Ser o no ser madre tras la madrastridad es una cuestión que lleva de cabeza a muchas parejas. Los puntos de inicio para abordar el tema de la expansión de la familia no siempre son compartidos por la pareja, dependiendo de si uno o ambos aportan hijos a la relación. Las expectativas marcan el ritmo de la negociación y las posibilidades son variadas. Desde desear ser madres y que no sea una dicha compartida por nuestra pareja hasta decidir que la madrastridad no es suficiente y centrarnos en nutrir las relaciones familiares existentes y de pareja.
Pero una vez tomada la decisión de añadir un nuevo miembro a la familia, hay que tener en cuenta diferentes aspectos. Por un lado, todo el mundo disfruta de tener una embarazada cerca, es un momento de dicha y a la vez de dudas y mucho flujo de información. Al ser madrastras le añadimos un plus de complejidad al asunto por lo que podemos decir:
Lo que sí debe ser un embarazo madrastril
Suena a tópico, pero el embarazo es tuyo y de tu pareja. Y de nadie más. Es un momento de introspección, sentido, íntimo y muy emocionante. Hay muchas emociones en juego, pero sobre todo nos proyecta en el horizonte una perspectiva de cambio emocionante. El embarazo es un momento para centrarnos en nosotras, nuestras necesidades, deseos y expectativas. No hay una única forma de vivirlo, pero la forma en la que lo vivimos si es única.
Lo que no debe ser un embarazo madrastril
Ser madrastra acarrea el hecho de que al menos uno de los dos miembros de la pareja ha experimentado ya el proceso de gestar una nueva vida. Independientemente de cómo se vivió la experiencia (si fue positiva, regular o traumática), siempre quedan ciertos prejuicios que pueden arrastrarse como una losa desde el inicio de las conversaciones sobre si ampliar o no la familia hasta el momento de vivir el embarazo. Sí, puede que nuestra pareja ya sepa que es estar en un paritorio, pero eso no tiene por qué hacernos sentir más seguras ni mejor acompañadas, tampoco le exime de acompañarnos a nuestras citas médicas o a través de nuestros temores y dudas. Cada embarazo se debe plantear como un inicio de cero en el que vivir la experiencia sin cargar con pensamientos del pasado. Lo mismo sucede con la familia política. Haber experimentado el nacimiento de un nieto o un sobrino de una forma determinada no nos obliga a tener que cumplir con las necesidades y expectativas de terceras personas, menos aún si eso implica dejar de lado nuestras propias necesidades y deseos en pro de los demás. Es momento de que nos cuiden, no de cuidar del resto.
¿Cómo expongo mis necesidades sin iniciar una guerra civil en la familia?
Abordar el tema de la maternidad durante la madrastridad siempre nos llena de culpa y dudas. Tememos que nuestra pareja no se encuentre en sintonía con nosotras y nos decepcionamos antes de tiempo. La premisa primera siempre es hablar del ello evitando eufemismos. La maternidad es importante para mí, ¿estamos en la misma página?
Puestos los cimientos de la comunicación y habiendo establecido acuerdos antes de empezar el camino hacia la búsqueda de un nuevo descendiente nos facilitará el camino para mantener la puerta de la comunicación abierta. Superado el primer y gran escollo dejemos el temor a un lado y no dudemos en verbalizar todo aquello que nos preocupe.
«¿Querrás al nuevo hijo/a igual que a mis hijastros?» «¿Nos turnaremos para atender a todos o cada no atenderá preferentemente a sus hijos?» «¿Qué papel desempeñará tu familia y mi familia dentro de la familia enlazada?» «¿Qué papel jugarán mis hijastros con el bebé?».
Ninguna pregunta es banal y es mejor no dejarse nada en el tintero. Dudar es humano y el embarazo es un proceso largo en el que no siempre nos sentiremos con la misma fuerza y energía. Si te aborda la inseguridad con respecto a algún tema concreto, sácalo a debate.
Lo que SÍ debe ser un embarazo es un proceso tranquilo, consensuado y de diálogo en pareja y con una misma. Un proyecto de autoconocimiento sin tapujos y una etapa de crecimiento personal.
Lo que NO debe ser un embarazo es un proceso en el que nos sintamos espectadoras de nuestra vida, en el que releguemos nuestras necesidades a los deseos y expectativas de los demás y en el que sucumbamos a los temores a causa de los prejuicios de terceras personas.

