Cuando aterrizamos en una familia ya consolidada, las madrastras todavía no tenemos un papel asignado, no tenemos carta de deberes ni de derechos y eso es porque las cosas, mejor o peor, llevaban mucho tiempo funcionando antes de nuestra llegada sin que nadie interpretara a “la madrastra” en el juego de roles familiares. Por eso, salvando las circunstancias de cada una, llega un momento en que a la madrastra se le plantea (consciente o inconscientemente) la pregunta fundamental: ¿Qué relación me gustaría tener con el hijo o la hija de mi pareja?
Ante esta pregunta los consejos proliferan:
No trates de ser su amiga, no trates de ser su madre, que sepan que eres una figura de autoridad, pero no te impongas ante ellos, que sea el padre quien lleve la batuta, son sus hijos así que trata de no inmiscuirte y respetar su espacio, etcétera, etcétera, etcétera.
Todo esto está muy bien, pero quizás os haya ocurrido como a mí, que llegada a este punto, me daban igual los roles, me daba igual que el niño no fuera mi hijo, porque lo que quería ante todo era integrarme en la familia, sentirme querida no sólo por mi pareja sino también por él, y que la situación dejara de hacerme sentir una outsider en mi propia casa. Así que para mí todo se reducía a la pregunta ¿Cómo acercarme a mi hijastro de 4 años?
Sin ánimo de generalizar (porque creo que en esto de ser madrastra cada una tiene deseos, expectativas y circunstancias distintas) os cuento aquí mi experiencia, algunas tácticas que fui desarrollando sobre la marcha, la ayuda que recibí de mi compañero y reflexiones que surgieron al paso, con la esperanza de que os sirvan de ayuda, y con el deseo secreto de que vosotras también os animéis a compartir las vuestras y poder aprovecharme de ellas (disculpad el ramalazo malvado, pero es que soy madrastra y no lo puedo evitar).
Hacerse necesaria (un poco de márquetin en la relación)
Como dije, mi hijastro tenía 4 años cuando lo conocí. Estaba en pleno proceso de autoafirmación y su palabra favorita era NO. Su padre había sido siempre muy atento y cariñoso con él y para cuando yo llegué a su casa, tenían una relación sólida, completa y autónoma. ¿Por qué iba el niño a aceptar la autoridad de alguien a quien no necesitaba?
Hablar de necesidades puede parecer un poco pragmático de más, pero en mi caso creo que fue clave. El niño no había elegido vivir conmigo (yo tampoco había tenido mucha alternativa a la hora de aceptarlo pero eso a él no le importaba, claro está) y ya le costaba aceptar la autoridad de un adulto en casa como para abrirse a otro. Así que pensé que si quería contar en casa, debía hacerme necesaria para él. Pensé que debía hacer un poco de márquetin creando una necesidad que antes no existía.
Lo que un niño necesita y lo que una madrastra puede ofrecer
A esas edades los niños quieren sentirse atendidos, cuidados y queridos.
Yo en ese momento todavía no podía querer al niño, y era consciente de que cuidarlo implicaba muy a menudo llevarle la contraria (algo que él no deseaba ni creía necesitar), así que jugué la carta de la atención.
Si tenéis relación con niños pequeños sabréis que su sed de atención es insaciable. Habiendo observado eso, me decidí a prodigar mi atención sin pedir nada a cambio.
Muchos dicen que no es bueno mostrarse como una compañera, como una amiga, como una figura siempre amable. Yo creo que para que un niño termine queriéndote y haciéndote caso, primero las cosas deben ser a su manera, y eso implica jugar su juego sin reparos, eso sí, sin obstruir la autoridad del padre.
Así que me empleé en darle atención casi siempre que la reclamaba, y pronto me convertí en su compañera de juegos, en alguien que lo escuchaba siempre, alguien con quien comentar sus gustos y descubrimientos. En algunos meses nos habíamos acostumbrado el uno al otro y mi atención se había convertido en una necesidad para él, es decir que yo tenía valor para él.
