Crianza respetuosa para madrastras: la gestión de las emociones

La crianza respetuosa es una concepción del trato entre adultos y niños que parte de una corriente de psicólogos, en especial de Wilheim Reich, que se dieron cuenta de que se pasaban la vida atendiendo a adultos que necesitaban curar sus heridas de la infancia.

En nuestras sociedades el trato con los niños atenta contra la mayoría de sus necesidades básicas.

Así que en vez de seguir poniendo parches empezaron a preguntarse qué era lo que estaba pasando para que tanta gente llegara a la edad adulta con esos déficits. Pronto se dieron cuenta de que en nuestras sociedades el trato con los niños atentaba contra la mayoría de sus necesidades básicas, empezando ya en el embarazo, el parto o la lactancia.

Como madrastras no tenemos mucho que aportar en cuanto esa relación biológica, pero si buscas una manera harmoniosa de relacionarte con tus hijastros, tienes que conocer los principios de la crianza respetuosa, porque te van a encantar.

No es garantía de éxito (nada lo es cuando hablamos de la relación madrastra-hijastros), pero sí es un bálsamo tanto para ellos como para ti, y además es la piedra de toque de una relación basada en la confianza mutua.

Este es el primer post de una serie de tres que vamos a hacer sobre crianza respetuosa. El primero lo dedicamos a la gestión de las emociones, en el segundo hablaremos de la autoridad y en el tercero de la autonomía. ¡No os lo perdáis!

1. Gestión de las emociones con los niños

¿Cómo reaccionar ante una pataleta? ¿Es sano atender a las demandas del niño? ¿Me está manipulando?

Todas nos hemos hecho estas preguntas, así que vamos a ver qué respuestas podemos darles desde la crianza respetuosa, y además veremos cómo aplicarla desde nuestra postura de madrastras.

Contacto

El contacto es la base de la crianza respetuosa. Como mamíferos que somos, necesitamos el contacto de nuestras personas queridas para sentirnos a salvo. Esto se magnifica mucho en los niños, ya que de forma instintiva son conscientes de su vulnerabilidad y sienten que su supervivencia depende de la cercanía de su mamá, papá o adulto de referencia.

Lo que propone la crianza respetuosa es que dejemos de desconfiar de los pequeños.

Cuando los bebés lloran en su cuna o en el cochecito, cuando los peques se caen y buscan un abrazo, tendemos a darle poca importancia o incluso a pensar que es cuento y que nos quieren “manipular”. El resultado es un niño que se siente en peligro y un adulto resentido.

Lo que propone la crianza respetuosa es que dejemos de desconfiar de los pequeños: si lloran o se quejan es porque necesitan algo de nosotros, aunque sea tan sencillo como estar en brazos o recibir una caricia. No hay ningún adulto que necesite terapia por exceso de contacto en su infancia. Al contrario, cada muestra de cercanía que les damos es una inyección de seguridad que les ayudará a sentirse seguros y mirar adelante durante el resto de su vida.

Las madrastras muchas veces no somos el adulto de referencia para los pequeños y ellos no buscan nuestros brazos. Pero hay maneras en las que podemos practicar el contacto:

  • Dándolo cuando vemos que los niños los buscan
  • Respetando los momentos en que buscan ese contacto con su padre.
  • Estableciendo contacto visual con ellos, prestándoles atención o expresando el afecto a través de palabras o acciones. Cuando la relación no admite el contacto físico, siempre podemos recurrir a estas otras formas de contacto, que también confirman nuestra cercanía.

Tomar en serio sus sentimientos

Las pataletas, las rebeliones, las mentiras e incluso los insultos son muestras de que alguna necesidad importante no está siendo atendida. Porque nadie se comporta de forma destructuva cuando se siente bien, y ese es un principio que a menudo olvidamos cuando tratamos con niños.

Nadie se comporta de forma destructuva cuando se siente bien

A veces es difícil mirar más allá de esa actitud molesta (especialmente cuando no contamos con el amor incondicional que sienten los padres y madres), y quizás hace falta que pase el momento y verlo con más perspectiva. Pero si aún con la perspectiva de unos días seguimos sin saber qué pasa y esos comportamientos se repiten es el momento de pedir la opinión de una psicóloga (afín a los principios de la crianza respetuosa, claro).

Como madrastras nos cuesta interpretar esos comportamientos porque no conocemos toda la historia del niño, y también porque a menudo esos comportamientos están en conflicto con nuestras necesidades, lo cual dificulta que fluya la compasión. Pero saber que esos enfados no son gratuitos nos va a ayudar a llevarlos mejor.

Tratar de atajar los “malos” comportamientos con «consecuencias» no ayuda a resolver el problema, sino que es como poner un tapón.

A veces nosotras podemos ayudar aportando una perspectiva externa que los padres no tienen. O a veces, si no podemos conectar con el niño, también podemos ayudar apoyando y valorando los intentos del padre de conectar con sus hijos.

Lo que la crianza respetuosa ve muy claro es que en estos casos tratar de atajar los “malos” comportamientos con consecuencias (o, dicho en el lenguaje de siempre: con castigos) no ayuda a resolver el problema, sino que es como poner un tapón y a la larga va a provocar que el niño se distancie de nosotros.

Si empezamos a aplicar premios y castigos, ellos esconderán sus sentimientos no deseados cuando estén en casa pero necesitarán buscar otro ambiente u otro momento vital para explorarlos. Y es mucho mejor que no se vean obligados a hacerlo en solitario.

Acompañar los sentimientos intensos

Tanto los que consideramos positivos como los que consideramos negativos. Este punto está en relación con el anterior. Cuando el niño se encuentra en medio de una explosión, aunque no la entendamos, lo mejor que podemos hacer es mostrarle que estamos ahí para acompañarlo.

No aislarlo, no marcharnos, no reñirlo ni tratar de distraerlo. Sino estar a su lado. Si él es quien decide marcharse, siempre podemos llamar a su puerta y decirle que estaremos ahí cuando él quiera salir. La idea es mantener el contacto.

Y una vez más, si nuestra relación con los niños no nos permite realizar ese acompañamiento, bien porque ellos no nos buscan o bien porque nosotras no conectamos con ellos, estaremos practicando la crianza respetuosa si apoyamos al padre en esos momentos.

La prioridad es que cuando el niño experimenta sentimientos difíciles que todavía no ha aprendido a gestionar, tenga a alguien cercano a su lado que le de a entender que eso no es malo, y que le transmita su amor incondicional.

Pronto publicaremos la segunda parte de esta serie de artículos sobre crianza respetuosa, que versará sobre la autoridad. Te esperamos.

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