Madrastra y madre

Lo que las madres separadas deberían saber acerca de las madrastras

Publicado por Jenna Korf para el blog No one’s the bitch.

*Putualización. Las descripciones contenidas en este post no reflejan todas las situaciones. Hay excepciones, extremos y centenares de escenarios distintos. Pero éstas son las experiencias más comunes para la mayoría de madrastras.

1. Ella no está jugando a las casitas con tu hija o hijo y tu ex

Las madrastras están intentando construir su propia familia, una familia real que incluye a su pareja y a hijos o hijas que no son suyos.
Algunas llegarán a quererlos y otras no, pero están haciendo todo lo posible para que, sea como sea, los niños y niñas crezcan sintiéndose felices y queridos.

Están cultivando una relación e intentando definir su rol en la vida de los chicos y chicas. Mientras tú supiste cuál era tu lugar en su vida desde el primer día, a las madrastras les puede llevar años encontrar el suyo.

2. No tiene que ver contigo

La prioridad de una madrastra es su relación sentimental. Cuando hace algo por su hijastro o hijastra, generalmente la motivación no tiene que ver contigo. No se trata de intentar que parezcas mala o inferior.

Su motivación es la seguridad y felicidad del niño o niña. La motivación es el amor que siente por su pareja.

Ella está intentado hacer lo que es correcto ––exactamente como lo harías tú.

Asimismo, cuando apoya a su pareja, la intención no es «ir contra” ti. De hecho, hay momentos en que las madrastras se ponen del lado de la madre, aunque ––a no ser que tengas una relación decente con la madrastra de tus hijos–– no llegarás a saberlo.

3. Las madrastras a menudo se sienten solas e impotentes

Las madrastras no tienen derechos legales con respecto a sus hijastros. Entienden que  sus hijastros o hisjastras ya tienen una mamá y un papá. Pero la cosa se pone difícil cuando una madrastra se ve rechazada en situaciones a priori tan sencillas como la de intentar  sacar un carnet de biblioteca para la niña o el niño. O cuando el médico rehúsa darle información, a pesar de que sea ella quien haya llevado al niño o la niña a la cita y le vaya a dar su medicación.

Es un trago muy amargo, especialmente para madrastras que han cuidado de sus hijastros desde la primera infancia.

Situaciones como éstas pueden hacer que una mujer se sienta irreconocida e insignificante. Es un sentimiento que sólo otra compañera madrastra puede comprender.

Además, las madrastras a menudo son impotentes en lo que tiene que ver con el comportamiento de su hijastra o hijastro. Se trata de una situación muy conflictiva, porque se ven profundamente afectadas por sus comportamientos indeseados y sin embargo no tienen la autoridad para hacer nada al respecto. Si tienen suerte, su pareja las apoyará y escuchará sus preocupaciones, pero éste no es siempre el caso.

4. Cuando llamas a su casa, a menudo se produce una situación extraña y disruptiva

Las madrastras saben que tienes derecho a llamar a tus hijos o hijas siempre que quieras. Y entienden que a veces necesites hablar con tu ex sobre cosas relacionadas ellos. Pero aún así esa llamada se siente como una intrusión.

Las madrastras están constantemente esforzándose en crear y estrechar lazos con sus hijastros o hijastras.

Cuando llamas, interrumpes la actividad que se estuviera desarrollando en casa, y los niños se distraen inmediatamente. Cualquier cercanía o complicidad que se estuviera creando se desvanece.

Una madrastra puede sentir que has alterado cada aspecto de su vida. Y tu llamada es otro doloroso recuerdo de lo mismo.

5. Las madrastras no traspasan tus límites a propósito, simplemente no los ven

Muchas madres se quejan de que la madrastra está tratando de “hacer de madre” de su hijo. Pero el problema fundamental parece ser que, lo que las madres entienden por “hacer de madre”, para las madrastras es “ser responsable” o “apoyar a su pareja”.

Recuerda, muchas madrastras no están muy seguras de cuál es su rol.

Están avanzando a tientas, resolviendo las situaciones sobre la marcha. Y, como madrastra, es duro esforzarse en hacer “lo correcto” para terminar dándote cuenta de que la madre se ha sentido atacada. Ésa no era tu intención.