Una cuestión de poder
Todo el que convive en familia se da cuenta de que las relaciones en casa, como en todas partes, son en parte un juego de poder, y muy especialmente lo son con los niños. En este juego, las madrastras partimos siempre de una posición muy de mucha desventaja.
Cuando llegamos a la familia de nuestra pareja, muy a menudo nos sentimos el último mono. Debemos renunciar a parte de nuestro estilo de vida e ilusiones, adaptarnos al día a día con un niño o niña y hacerlo de acuerdo con unas normas que se fijaron antes de nuestra aparición, en las cuales no tuvimos voz ni voto y que por tanto es fácil que nos incomoden.
Los comportamientos desagradables nos afectan profundamente y sin embargo no tenemos autoridad para atajarlos. Nuestras parejas han ejercido su poder dejándonos claro (explícita o tácitamente) que o aceptamos a sus hijos o no hay relación, y los niños nos recuerdan constantemente (queriendo o sin querer) que para ellos no contamos o contamos menos que sus padres. Por estas razones necesitamos encontrar formas efectivas de ganar poder y autoridad.
En mi caso, una vez que mi atención empezó a ganar valor, en el tablero ya no solo era yo quien quería conseguir la aceptación del niño, sino él quien necesitaba de mí, y esta situación se evidenció en el momento en que puse la primera restricción:
Sólo jugaré contigo si al terminar recogemos juntos los juguetes.
Sólo te escucharé una vez que hayas empezado a comer.
Pueden parecer detalles nimios, pero seguro que si sois madrastras sabréis de qué hablo cuando me refiero al alivio de que por primera vez los niños o niñas te hagan caso, a la satisfacción de que por primera vez quieran compartir algo contigo y valoren tu compañía, a la sensación de autonomía que supone no depender del padre en el trato con ellos. Este cambio fue pequeño pero significativo. El niño se revolvió, protestó, pero al final aceptó mis límites y la relación de poder entre él y yo empezó a cambiar. Empecé, por fin, a poner mis normas sin necesidad de valerme de la autoridad de mi pareja.
El camino hacia la autoridad y el cariño
A partir de este punto fui poco a poco ganando terreno, cultivando mi valor con atención y cuidados, tratando de ser consciente de sus límites, y vigilando que mis exigencias y expectativas no estuvieran nunca por encima.
El hecho de sentirme reconocida por mi hijastro me hizo sentir más afecto hacia él, poco a poco empecé no sólo a atenderlo sino también a cuidarlo (bañarlo, darle la comida, vestirlo, supervisar sus deberes, educarlo, poniedo mis límites dentro de lo posible cuando hacía falta) y en ese momento él también se relajó. Se encontró a la vez con el calor de mis cuidados y con la rigidez de mis límites, y creo que de alguna forma agradeció el hecho de conocerlos.
Nuestra relación se hizo más estrecha, más completa, más natural, más predecible, menos inquietante. En esa época él empezó a referirse espontáneamente a mi pareja y a mí como “sus padres” y a ubicarme a mí en la esfera de las madres, aunque fuera consciente de que no era la suya. En definitiva, creo que quedó establecido entre nosotros un lazo de afecto y confianza.
El papel del padre
Por la experiencia de mi compañero y de mi madre (que se separó de mi padre siendo yo pequeña y después se volvió a casar) sé que dejar entrar a una nueva persona en la vida de un hijo o una hija no es fácil: implica compartir un espacio con los niños que antes ocupabas en exclusiva, puede desestabilizar tu relación con ellos y genera incertidumbre sobre la influencia que dicha persona va a ejercer y sobre la posible reacción del niño o niña a la nueva situación.
Pero a pesar de todo esto, para que una madrastra pueda ganarse un lugar en casa y llegar a sentirse parte de la familia es casi imprescindible la complicidad de su pareja y que ésta le deje un margen para entrar en la vida del niño o niña.
