Manual de instrucciones para familias reconstituidas

 

En el post anterior recomendé un libro titulado “En lo bueno y en lo malo: La experiencia del divorcio” de E. Mavis Hetherington y John Kelly, pero me he dado cuenta de que no es tan fácil encontrarlo, así que me permito compartir con vosotras algunos fragmentos interesantes acerca de las expectativas, problemas y soluciones en la construcción de una familia reconstituida.

Las 4 fantasías destructivas

“He aquí cuatro fantasías muy comunes que pueden fomentar expectativas peligrosas con respecto a la familia reconstituida:

1. El mito de la familia nuclear

Este mito crea la expectativa de que una familia reconstituida va a funcionar de manera similar a la de una familia nuclear. Los creyentes de este mito esperan que los miembros de la nueva familia estén muy unidos, que los hijos respeten a los padres y que los apéndices incómodos como un ex marido o un padre no residente desaparezcan. El mito de la familia nuclear fomenta esperanzas acerca de la unión familiar que pueden resultar destructivas. […] Incluso en familias reconstituidas de larga duración, las relaciones muy estrechas no son la norma.

2. El mito de la compensación

“El mito de la compensación, otra fantasía común sobre las familias reconstituidas, ocurre a menudo entre personas que han tenido un primer cónyuge poco satisfactorio, y, sin darse cuenta, comienzan a considerar al segundo como una especie de compensación. Se espera de la nueva pareja que sea todo aquello que no fue el antiguo y problemático cónyuge: amable, sensible, atento y fiel.

“Además de la posible decepción, puesto que la nueva pareja puede que tenga tantos defectos como la anterior, aunque sean diferentes, la esperanza de la compensación también puede producir conflictos matrimoniales. Nadie quiere calzarse los zapatos de otro; las personas prefieren ser ellas mismas, y cuando las presionan para que sean lo que no son, suelen ofrecer resistencia y enfadarse.

3. La esperanza del cariño inmediato

“La esperanza del cariño inmediato es casi tan común como el mito de la familia nuclear e igualmente peligrosa. Los nuevos padrastros, creyendo que el matrimonio es una forma de autorización para el ejercicio de la paternidad, se imaginan que poseen un afecto y una autoridad que en verdad tienen que ganarse.

“El mito del afecto inmediato, común entre los hombre solteros como Nick Lang [uno de los sujetos del estudio], puede llevar a la desilusión todavía con mayor rapidez que el mito de la familia nuclear. Nick se sintió ofendido cuando intentó abrazar a Leah el día en que se conocieron y ella lo apartó. Y él nunca olvidó lo que su hijastra le dijo entre lágrimas antes de marcharse del banquete de bodas: ‘Nunca serás un verdadero miembro de esta familia’.

4. La fantasía del rescate

“Esta fantasía a veces adopta la forma de un padrastro que piensa que él ‘enseñará a esos niños a comportarse’, y los rescatará de la disciplina errónea, demasiado permisiva o ineficaz del progenitor que tiene la guardia y custodia. En otras ocasiones, adopta la forma inversa es decir, intenta rescatar al padre o la madre que tiene la custodia, agobiado e incompetente, de sus desobedientes e ingobernables hijos.

“En el caso de los padres divorciados que tienen la custodia, esta fantasía implica la esperanza de que la segunda esposa se hará responsable del cuidado y la educación de sus hijastros. Gornos Salisbury, un ejecutivo muy ocupado que tenía la custodia de sus dos hijas, tenía grandes dificultades para hacer compatibles las exigencias de su trabajo y el cuidado de las niñas, y se resentían tanto ellas como su carrera. Gordon pensó que sus problemas se resolverían tras su boda con Martha, una mujer cariñosa y responsable, y volvió a sus antiguas costumbres de trabajar hasta tarde y emprender frecuentes y largos viajes de negocios.

“Y Martha tenía que ocuparse sola de dos niñas resentidas cuyo grito de batalla era: ‘¡No tenemos por qué obedecerte, tú no eres nuestra verdadera madre!’. Gordon se mostraba crítico con sus indisciplinadas hijas y con Martha, que no conseguía imponerse. Ella, por su parte, estaba disgustada por la falta de apoyo y participación de Gordon.

Lo que divide a la pareja en una familia reconstituida

«No es una casualidad que el índice de divorcios sea un 50% más elevado en los segundos matrimonios con hijastros que en aquellos que no los tienen. Los niños pueden ayudar a unir o a desunir un segundo matrimonio.

La tarea de consolidar una relación matrimonial en presencia de los hijos y de interpretar de manera aceptable el papel de padrastro ante el padre biológico y ante los hijastros, así como la de mezclar hijos de dos familias diferentes, con parentescos biológicos distintos, en una misma casa, son verdaderamente formidables.

