9 de junio Día de las Madrastras

¿Cuántas veces se te ha trabado la lengua cuando tienes que decir quién eres en relación a tu hijastro o hijastra?

En la escuela, en el parque, en el barrio, en el médico, en la farmacia, en la biblioteca, en el súper…

Lo que suele pasar (en centésimas de segundo) es:

  1. Te confunden con la madre.
  2. Se te encoge el corazón (“¿Qué hago? ¿Le corrijo?”).
  3. Miras por el rabillo del ojo a tu hijastro o hijastra para ver qué tal se lo está tomando y analizas todos sus gestos. “¿Qué pasa si no corrijo la confusión? ¿Sentirá que estoy tratando de suplantar a su madre? Pero si trato de corregirlo… ¿Quién digo que soy?”

A ver: ¡¡¿Hay algún otro rol en la familia cuyo nombre no se pueda pronunciar?!!

Estamos cansadas de andar pisando huevos y de pedir perdón por existir. Cansadas de que nos definan por lo que no somos: “No eres su madre”, “no puedes ser su amiga”, “pero tampoco puedes ser la autoridad en casa”. Cansadas de que nos pongan en segundo lugar: “segunda esposa”, “segunda mamá”. Ser las segundas no nos define. Estamos cansadas de los “como si”: de ser “como una amiga” o “como una tía” o “como una madrina.”

Estamos muy cansadas de no poder decir simple y llanamente que SOMOS MADRASTRAS.

Por este motivo dedicamos este 9 de junio al gran acto de empoderamiento que supone NOMBRARNOS.

Porque el tabú de nuestro nombre no se queda solo en las palabras. Es el mismo tabú que hace que nuestra propia familia nos mire con recelo. El mismo tabú que nos lleva callarnos, a no poner nuestros límites en casa. El mismo tabú que hace que en las escuelas de nuestros hijastros nos eviten y lleguen a prohibirnos la entrada a las reuniones. El mismo tabú que nos deja solas y aisladas, porque no podemos salir a buscar a otras madrastras como nosotras. El mismo tabú que nos hace sentir invisibles taaaaaan a menudo.

El tabú de nuestro nombre no se queda solo en las palabras.

Y no solamente lo sufrimos nosotras. ¿Quién no ha visto la incomodidad de sus hijastr@s cuando tienen que presentarnos? ¿Cuando tienen que hablar de nosotras en la escuela? ¿Cuando alguien les pregunta en el parque?

El mismo estigma de silencio y sospecha que llevamos nosotras, lo sufren también las criaturas con quienes compartimos familia.

Lo que no se nombra, no existe.

Así que sí: tener nombre es importante, y no pensamos escondernos más. Porque lo que no se nombra, no existe. Y nuestro rol es demasiado importante y demasiado complejo como para que sigamos relegadas a la sombra de la familia.

Hasta ahora hemos evitado la palabra “madrastra” porque sentíamos que las connotaciones negativas que nuestra cultura le ha puesto encima nos cubrirían también a nosotras.

Pero amigas, lo que estamos descubriendo es que cada vez que nos definimos como madrastras ocurre exactamente lo contrario: que todo lo bueno y lo humano que somos se impregna en la palabra y juntas, poco a poco, le estamos dando la vuelta.

Juntas estamos creando un nuevo significado para la palabra madrastra.

Juntas estamos creando un nuevo significado para la palabra madrastra.

Para nosotras, hoy en día, definirnos como madrastras es afirmarnos en nuestro lugar, darle reconocimiento y valor, salirnos de la odiosa competencia con las madres, contribuir a que nuestros hijastros se liberen de su conflicto de lealtad y salir nosotras mismas de la confusión.

Nombrarnos como madrastras nos ha permitido descubrir que eso que nos pasa les pasa también a miles de mujeres como nosotras.

Pero no solo eso: Nombrarnos como madrastras es lo que nos ha permitido encontrarnos, encontraros, descubrir que eso que nos pasa les pasa también a miles de mujeres como nosotras y que juntas podemos comprendernos, apoyarnos, hacernos fuertes y vivir una mejor vida.

Podemos gritar al mundo que la madrastridad es una realidad, complejísima, una pieza fundamental de nuestra sociedad, y que como tal requiere cuidado y reconocimiento.

Las madrastras existimos, somos humanas, y además también somos alma y sostén de cada vez más familias en el mundo.

Por todos estos motivos este 9 de junio vamos a afirmar, sin complejos que SOMOS MADRASTRAS. Y cuantas más voces levantamos, más se tambalea el estigma que acarreamos, más rápido transformamos el uso y el significado de la palabra madrastra.

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