espacio, podemos caber todas y todos, cada cual con sus aristas y sus formas únicas, cada cual con su individualidad.

“A veces sentía como si estuviera de ‘duelo’ por la persona que era y la que soy. Por esas partes ‘amputadas’. Como eso me cabreaba, decidí pasar al punto en que estoy ahora y tratar de re-incorporar esas cosas que son partes importantes de mí que no quiero perder (viajes, ratos de soledad y demás). Confío y creo en encontrar el equilibrio. ¡Aunque no sea fácil!” – Madrastra de uno

 

Este artículo no lo habríamos podido escribir sin las aportaciones de la comunidad de Materia. Queremos daros las gracias a todas por estar ahí latiendo, compartiendo lo que conocéis de primera mano porque lo vivís en vuestra piel. Entre todas podemos crear conocimiento libre de teorías lejanas, un conocimiento vivo y vivido que arroje luz sobre la experiencia de la madrastridad. Me siento privilegiada de poder crecer con vosotras.

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