Si estas cuestiones no pueden resolverse, llevan a la infelicidad y, con frecuencia, al divorcio.

El nacimiento de un nuevo hijo suele consolidar el vínculo matrimonial, y ayuda a que la madrastra o el padrastro se sienta menos ajeno a la familia y le incomode menos la presencia de un hijastro. Con todo, en la mayoría de las familias reconstituidas, gestionar la relación entre padrastro e hijastro es un desafío considerable que puede socavar la estabilidad matrimonial.

“Casi todas las demás razones que hacen que los hombres rompan muy pronto con su segundo matrimonio ––la sensación de estar al margen de la familia, el alejamiento de su esposa, el conflicto permanente con los hijastros o la naturaleza ambigua de la vida en una familia reconstituida–– nos permiten ver lo difícil que es construir un segundo matrimonio feliz sin crear a la vez una nueva familia.

“A pesar de los diversos retos que presenta el nuevo matrimonio y la relación con los hijastros, el 40% de estas parejas fueron capaces de construir uniones estables y razonablemente felices.

La construcción de una nueva familia

“Los primeros y segundos matrimonios, que en algunas cosas se parecen mucho, tienen una diferencia fundamental.

En un primer matrimonio, la piedra angular sobre la cual edificar una familia feliz es la relación satisfactoria entre los cónyuges, y la consecuencia de esto será una relación más positiva entre padres e hijos y también entre los hermanos. En cambio, en muchos segundos matrimonios, esta secuencia está invertida. Aquí, la clave de un matrimonio feliz y de una familia que funcione bien está en el establecimiento de una relación viable entre padrastros e hijastros, con una adecuada solución de los conflictos.

Los hijos pueden desempeñar un papel decisivo en un segundo matrimonio; las parejas que se han casado en segundas nupcias mencionan a los niños como la fuente número uno de estrés y tensiones matrimoniales.

“Cerca del 70% de las parejas está de acuerdo en que el papel del padrastro debería ser similar al de un padre biológico, pero los hijos no se muestran igualmente de acuerdo en este punto, pues a menudo no creen que un padrastro tenga los mismos derechos que un padre, y en ocasiones ni siquiera lo consideran un miembro de la familia.

“Las buenas noticias para las familias reconstituidas es que sabemos cuáles son las cosas que pueden hacer más fácil el papel de padrastro o de la madrastra. Los comportamientos destructivos, que pueden hacer que un niño se interponga como una cuña entre la nueva pareja, disminuyen cuando la madre o el padre biológico continua manteniendo el papel principal en la educación del niño y el padrastro o madrastra, al menos al principio, se limita a apoyarlo en las decisiones que conciernen a la disciplina y se dedica a consolidar su relación con el niño. […] Los niños no admiten la autoridad de un adulto hasta que éste no se ha ganado su confianza y su respeto.

 

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3 Obstáculos en el establecimiento de una relación aceptable entre padrastros e hijastros

1. La resistencia materna

“Las madres solas se quejan con tanta frecuencia de estar agobiadas por sus responsabilidades que deberían recibir alborozadas la oportunidad de compartirlas. Y a veces lo hacen. Pero después de ejercer durante años solas la autoridad parental, estas mujeres a menudo desarrollan una actitud de ‘madres sabelotodo’ que les impide aceptar la ayuda que se les ofrece. Y el resultado es que el hombre que se ha ofrecido a ayudarlas acaba sintiéndose apartado y menospreciado. […] Peor aún, si el padrastro interviene, aunque sea de una manera sensata, con frecuencia es desautorizado. Y esto aumenta sus dificultades con el niño, que decide que si la madre no respeta la autoridad del padrastro, ¿por qué tiene que respetarla él? La consecuencia más habitual de este proceso es una mayor rebeldía y peores comportamientos con respecto al padrastro.

2. Cuando los padrastros se apartan

“Los más común es que los hombres, a pesar de su resistencia a convertirse en padres activos, deseen establecer al menos una relación de camaradería cordial con sus nuevos hijastros. En un tercio de las familias reconstituidas, el esfuerzo inicial por encontrar intereses comunes conducían a una relación parental sólida y responsable, sobre todo con los hijos varones. En otras familias, el hombre adoptaba definitivamente el papel de camarada, y ayudaba en la educación del su hijastro apoyando a su esposa mediante actividades como la supervisión, manteniendo una relación amistosa con el niño.

“Pero, desgraciadamente, en muchas de estas nuevas familias, una actitud permanente de rechazo por parte del niño, unida a sus constantes agresiones verbales, acaban con la buena disposición del padrastro.