En mi caso, sé que no habría podido encontrar el camino hacia mi hijastro si mi compañero no me hubiera apoyado. Si hoy me siento bastante integrada en casa es porque él aceptó que ejerciera mi influencia sobre el niño, que tuviera un tiempo y un espacio propios con él, y que participara en la definición de límites y rutinas en casa. En este proceso ha sido y es muy importante la comunicación, la complicidad y la comprensión mutua.
Esto que hoy explico como si hubiera sido un proceso súper planeado, tuvo algo de cálculo pero también fue surgiendo sobre la marcha y hubo bastantes pruebas y errores que han ido quedando atrás. También tengo que decir que por suerte se estableció una buena sintonía del niño hacia mí desde el principio.
Espero que mi perspectiva os pueda ayudar y me encantaría conocer cuáles han sido vuestros recursos en esta difícil tarea de crear vínculos.
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Angie Aguirre
16 diciembre, 2013Y que harías en caso de hijos adolescentes? Porque yo se que tratar con un hijo que no es tuyo es difícil tenga la edad que tenga, pero siento que la relación o el trabajo a desempeñar se agrava más cuando son adolescentes.
Berta
3 enero, 2024La misma duda tengo porque yo convivo con hijastra adolescente y ahí creo que es otro el cuento …en mi caso ge buscado de todas las maneras un acercamiento y ahora después de 5 años me siento agotadisima y sin conseguir el vínculo que quisiera aun
Berta
30 marzo, 2014Angie,
Muchas gracias por escribir. Creo que apuntas un problema importante. A menudo ya es difícil relacionarse con hijos adolescentes, así que tu rol como madrastra seguro que tomará tiempo y esfuerzo por parte de todos para asentarse.
No sé qué tipo de relación se ha establecido entre los chicos y tú ni tampoco cómo están viviendo ellos la adolescencia y la separación de sus padres, así que me cuesta dar una opinión certera. Lo único que puedo ofrecerte es una visión genérica.
Creo que en ese momento en que los chicos y chicas suelen estar más bien poco cooperantes, cerrados a admitir una nueva figura de autoridad (¡bastante creen tener que soportar con sus padres biológicos!), y con miedo a que tu llegada implique cambios e incomodidades en su vida, e incluso a que tu presencia ‘les robe’ la atención de su padre, lo mejor es centrarse en cultivar la relación con la pareja, que es algo que sí puedes controlar.
Definir con él cuál será tu espacio en la familia, en qué vas a ceder y cuáles son tus límites, expresar tus inquietudes, y en caso de que te sientas muy incómoda con algún aspecto del comportamiento de tu hijastro o hijastra, siempre comentarlo con tu pareja y evitar el enfrentamiento con los chicos mientras no haya una verdadera confianza entre vosotros. Que sea él de entrada quien haga de puente entre todos.
Por tu lado, y teniendo en cuanta esos miedos que suelen tener los chicos y chicas en estas situaciones, creo que lo mejor que puedes hacer es ir demostrándoles con tu comportamiento que no tienen por qué temer.
Respetar los rituales y espacios de relación que tienen con su padre, incluso dejándolos solos a veces (mejor que te echen de menos que de más).
No imponer más cambios de los estrictamente necesarios en su rutina.
No censurarlos de forma explícita ni velada, pues es un momento en que, a pesar de no demostrarlo, es muy posible que los asedien las inseguridades sobre su personalidad, rendimiento académico, aspecto físico, etc.
No imponerte pero sí hacerte respetar. Por ejemplo, no es tu papel decirles a qué hora tienen que volver a casa si salen, pero sí exigir un trato cordial, como un saludo al llegar o dar las gracias si haces algo por ellos. Al principio no puedes exigir que haya amor y confianza, pero lo que sí he experimentado, es que es necesario que haya respeto y cordialidad en una casa, porque si no, tú te vas a sentir como una extraña y ellos se distanciarán de ti hasta el punto de no saber recorrer el camino a la inversa cuando quieran acercarse. Para eso a veces puedes requerir el apoyo de tu pareja, que sea él quien deje claras unas normas de cordialidad.