MCBG
5 noviembre, 2019mi pareja y yo planeamos un embarazo para octubre del 2020, elegimos la inseminación in vitro (o la elegí yo cuando guardé mis óvulos) por motivos personales. Mis preocupaciones rondan sobre el tema ecónomico y mi situación profesional, inestable aún, puesto que tenemos que mudarnos a otra ciudad. Otra de las grandes preocupaciones es que la ex no suelta el odio y el dolor. Seamos sinceros, a mi me conviene que no me planten a los niños por ahí. Pero tengo una responsabilidad moral y creo firmemente que tiene derecho a tener padre y que es necesario por el bien de ellos (que no mío) que pasen mucho tiempo con él, por lo que propuse una custodia compartida de un año y un año. Se que esto no sucederá pronto pero vivo con gran temor por los efectos que la madre tiene en ellos, por la mala educación, por la influencia que serán para mis hijos, por su gran sufrimiento, porque les han robado su infancia etcétera. EL caso es que últimamente no encuentro la paz. ¿Alquien vive lo mismo que yo? ¿o soy la única loca que cree 1. en la ética, 2. en la moral, 3. en el deber ser, y mas o menos bastante en la familia tradicional?.
Todos dicen que esto será un fracaso, que nos irá mal, no he oído en tres años palabras de alegría y aliento, por lo que he trabajado mucho, más bien hemos trabajado mucho en la pareja para que este barco tenga menos posibilidades de naufragar. ¿Por qué me pesa tanto lo que los otros creen? ¿Por qué siento tanta angustia?
Berta
5 noviembre, 2019Hola MCBG. Son muchas dudas rondando tu cabeza, no me extraña que estés angustiada. Sinceramente, creo que todos estamos anclados en la idea de la familia tradicional, por eso vivimos la realidad de la familia enlazada con tanta angustia, tratando de adaptarnos a un modelo en el que simplemente no encajamos y culpándonos por privar a los niños de una infancia en «el único modelo familiar sano». Que si lo piensas un momento te das cuenta de que puede ser muy sano o nada sano, pero bueno, esa idea la tenemos todos muy enraizada. Después está el estigma de la madrastridad, que nos pinta como malas, separadoras de la gran institución de la familia, usurpadoras del lugar de la sacrosanta madre y básicamente malas. Esto racionalmente nadie lo acepta, pero hemos observado que las madrastras tenemos una gran ansiedad entorno a hacer las cosas «bien», imagino que para demostrar (a los demás y a nosotras mismas)que sí somos buenas. Hasta el punto de tirar piedras sobre nuestro tejado. Véase: tú quieres centrarte en tu maternidad y en lograr una estabilidad económica pero te encuentras PROPONIENDO TÚ una custodia compartida de años alternos. Creo que no eres la única que tiene la angustia de la ética, y también creo que con el tiempo, vivimos mejor si logramos salirnos un poco de todo eso del bien y el mal, y de «lo que tiene que ser», para vernos un poco a nosotras mismas. De hecho recomiendo abiertamente a las madrastras no hacer propuestas de ampliar custodia, porque es frecuente que después el peso de la cotidianidad recaiga más sobre ellas y si fueron ellas quienes quisieron se encuentran en una posición muy complicada para regular su implicación hasta un nivel que sea aceptable para ella, poner sus límites. Por otro lado, creo que si un padre tiene el deseo de pasar más tiempo con sus hijos, es importante respetarlo. Por eso con el tiempo he ido ubicando la posición de las madrastras más en la retaguardia que en la vanguardia en temas de custodia. Que el padre quiere pedir más tiempo: «cariño, tienes mi apoyo». Que no hace el paso: haces tú lo que esté más alineado con tus deseos y tu cotidianidad. Que finalmente vienen más los niños a casa: el padre es quien tiene el papel principal como cuidador y adapta sus horarios, y si me pide ayuda, por supuesto, se la doy (siempre teniendo en cuenta mis propios límites). Cuando hablo así no quedo como la madrastra del año, sin embargo siento mucha más paz conmigo misma, y eso facilita que la relación y la familia al completo siga su rumbo, se mantenga a flote, como tú dices. Para mí la vía de «lo correcto» es necesaria y está bien, pero siempre con mesura y mirando de frente a tus propias necesidades.