El límite del rechazo y los malos tratos que puede soportar el hombre medio parecen estar sobre los dos años. Después de eso, hasta el individuo mejor intencionado, como Nick, pierde interés en desempeñar el papel de padrastro y adopta una actitud retraída y distante, o de colérico malhumor. O ambas cosas. Procuran no tener nada que ver con el niño, lo critican sin cortapisas y, cuando son atacados, no ponen la otra mejilla.

“La resistencia paterna también puede hacer que una familia reconstituida, sobre todo si el matrimonio es reciente, sea vulnerable al efecto bumerán. La mujer, sin ayuda y muy agobiada, comienza a perder el control sobre el niño, que se vuelve aún más rebelde, lo que a su vez hace que el padrastro se aleje todavía más.

“La resistencia de los padrastros a asumir un rol parental supone también una amenaza para la relación matrimonial. La madre biológica se ve atrapada entre el deseo de que su nuevo matrimonio salga adelante y el de proteger a su hijo. Esta división de lealtades puede poner a la madre entre la espada y la pared. […] Lo peor de estas elecciones es que elija lo que elija, la mujer siempre pierde.

3. Cuando se va demasiado rápido

“El entusiasmo excesivo por ejercer como padrastro puede hacer que un niño se vuelva un obstáculo para el matrimonio, tal como sucedía con la resistencia maternal o paternal. A menudo hace que aumente el nivel de obstinación, de rebeldía y de agresividad del niño. Pero en este caso se debe al exceso de cuidado paternales, no a la falta. Este exceso de entusiasmo hace que la pareja transgreda la regla que dice que un padrastro debe establecer una relación positiva con el niño antes de imponer su autoridad.

“La prisa por parte de la mujer es a menudo consecuencia del cansancio. Después de cuidar sola durante años del niño, y de ser la única fuente de ingresos de la familia, la madre está ansiosa porque su compañero la ayude. Y por eso incita a su nuevo marido, aunque éste no tenga muchas ganas de hacerlo, a que desempeñe de inmediato un papel activo en la crianza y la educación del niño.

“En ocasiones, lo hombre demasiado impacientes, como Nick, tratan de usar manifestaciones físicas de cariño para construir una relación más estrecha con sus hijastros. Y esto puede ser especialmente perjudicial con las adolescentes. Nick, un hombre exuberante, abierto y cariñoso, cometió este error con Leah Coleman, cuando trató de darle un abrazo la primera vez que se vieron, y ella lo rechazó, disgustada. El recelo inicial de los hijastros es interpretado por lo padrastros como un rechazo activo, cuando por lo general se trata de una prudente actitud de ‘ve más rápido, forastero’, que encontramos en muchos niños.

“Cuando es una madrastra la que se incorpora a la familia, esta tendencia al exceso de entusiasmo, a la prisa, es aún más marcada. La mujeres, por regla general, del mismo modo que los hombres, prefieren introducirse en el papel de madrastras lentamente, pero a menudo se las presiona para que lo asuman de inmediato debido a lo que podríamos denominar ‘la expectativa del gen maternal’. Casi todos los hombres parecen convencidos de que las mujeres nacen con un gen que las convierte de manera casi inmediata en madres eficaces y experimentadas.

Las madrastras tienen además que vérselas con el problema añadido de la rivalidad con la madre biológica. A diferencia de los padres que no tienen la custodia y que se contentan con desempeñar un papel secundario, de camaradas de sus hijos, o ningún papel, la mayoría de las madres que no conviven con los niños continúan participando activamente en sus vidas. […] Si los niños piensan que la madrastra intenta reemplazar a su madre biológica, o que es su rival, lo más probable es que se muestren hostiles y rebeldes.

Por qué los hijastros se resisten

“Estaría muy bien que los padres o las madres fueran quienes controlaran el establecimiento de relaciones felices en una nueva familia reconstituida, pero no es así como suceden las cosas. La paternidad o la maternidad son una calle de doble dirección, y el comportamiento de los hijastros tiene una influencia importante en las respuestas de los padrastros o de las madrastras. Los hijastros desobedientes, contestatarios y hostiles pueden convertir las relaciones familiares en un infierno. Pero a pesar de que muchos niños en un principio sienten recelo ante las incógnitas de su nueva vida en una familia reconstituida, sólo la cuarta parte muestra una resistencia agresiva. Casi siempre son chicas, y con el tiempo esa resistencia disminuye. Sin embargo, si la relación marital es buena y el padrastro es cariñoso y amable, la gran mayoría de los niños, y sobre todo aquellos que han sido preparados para el nuevo matrimonio y han tenido un contacto previo con el futuro padrastro, a la larga consideran la nueva situación como algo positivo. […] Les agradan las mejoras concretas y las adolescentes valoran especialmente la situación económica mejor.