Y finalmente evitar ‘comprarlos’ o ‘coleguear’. Eso te va a llevar a situaciones muy difíciles y seguramente te hará sentir incómoda, porque no adquirirás una verdadera autoridad en casa y además es muy posible que ellos mismos se den cuenta y te rechacen.
Después de todo esto, creo que lo que toca es sentarse a esperar y estar abierta. Quizás no ocurre siempre, pero es muy posible que alguna vez esos chicos te pidan un favor razonable, ayuda de algún tipo o que inicien una conversación contigo. En esos momentos, en los que ellos se sienten seguros como para dar un primer paso, es cuando se puede aprovechar para acercarse. En esos momentos escuchar bien es esencial: tratar de entender la situación que se te plantea y evitar juicios, sentencias, condescendencia ni reprensiones. Potenciar la seguridad del chico en si mismo y darle a entender que en ti va a encontrar una escucha activa, apoyo y aceptación.
Sobre la escucha activa, hace tiempo encontré un libro muy práctico que estaba bastante bien, se titula «Cómo hablar para que sus hijos les escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen», quizás pueda interesarte
Además de las peculiaridades de cada persona y edad, creo que hay elementos fundamentales a la hora de entablar la relación con los hijastros e hijastras:
Actuar siempre con el apoyo de tu pareja y haciendo frente común
No ‘comprar’ ni ‘coleguear’
Mostrarse abierta, respetuosa y cordial
Tratar de ponerse en la piel de los chicos (incluso a pesar de que ellos no hagan el esfuerzo de ponerse en la tuya)
Y finalmente tener muuuuucha paciencia, dejar que sean ellos quienes den el primer paso y aprovechar esas oportunidades que ellos nos brindan.
Este tipo de relaciones llevan tiempo, y es muy probable que durante una época tengas que aceptar situaciones y comportamientos que no te gusten, que tengas que suspender tus expectativas con respecto a los hijos de tu pareja, y debas centrarte sobretodo en vosotros dos. La comunicación y la empatía con tu compañero y la paciencia de todos con todos fueron, para mí, los ingredientes esenciales de una buena relación en casa.
No sé si te habré ayudado. En cualquier caso, si te apetece compartir impresiones, no dudes en escribirme a través del formulario de contacto que encontrarás en la cabecera de la página.
Te mando mis mejores deseos y mucho ánimo.
Veronica
25 junio, 2018Muy buen articulo!! Cada caso es tan distinto. Si es fundamental el apoyo de la pareja para establecer limites con los que todos nos sintamos conformes. En mi caso mi hijastra tiene 8 años, comenzamos a vivir todos juntos desde que ella tenia 6 años, (pero la conocía desde los 9 meses de edad, mi esposo es viudo). Tenemos juntos un pequeño de 5 años. En casa siempre siento estar en una guerra de poderes, es muy difícil sentirme 100% cómoda aún. Voy a poner en práctica tu estrategia. Espero funcione.
Berta
25 junio, 2018Mucha suerte, Veronica. Ya sabes que estamos aquí para lo que haga falta. ¡No te olvides de compartir cómo te va! Un beso grande :)
Johana Botero
10 diciembre, 2018Estoy algo inquieta y a la expectativa de no saber que va a pasar, por fin de casi 2 años voy a conocer a la hija de mi pareja, la Niña ya tiene 12 años. Es primer vez q después de muchas luchas por lograr tener derechos a su hija mi pareja lo logró, ella vive muy lejos pero hasta ahora se le hizo posible tener sus vacaciones con su hija.
