Por qué las madrastras damos tanto miedo

video-vigilancia

Durante mucho tiempo hemos deseado que se hablara más de la realidad de las familias ensambladas y de las madrastras para lograr reconocimiento social y dejar atrás el estigma con el que cargamos.

Pero ya lo dicen… Ten cuidado con lo que deseas porque podría convertirse en realidad.

Desde hace unos meses vemos aparecer en periódicos y revistas voces “expertas” que hablan cada vez más de las madrastras. Pero ¡que sorpresa! En vez de darnos voz se dedican a definir lo que una madrastra es y debe ser. En vez de crear un espacio de libertad parece que la tónica es ponernos normas y limitaciones:

  • No seas una amiga, se una adulta de referencia.
  • Sé una adulta de referencia pero deja que tu compañero tome las decisiones sobre sus hijos.
  • Deja que el padre tome las decisiones sobre sus hijos pero pon normas en casa.
  • Pon normas en casa pero no actúes como una madre.
  • No actúes como una madre pero ama a tus hijastros como si fuesen hijos tuyos.
  • Ama a tus hijastros como si fuesen tus hijos pero ten muy en cuenta que SOLO eres “la novia de papá”.
  • Sólo eres la novia del padre de tus hijastros, no tienes ningún derecho sobre ellos, pero a partir de ahora ellos tienen que ser tu prioridad.

Que alguien mire todas estas directrices y me diga qué rendija podemos usar las madrastras para integrarnos en nuestra familia, por que yo no la veo. Lo cierto es que estas «definiciones» blindan a las familias contra nuestra influencia.

¡Por favor! Las madrastras somos simples mortales. ¿Tanto miedo damos que hay que desplegar todas estas restricciones para mantenernos a raya?

Las madrastras damos miedo

Damos miedo porque ponemos en cuestión ideas sobre la familia que hasta ahora han sido incuestionables:

  • La familia nuclear es el único modelo familiar estable y funcional, el único donde es posible ser feliz. Hay que protegerla incluso después de que la pareja se separe, porque es la base de nuestra organización social. Cuando te recuerdan que sólo eres “la mujer del padre de los niños”, te están diciendo que a pesar de todo, el núcleo familiar es el del primer matrimonio y sus frutos. Que tu posición rivaliza con el sacrosanto lugar de la madre ante el cual debes inclinarte y que incluso dentro de tu núcleo familiar, los niños siempre irán primero.
  • La mujer se hace valiosa en el núcleo de su familia, criando a sus hijos, atendiendo las necesidades de todos y velando por la estabilidad emocional de la familia. Esta idea es la que más me subleva, porque nos oprime tanto siendo madres como siendo madrastras. A causa de esta idea, cuando una mujer decide separarse del padre de sus hijos lo hace con un sentimiento de fracaso personal, y es esta idea la que hace que ponga en duda su valía cuando llega una madrastra: “¿Y si a mis hijos les gusta más ella que yo?” “¿Por qué ella logra que funcione una relación que conmigo fracasó?”. De repente hay dos mujeres rivalizando para ser valoradas dentro de una familia que son dos y una al mismo tiempo, dando por descontado que el terreno que una gana lo pierde la otra; que el éxito de una es el fracaso de la otra. Esto es terrible para la autoestima de ambas, y es la piedra de toque de la rivalidad entre madres y madrastras.
  • Los hijos son responsabilidad exclusiva de los padres. La presencia de cualquier otra persona constituye un peligro potencial. Otra de las leyes sagradas de nuestra sociedad individualista, que como madres nos obliga a criar en solitario y como madrastras nos cuelga el letrero de “¡Danger!”, provocando que todo el mundo se aleje de nosotras.

El resumen, los mensajes que recibimos vienen a decirnos:Definir nuestro rol

  • No tienes poder
  • No debes figurar
  • Eres una anomalía en la familia
  • Cuidado madrastra: te estamos vigilando

¿Qué hacer? Definir nuestro propio rol

Convertirse en madrastra ya entraña suficientes dificultades como para tener que lidiar también con la falta de conciencia social y con un sistema de valores que no tiene un lugar para nosotras.

Por eso hagamos oídos sordos a cualquiera que trate de definir nuestro papel diciéndonos lo que no debemos ser y lo que no podemos hacer. Ante la falta de referentes, somos nosotras quienes escribimos esta historia, así que nos corresponde a nosotras poner las normas, partiendo de nuestro sentir.

Las mías son:

  • Yo decido cuál es mi papel en casa. Mis guías son: el pleno conocimiento que tengo de mi familia, la negociación con sus miembros y mi forma de sentir.
  • Yo no soy “sólo la pareja de papá”, sino que tengo una relación directa con mi hijastro, que se traduce en sentimientos, tiempo, energía y dinero. A la hora de nombrar esta relación he elegido autodenominarme su madrastra. ¿Por qué? Porque es la manera de dejar claro que él es algo mío (MI hijastro) y yo soy algo suyo (SU madrastra).
  • Yo figuro en la vida de mi hijastro en todos los aspectos en que deseo hacerlo y en los que él desea que lo haga. Con la única restricción de las limitaciones legales con las que nos hemos encontrado (que por desgracia aún son importantes). A veces elijo no figurar para evitar que su madre pueda sentirse herida, pero es una decisión que tomo libremente teniendo en cuenta costes y beneficios.
  • Yo decido cómo y cuánto colaboro en el cuidado de mi hijastro, negociándolo con mi pareja. El cuidado de mi hijastro no es mi obligación por el hecho de ser la pareja de su padre, ni por el hecho de ser mujer. Es una decisión que tomo libremente y espero cierto reconocimiento por parte de mi pareja.
  • Yo participo en las decisiones de crianza de mi hijastro en la misma proporción en que me implico en su cuidado. A más implicación, más peso espero que tenga mi parecer. Y me guardo el derecho a dejar o no asumir responsabilidades si mi criterio o mis necesidades no se tienen en cuenta.
  • Me comprometo a respetar a mi hijastro, a cultivar activamente la relación con él y a velar por su bienestar. Pero no me comprometo a quererle de una u otra forma. Puedo comprometerme a tener una actitud, pero no puedo comprometerme a tener un sentimiento, puesto que los sentimientos son espontáneos.
  • Mis necesidades son mi prioridad. No voy a hacer algo que crea que va a dañar a mi hijastro, pero eso no significa que el niño sea la prioridad. Mantener el foco en mis necesidades hace que me sienta a gusto en la familia y además me convierte en una mejor compañía.

Dime, ¿cuáles son tus normas?

 

Imágenes diseñadas por Freepik. Saber más. Saber más.