“Los chicos, que a menudo han vivido ciclos coactivos con sus madres divorciadas, están más dispuestos a ver a los padrastros como aliados potenciales o como compañeros, y los aceptan mejor que las niñas.

“En algunos casos, como sucedía con Leah y Nick, lo que hace que las niñas se resistan son los celos y el temor a que desaparezca la estrecha relación madre-hija. Hemos descubierto que cuanto más íntima ha sido la relación entre ambas antes del nuevo matrimonio, más resentida e inflexible se muestra luego la niña.

“Otros niños se resentían y estaban furiosos porque los padrastros iban muy rápido o se mostraban de inmediato demasiado cariñosos y besucones. Algunos estaban resentidos porque pensaban que la madrastra o el padrastro estaba tratando de sustituir a la madre o al padre biológico, y el nuevo matrimonio acababa con las fantasías del niño de que sus padres iban algún día a reconciliarse.

“Los niños llegaban a apreciar a los padrastros marginados si aportaban dinero a casa, eran un apoyo y un compañero para la madre, y demostraban que podían ser un camarada o un amigo para el niño.

“También eran apreciados algunos padrastros que poco a poco se habían ido mostrando más firmes y habían llegado a ejercer de manera responsable su autoridad. Los niños que tenían uno de estos padrastros responsables comentaban con frecuencia que su vigilancia y su cariño se hacían sentir más seguros. A pesar de todas las dificultades con las que se encuentran las madrastras, hemos visto que muchas mujeres usaban un combinación de paciencia, experiencia y sensibilidad para crear buenas relaciones familiares. Era más fácil que se diera una buena relación con una madrastra cuando el padre apoyaba las medidas disciplinarias que ella fijaba, cuando la primera y la segunda esposa no se comportaban como rivales, o cuando la madre que no tenía la custodia se había desentendido del niño siendo éste muy pequeño.

“Los padrastros que no tenían trabajo, que eran autoritarios o utilizaban los castigos físicos ––especialmente aquellos que eran agresivos con la madre o con el niño–– suscitaban un intenso resentimiento.

“Con las madrastras, la situación es más difícil y más intenso el resentimiento de los hijastros. Las madrastras, incluso aquellas que desearían estar menos involucradas, pocas veces tienen esa opción: siempre se encuentran en medio de la batalla. A menudo se espera de ellas que se ocupen de niños difíciles y recelosos. Tienen que imponer algún tipo de orden en la casa para satisfacer las expectativas de sus maridos, lo que provoca la cólera y el resentimiento de mucho hijastros.

Las alianzas y los chivos expiatorios

“Cuando el conflicto está presente y las emociones desbocadas, cuando las personas tienen expectativas y valores diferentes, la familia se convierte en algo muy parecido a un campo de batalla, o a una campaña electoral. Sus miembros toman partido, se forman alianzas y se intercambian acusaciones, se señala con el dedo al adversario y también se crean chivos expiatorios. Algunas líneas de batalla se dibujan basándose en la historia familias y otras en la construcción o el mantenimiento de nuevas relaciones.

En todas las sociedades, los forasteros son candidatos a ser chivos expiatorios. Cuando sucede algo malo, los jugadores locales, que en una familia reconstituida son la madre o el padre biológico y los niños, a menudo se unen para acusar al forastero.

Los niños también pueden volverse víctimas y convertirse en chivos expiatorios, sobre todo si se encuentran en medio de dos adultos desdichados y en pleno conflicto.

La importancia del momento propicio

La elección del momento adecuado para volver a casarse tiene una gran influencia en el éxito del segundo matrimonio, porque, en función de la edad, los niños serán más receptivos, o menos con respecto a la vida de la familia reconstituida en general y a su nuevo padrastro en particular.

Los segundos matrimonios que tienen lugar antes de que el niño tenga diez años, o después de que haya cumplido 15, tienen mayor posibilidad de ser felices y de generar menos resistencia.

Costumbres, celebraciones y tradiciones

Para que una familia se sienta como tal, necesita una historia y una costumbres comunes, celebraciones y tradiciones. Las familias reconstituidas al principio carecen de estas cosas, pero pueden crearlas: fomentan la identidad y la cohesión familiar.

Las costumbres cotidianas de la vida en familia – cenar juntos a las seis, leer antes de ir a dormir, ir los domingos a la iglesia o dar un paseo por el campo, o ver juntos alguno de los programas de la televisión preferidos por todos–– contribuyen a que una familia reconstituida se sienta arraigada. Ayudan también a que la vida familiar sea más organizada, previsible y estable.

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