Estamos muy felices, estamos preparando su habitación para q al llegar sienta q es su casa y q vea q tuvimos todas las mejores intenciones de que la pase bien con nosotros, pero hay algo que me preocupa y es q al principio yo tenía la oportunidad de hablar con la Niña y era muy tierna y me pedía q cuidara y Amara mucho a su papá, hasta q en uno de los viajes q el hizo a visitarla tuvimos la idea de ir con él para conocerla pero ahí cambio todo, la mamá no le permitía acercarse a mi e incluso hacia q la Niña rechazara a su papá y me insultara. El caso es q después de eso q ya hace 4 mese jamás la Niña volvió a preguntar por mí, jamás volvió a pedir q me pasará al teléfono y eso me dejó muy triste y ahora ando con el corazón en la mano sin saber q esperar, sin saber cómo va a ser su comportamiento.no se con q ideas venga o que planes tenga para conmigo. A pesar de no conocerla siento que quiero a esa niña, quiero q pasemos las mejores vacaciones, hacerme su amiga y porque no hacer que quiera estar siempre con su papá y conmigo. Aclaro que también tengo un hijo y por eso el afán de querer q mi pareja tenga la dicha de tener a su niña y que podamos ser una familia dentro de lo más normal posible.
Quisiera saber que hacer para ganarme mi hijastra ya adolescente.
Mil gracias por leerme.
Berta
11 diciembre, 2018Sobre recursos para acercarte a ella, aquí te paso algunos. No forzar muestras de afecto, no tratar de asumir un rol parental o de normas sino hablarle de tú a tú y si tienes que poner un límite que no sea desde la norma («Tienes que colaborar con las tareas de casa») sino desde lo que a ti te gusta o te disgusta, lo que quieres o no quieres, etc. («Me puedes ayudar a poner la mesa, porfa, así no se nos enfría la comida»), y no rebotarte ante los noes. Si ella saca un tema de conversación, una vez más responder como lo harías con un igual: escuchando, preguntando más, pero no dando consejos o criticando. Dejar espacios padre-hija y también puede ser una buena idea proponer alguna actividad solo para vosotras que sea acorde a su edad (pero ver si ella está abierta a eso o no). Hacer actividades hombro con hombro como cocinar, patinar, ir de compras, etc. lo que sea que no implique estar sentadas una delante de la otra y tener que sacar temas de conversación, sino poder tener la atención centrada en algo. Ah, y a lo mejor te sirve un libro que es bastante práctico, llamado «Cómo hablar para que los adolescentes te escuchen y cómo escuchar para que los adolescentes te hablen». Está dirigido a padres pero en realidad nos puede servir a todos (no solo para hablar con los adolescentes). Tú puedes ;)
Johana Botero
11 diciembre, 2018Tan bella, muy amable por tu aporte, lo pondré en práctica.
Bendiciones.
Berta
11 diciembre, 2018No me extraña que estés inquieta, es muy duro empezar a cultivar tu relación con tu hijastra y encontrarte con esto. Y mucho más acompañar a tu pareja en su dificultad para estar con su hija. Estoy segura de que tu apoyo es fundamental para él.
No estoy segura de si quieres un consejo o no, pero bueno, como no puedo preguntártelo, lo voy a dejar aquí para que lo sigas solo si quieres.
Me parece muy importante que moderes tus expectativas en cuanto a este encuentro. Si la niña está abierta a ti y quiere retomar la relación, te animo muchísimo a poner de tu parte. Al mismo tiempo creo que es probable que ella tenga reservas, puesto que por lo que dices su madre no ve bien que ella se acerque a ti y ahora es de su madre de quien ella más depende. Si notas reservas por su parte, creo que es importante que no fuerces el acercamiento, que reservéis bastantes tiempos y espacios padre-hija, que no pretendáis reproducir el modelo de familia tradicional («normal») borrando la historia de vuestras relaciones y las diferencias que existen entre ellas, que tu hijo y tú os reservéis tiempo para estar juntos e incluso seguir las tradiciones de navidad a vuestra manera. Tú puedes mostrarte abierta, pero lo mejor es que sea ella quien marque el ritmo del acercamiento.
Cuando existe un conflicto de lealtad (y es fácil que en este caso exista), presionar y tratar de acelerar el acercamiento suele generar más tensión y distancia.
Si este es el caso, creo que es importante que te centres en aquello que realmente está en tus manos, que es por un lado cuidar bien de tus necesidades y las de tu hijo y por otro apoyar a tu pareja en aquello que necesite, darle el espacio que necesite para reconectar con su hija, escucharlo, etc.