Las madrastras desearían que hubiera un código para ellas. Desearían que todas las situaciones fueran claras: blanco o negro. Desearían estar en la misma situación que papá y mama, y saber cómo encarar cada situación.

Pero no lo saben.

Desgraciadamente, para muchas madrastras, el primer contacto con la madre de sus hijastros o hijastras es una vehemente llamada, e-mail, sms o whatsapp diciéndole que “no tiene derecho” a hacer lo que sea que haya hecho. Para la madrastra esto supone una última estocada en un momento en que ya se sentía abatida. Es un duro golpe porque, una vez más, su intención era ayudar a su pareja y cuidar de su hijastro o hijastra.

6. En Estados Unidos se calcula que el matrimonio de una madrastra tiene entre el 60 y el 70% de probabilidades de fracasar

Y un estudio realizado en Boston reportó que un 75% de las madrastras que fueron consultadas afirmaron que, si tuvieran que empezar de nuevo, NO volverían a unirse a un hombre con hijos o hijas. Eso dice mucho sobre las dificultades que deben arrostrar las madrastras.

Puede que esto no signifique mucho para ti personalmente, pero significa que tu hijo o hija podría tener que pasar por un segundo proceso de separación o divorcio con todo lo que ello implica.

7. Los niños muchas veces faltan al respeto o ignoran a sus madrastras

Hay muchas razones para ello, la mayor de las cuales es el comprensible y punzante conflicto de lealtades que viven los niños y niñas. De todas formas, y a pesar de comprenderlo, esto resulta muy doloroso para una madrastra. Al fin y al cabo, ¡las madrastras son humanas!

Piensa que en la otra casa no todo es un jardín de rosas. Muchos niños y niñas se sienten incómodos con el hecho de tener una madrastra. No saben lo que significa o qué hacer con ello, así que o adoptan una actitud artificial respecto a ella o simplemente la ignoran, lo cual es difícil para todos.

Y la mayoría de madrastras no tienen un “amor incondicional” por sus hijastros al que recurrir. Cuando un niño o una niña se comporta mal o tiene un berrinche, es posible que los padres se enfaden o se sientan frustrados, pero su amor incondicional por esa criatura hace la situación soportable.

Las madrastras no tienen tanta suerte. No hay ningún amor incondicional que las rescate de sus ganas de gritarle al niño o de salir corriendo, cerrar la puerta y no volver la vista atrás. Todo lo que tienen son sentimientos difíciles y nada que hacer con ellos.

Pero vuelven, día tras día, porque creen que su relación y su familia lo valen.

8. Un simple “gracias” puede hacer mucho

Las madrastras desearían que les mostraras algún reconocimiento, por pequeño que fuese. Para muchas mujeres, ser madrastra es una de las cosas más difíciles que han hecho en toda su vida. En esta situación, sus necesidades y deseos suelen quedar al final de la cola, su cotidianidad y su agenda dejan de ser “suyas”, y se ven profundamente afectadas por una situación que ellas no crearon.

Muchas madrastras cuidan bien de sus hijastros, recibiendo poca o ninguna recompensa. Es muy habitual que no reciban un simple «gracias», ni el amor de su hijastra o hijastro, ni reconocimiento de nadie exceptuando su pareja ––eso si tienen suerte.

Hacen sacrificios para estar con el hombre al que aman. De manera que ser llamadas sólo “ella” (o algo peor), o ser completamente ignoradas por ti, puede herirlas profundamente. Lo que darían ellas por un simple “gracias” o un signo de reconocimiento en su dirección.

Yo creo que esa clase de reconocimiento puede sanar heridas.

¿Alguna vez actúan las madrastras por egoísmo o por sentido de la competición con la ex?

Por supuesto, exactamente como lo hacen algunas madres.

brotesPero es necesario captar esta situación en toda su complejidad: ser madrastra es especialmente difícil y confuso. Si eres madre, ¿cómo crees que te sentirías en su piel?

Quizás, algún día, con una mejor comprensión mutua, la relación entre madre y madrastra será una relación de complicidad, en vez de un conflicto a priori.

 

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El espacio para madrastras que quieren definir un lugar propio en la familia, sentirse dueñas de su vida y disfrutar su relación de pareja con paz mental.