¿Y si dejamos de hablar de la ex?

La semana pasada lanzamos una breve encuesta en redes. ¿Cómo deberíamos gestionar la relación con la ex? ¿Intentamos llevarnos bien a toda cosa o es mejor pasar de ella e intentar ser lo más felices que podamos?

A pesar de que la segunda opción fue la que ganó por goleada, valientes se atrevieron a matizar sus votos, haciendo hincapié en que intentar quemar todos los cartuchos posibles para labrar una buena relación con la madre/padre de las criaturas es siempre la opción más deseable por el bienestar de todos. Pero no es siempre la opción plausible.

Cuando nos damos cuenta de que nuestras buenas intenciones simplemente caen en saco roto y que se nos puede llegar a malinterpretar cada gesto que hacemos por el bienestar de nuestra familia enlazada, empezamos a sentirnos maltratadas y resentidas. Y se genera el verdadero conflicto.

¿Cómo es posible que siempre tenga un mal pensamiento dirigido contra mi?

¿Por qué me odia tanto si en realidad no hemos cruzado ni dos palabras en nuestra vida? Cuando nos sentimos rechazadas muchas veces entramos en una espiral de autoconfirmación para intentar afianzar nuestro valor como personas y mujeres porque existe una persona que nos repudia con todo su ser. Y en ocasiones, cuando nos dejamos arrastrar por nuestro miedo al rechazo y a que hablen mal de nosotras, iniciamos sin pretenderlo una campaña propia de desprestigio con nuestros seres queridos. ¡Ella tiene que ser peor que yo! Y ahí chicas, hemos dejado que la ex nos gane la batalla contra nuestro subconsciente.

¿Recordáis alguna situación en el colegio o el instituto en el que un amigo cercano decidiera alejarse de nosotros por cualquier malentendido o conflicto?

¿Cómo nos sentimos en aquel momento? A lo largo de nuestra vida muchas son las personas que entran y salen de ella. Algunas pasan dejando un recuerdo agradable y dulce y otras llegan para desmontar todo nuestro mundo dejando una sensación agridulce. Volvamos a pensar en las amistades de nuestra juventud que se fueron. ¿Imagináis que siguiésemos hablando de ellas con resentimiento? Si hubiésemos mantenido aquellos sentimientos generados por el desacuerdo con aquella persona importante que se marchó, posiblemente no hubiésemos podido dar un paso adelante en nuestra propia vida.

Y entonces, ¿Qué pasaría si simplemente dejásemos de hablar de la ex?

La ex es esa persona con la que puede que mantengas un desacuerdo perpetuo. O quizás no y con el tiempo os lleguéis a comprender. Pero en este mismo momento es la persona que está llenando tus conversaciones en familia, que está copando tus pensamientos y posiblemente envenenando tu vida (y tu pareja). ¿Y si aceptamos que el desacuerdo es la norma? ¿Y si cada vez que tengamos la tentación de nombrarla tuviésemos que echar 1 euro en una hucha?

Lo que he aprendido cuando he dejado de pensar en nuestra ex es que no es una tarea fácil. Cuesta asimilar que existe una persona con la que no tratas de forma amigable que afecta a tu vida en familia. Pero también aprendí que yo misma le estaba dando un espacio de honor en mi casa cuando pensaba en cómo iba a reaccionar a tal o cual cosa que había sucedido. O cuál sería la próxima reacción inesperada. Y eso me generaba un grandísimo estrés que estaba afectando a otras parcelas de mi vida privada. Así que puse en práctica una estrategia. Si ella aparecía en mis pensamientos y empezaba a arrastrarme a la ansiedad alejándome de mi vida diaria, tenía que respirar con profundidad. Tocar los objetos que tuviera a mi alrededor y centrarme en sentir cómo la luz del sol se colaba por la ventana. Ella no estaba ahí en ese momento, en mi casa, en mi vida. Y yo no tenía por qué dejarla estar.

Recuerdo aquella amiga íntima que se distanció de mí en el instituto por un desacuerdo con un tema relacionado con los chicos. Pasó de conocer todos mis secretos personales de aquel momento a no hablarme. Con el tiempo decidió además decir cosas malas de mí a la gente que iba conociendo. Aquello fue un golpe bajo y yo sentía que no quería ni salir de la cama. ¿Y si todo el mundo empezaba a verme a través de los ojos de aquella amiga resentida? ¿Qué pensarían de mí?

Con el tiempo me di cuenta de que en el instituto había más gente con la que hablar, con la que salir y que no le importaba lo que otra persona pudiera decir de un tercero porque básicamente no conocían a ninguna de las dos. Me relajé. Empecé a tomar distancia del resentimiento hasta que se convirtió en su problema. Si ella quería invertir su tiempo en desacreditarme, era su decisión. Yo tenía otras prioridades en las que pensar. Exámenes, amigas, chicos.

Imaginad la cantidad de gente que hay en una vida entera.

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