Una voz en nuestro lado. La experiencia vital de una madrastra anónima.

“Mi matrimonio desafortunadamente terminó pero me gustaría poder decirle a las demás madrastras como yo que también soltar una mala relación es sano cuando no queda nada más”.

A. es una madrastra anónima que ha tenido el valor de dar un paso adelante y compartir con nosotras su complicada experiencia vital. De esta forma, nos ha pasado su testimonio para dar voz a sus vivencias y servir de apoyo y ayuda a otras mujeres que pueden estar viviendo la misma situación que ella vivió.

«Estuve 5 años en una relación, luchando por ella, sin embargo mi pareja jamás me tomo en cuenta para las decisiones, ni si quiera para sentirme incluida. Viví sintiéndome culpable por no poder llevar una relación decente con mis 3 hijastras, la cual fue cada vez de mal en peor. Y finalmente decidí evitar el contacto con ellas.

Hace 2 años tuve que mudarme de ciudad por motivos de trabajo y el poco tiempo libre que tenía lo empleaba en coger un vuelo para ir a ver a mi pareja. Pero él se empeñaba en que cada vez que yo fuera estuvieran sus hijas ahí y eso tensaba mucho la relación ante la ausencia de tiempo para intimar.

En diciembre él decidió que una de sus hijas se mudase a nuestra casa, sin consultarme. Ella era una adolescente que ha crecido en la relación viciosa y tóxica que tienen sus padres y yo sentí que no podía más con la situación, había llegado a un límite. Mi marido estaba cada vez más celoso buscando pretextos para pelear y en varias ocasiones me recriminó sobre aspectos económicos puesto que yo no tenía voz ni voto. Ni tampoco en todas las decisiones importantes relacionadas con la familia. No podía hacer ningún plan porque para todo él tenía que consultar a sus hijas y ver que no afectará los planes de su ex.

Toda esta situación desencadenó una depresión y estuve casi un año medicada. Poco a poco me fui reconstruyendo y me di cuenta que seguir en una relación así no era ser fuerte ni bueno, que una relación que dependía de mi relación con terceros era totalmente tóxico para mí y después de un buen de tiempo en terapia logre salir del pozo.

Hoy estoy lidiando con la ruptura, lo cual es difícil, pero también siento libertad.

Poner reglas y límites a nuestra pareja es muy importante, no sólo a los hijastros, porque ser madrastra es como subirse a un huracán y cuando estás dentro sólo piensas en sobrevivir.

El hecho de que él me impidiera estar con mi familia (padres y hermanos) para convivir sólo con sus hijas y me pidiera eso como un requisito me hizo mucho daño. Y me di cuenta de que ante una relación así siempre es mejor soltar. Fue muy duro darme cuenta de que mi marido nunca iba a soltar la relación tóxica que seguía manteniendo con su ex y que sus hijas iban por el mismo camino de manipular y agredir.

Mi aprendizaje para el resto de madrastras es que hay que aprender a identificar, antes de construir una relación con los hijastros, si la relación con nuestra pareja merece realmente la pena. Estar totalmente seguras de que no vamos a ser un simple trofeo o vamos a ser arrastradas a un círculo vicioso y tóxico. Poner reglas y límites a nuestra pareja es muy importante, no sólo a los hijastros, porque ser madrastra es como subirse a un huracán y cuando estás dentro sólo piensas en sobrevivir. Si el vínculo de pareja no es fuerte y estás en una relación sana, la familia reconstruida jamás se va a dar.”