A veces, en la relación con nuestros hijastros, no todo está en nuestras manos. Asumirlo es difícil, sin embargo a veces, por querer construir una familia «normal» dejamos de prestar atención a aquello que realmente está en nuestras manos y también cortamos la posibilidad de que vayan surgiendo lentamente vínculos que no serán como los biológicos pero que pueden ser valiosos igualmente.
Y otra cosa, tratad de no hacer girar todas vuestras actividades alrededor de la niña, porque eso puede ser mucho peso para ella. Es mejor hacer algunos planes previamente y preguntarle si se quiere apuntar, estar abiertos a hacer algún plan que ella proponga, pero en todo caso tratar de que vuestra vida siga adelante, que no se pare con su llegada. Porque el exceso de atención también se difícil de llevar para los peques, especialmente si ya vienen con reservas.
Tomadlo con calma. Mejor dar pasitos muy pequeños que tratar de reconstruir todos los puentes en 15 días.
Un abrazo fuerte y mis mejores deseos para estas Navidades!! No dejes de contarnos qué tal fue
Johana Botero
11 diciembre, 2018Muchas gracias por tu consejo, todo lo que me puedan aportar lo tendré en cuenta y lo pondré en práctica.
Luego estaré dando pasadita para contarte que tal van las cosas.
Mi pareja aún está viajando de regreso con hija.
Johana Botero
17 diciembre, 2018Por aquí estoy de nuevo para contarte mi experiencia como madrastra. Llevo ya casi una semana compartiendo con la niña que Para mí sorpresa y mi fortuna resultó ser una niña muy amable, muy simpática, pero sobre todo muy muy amorosa. Le encantó la sorpresa q le tuve de bienvenida, le encantó cada detalle, me lo agradecio con besos y abrazos y ahí empezó mi afortunado encuentro con ella,me atreveria a decir que nos hemos convertido en buenas amigas, pero hay algo q me preocupa y me duele en el alma y es saber q la Niña está siendo maltratada por su mamá pero que no se quien tiene más miedo si la niña o el papá de enfrentar la situación para revertir la custodia, se que ahí no puedo hacer nada pero cuanto duele ver un pobre niño inocente necesitando de una ayuda urgente para q lo liberen de las garras de una madre abusadora y ver un padre q por problemas económicos y de distancia para pelear por su hija. Esto me atrevo a decirlo son certeza porque la niña lo contó y justo al llegar tenía un moreton en un brazo debido a un pellizco que le hizo su madre mientras viajaban a encontrarse con su padre para empezar las vacaciones.
En fin, es un tema complicado, andamos felices con la niña pero ella de sólo imaginar q tiene q regresaste llora que por favor la ayudemos para poder quedarse pero sabemos y somos conscientes q esto tomará su tiempo.
Un abrazo muy fuerte y feliz fin de año!!
Berta
11 enero, 2019Hola Johana, gracias por contarnos cómo ha ido. Me alegro mucho de que se haya establecido esa conexión entre ella y tú, ¡enhorabuena! En cuanto a la relación de la niña con su madre y la custodia… Es una impotencia tan grande que cuesta vivir con ello y asumir que en tus manos hay muy poco que hacer. Darle todo ese cariño que le has dado cuando está con vosotros y mostrarle al padre que, en caso de que quiera iniciar un proceso para cambiar la custodia, va a tener todo tu apoyo. Son procesos muy complejos y costosos, no solo a nivel económico sino también emocional, así que entiendo el miedo. En estos casos, más que reprender, lo más importante es mostrar tu apoyo y la posibilidad de compartir la carga que supondría. Eso es lo que más puede animar a tu compañero. Pero está claro que la decisión final es suya. Mucho ánimo y un fuerte abrazo!!
