¿Por qué siento que mi hijastro abusa de mí?

Hoy vuelvo al blog después de mucho tiempo mirando para atrás y alegrándome de cómo han cambiado las cosas en los dos años que hace que soy madrastra. Tengo una relación sólida y completa con mi hijastro, me siento querida y reconocida en casa, y desde ya hace casi un año puedo decir que yo también pongo normas en casa, normas que me hacen sentir bien y nos facilitan la vida a todos, que me ayudan a cuidar de mi hijastro y a educarlo.

Pero he sabido de otras madrastras que están empezando, y eso me ha hecho recordar los sinsabores de la primera época, cuando la palabra que para mí mejor describía a mi hijastro era ‘alien’. Un ser ajeno y nada amable a quien se suponía que debía aceptar y aprender a cuidar de un día para otro.

A menudo sentía que las exigencias de mi hijastro eran un abuso, me sentía mal tratada. Yo sabía que mi deber era cuidarlo, ser paciente con él, comprender que era demasiado pequeño para entender el respeto hacia los demás, y el reconocimiento de lo que los demás hacíamos por él mediante un ‘por favor’ o un ‘gracias’. Pero aún sabiendo todo eso, seguía sintiéndome abusada y el sentimiento de rechazo no desaparecía, por muy mezquino que me pareciera.

Entonces leí este post de Jenna Korf, que me ayudó a racionalizar lo que me pasaba, a entenderlo y a perdonarme por esos sentimientos mezquinos. También me empujó a hacerle saber a mi compañero cómo me sentía y a pedirle ayuda para conseguir que mis esfuerzos fueran de algún modo reconocidos.

Jenna me ha dado permiso para traducir su post, así que sin más dilación aquí os lo presento. A ver si a vosotras también os gusta.

¿Por qué para algunas madrastras es problemático cuidar de sus hijastros?

¿Alguna vez te sientes bloqueada cuando debes limpiar lo que tu hijastro o hijastra ensució, o cuando tienes que cuidar de ellos? Muchas madrastras prepararán con gusto un pica-pica para su pareja, o recogerán sus calcetines, pero cuando ven acumularse los platos sucios de sus hijastros o cuando tienen que prepararles una comida especial, algunas tienen una abrupta reacción de bloqueo y sienten algo como: “¿Pero qué soy yo, su criada?”

Si te sientes identificada con esto, seguramente te avergüences de esta resistencia, y pienses “¿cómo puedo ser tan atenta con mi compañero y después bloquearme completamente con mi hijastro?”

Bueno, puede que todo se reduzca a una cuestión de reciprocidad, o mejor dicho de falta de ella.

Una definición de reciprocidad es: “La práctica de intercambiar cosas con otros para beneficio mutuo”.

¿Te quedaste con lo de beneficio mutuo?

Si tu relación de pareja es feliz y saludable, seguro que eres consciente de que la reciprocidad es vital. Te sientes feliz cuidando de tu compañero porque él también cuida de ti, te apoya emocionalmente, te hace reír, si es manitas arregla las cosas que se estropean… quizás es él quien se queda en casa con los niños mientras tu tienes que salir a trabajar. Cualquiera que sea la situación, la reciprocidad está en juego.

Pero esto normalmente está ausente en las relaciones entre hijastro y madrastra, simplemente porque esta es la naturaleza de la relación niño-adulto. Aunque sabemos intelectualmente que no podemos esperar tener una relación “mutuamente beneficiosa” con un niño o niña, esa conciencia no facilita las cosas a las madrastras cuando sienten que lo están dando todo sin recibir nada a cambio. Muchas madrastras no reciben siquiera un “por favor” o un “gracias” de sus hijastros.

Ahora, un padre o una madre puede decir :“¿Y qué? Como padres tampoco recibimos ni por favores ni gracias.” La diferencia es, como dijo Jeanette Lofas, que el niño es una extensión del padre y la madre, y por tanto es más fácil para ellos ser abnegados.

Y aunque a menudo se dice que la paternidad es un oficio muy ingrato, yo lo discutiría porque los padres sí que reciben algo: amor. Un amor incondicional y un lazo biológico irrompible. Por supuesto, ellos no reciben estos bienes a cambio de lo que hacen por sus hijos, pero los reciben. Es una especie de reciprocidad inintencionada.

Por todo esto, las formas básicas de reconocimiento como un “por favor” o un “gracias” venidos de hijastro pueden significar mucho para una madrastra. Pueden marcar la diferencia entre sentir resentimiento o ganas de ayudar.

¿Qué hacer?

  •  Hazles saber a tu compañero y a tu hijastro (si tiene suficiente edad) cuanto significan para ti un “por favor” o un “gracias”.
  • Mide tus expectativas: no esperes siempre el reconocimiento de tu hijastro o hijastra, pero espéralo de tu compañero. Hazle saber cuánto necesitas que aprecie los esfuerzos que haces por sus hijos. Con frecuencia.
  • Sé compasiva contigo misma. No eres mala ni hay nada malo en tu forma de sentir. Este es sólo uno más de los retos de ser madrastra.
  • Trata de ver el cuidado como una inversión. Incluso si tu hijastro o hijastra tiene un padre y una madre dedicados, tu influencia contribuirá a dar forma a esa persona en la que se va a convertir. Y cuando sea un adulto, probablemente mirará atrás y se sentirá agradecido por la amabilidad con que lo trataste.
  • Pide a tu compañero que se ponga un poco más duro en la educación de sus hijos para que sean más autosuficientes y tú puedas relajarte.

Los mejores libros sobre crianza dicen: “No hagas por tus hijos lo que ellos pueden hacer por si mismos”. ¿No sería genial que los padres interiorizaran este consejo para que, de vez en cuando, pudieras consentir a tu hijastro sin sentir que se le está escapando alguna lección vital o que acabas de arruinar sus posibilidades de convertirse en un adulto responsable?

En el blog de Jenna Korf puedes leer el artículo original y muchos otros, no te lo pierdas.

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