Paula
30 abril, 2020Gracias por este blog me ha ayudado mucho ya que pensaba que era la única que me sentía mal por no entender como llevar esta situación al tratar de adaptarme a mi pareja y su hijo, aveces no sabia como actuar y me alejaba de la situación. De ahora en adelante estaré más pendiente de este blog para seguir sus consejos a ver si funciona. Ya que he dejado mi pais, mi familia, mis amigos, mi cultura por estar en barcelona con mi pareja y adaptarme no solo a su cultura si no a ser una madrastra de golpe. En todo caso. Gracias
Mairin
17 octubre, 2020Ayudenme, quiero ganarme el cariño de mi hijastra tiene 6 años, y me odia, me lo ha hecho saber. Necesito ayuda…
Gloria 48
21 noviembre, 2020Yo estoy pasandolo muy mal, yo soy quien cuida a mi hijastra de 4 años cuando el padre trabaja. Es una niña autoritaria y manipula al padre y a mi me excluye, solo intento ayudar a mi marido a educarla con buenos valores, pero el no me deja. Va a terminar mi matrimonio, siento impotencia, me siento muy mal, necesito ayuda, por favor…..
MANUELA
22 diciembre, 2020Buenos días, en mi caso yo conoci a mi hijastro a los 6 meses, aunque hasta los cuatro o cinco años no empezo a quedarse los fines de semana con nosotros. Es un niño muy dificil, la madre esta mal de la cabeza y ella se quedo pilla por mi marido de por vida. No le dejaba pasar los fines de semana con el y encima tampoco podia recogerlo solo para darle un paseo. Los paseos los tenia que dar los tres juntos, ella organizaba eventos para ir los tres solos, como ir al circo, zoologico etc, el se sentia mal pues yo no lo veia normal, pero el decia que era su hijo y como solo lo podia ver asi pues iba, por otro lado no ha querido denunciarla nunca por su hijo se lo echara en cara el dia de mañana. Si estabamos en la playa, ella venia a buscarlo y desde lejos le decia ella, !!!Papi, el niño quiere ir al bar a ver la tortuga ( una de piedra que habia en un bar donde quedaban siempre para ver al niño), y yo me quedaba solo en la playa dos o tres horas esperando y marchandome para mi casa. Así una cosa detras de otras y comiendomelo todo. Cuando el niño por fin pudo venir los fines de semana, era una locura, se hacia lo que el niño queria y cuando queria, y por supuesto sin mirarme a la cara, yo era la que le compraba la ropa, hacia comida ( no una, todas las que el quisiera, pues si decia que no le gustaba el padre le ponia otra comida, hasta cuatro!!!. En fin, poco a poco me lo iba ganando, el dominga se iba muy bien pero cuando llegaba el viernes, empezabamos denuevo ( influido por la madre). Un dia cai enferma por fibromialgia, y fatiga cronica, que yo creo que fue producido por todo lo que habia recorido ya. AH!! Y por si fuera poco, el niño no venia solo, venia siempre con uno o dos amigos para todo el fin de semana. Cuando enferme y me supero, le pedi a mi marido que porfavor no niños de fuera, que en la calle todo pero en casa no. El era imcapaz de decirle a su hijo que no A NADA. Así que me fui retirando, eso si, si el me hablaba yo le hablaba bien, pero si tenia que decir por favor no jugar al futbol en el salon pues hay una plaza justa al lado y asi no me ensuciaban las paredes, entonces era yo la mala y me ignoraban por completo, el padre los llevaba a la plaza pero ya empezo a creer que en verdad era yo LA MALA. Hasta que la relacion se acabo. YO quiero a mi marido y estamos plantearnos de empezar otra vez pues son 15 años, Pero como puñetas lo hago, tengo que aguantar lo que el niño se quiera comprar aunque tengamos que pedir un prestamo, tengo que aguantar y hacer todo lo que el niño se le antoje. No se ni por donde empezar. AYUDA!!!!
Aina
18 enero, 2021Hola Manuela, ponte en contacto con nosotras a través del email y veremos en qué podemos ayudarte: hola@sermadrastra.com
Berta
3 enero, 2024La misma duda tengo porque yo convivo con hijastra adolescente y ahí creo que es otro el cuento …en mi caso ge buscado de todas las maneras un acercamiento y ahora después de 5 años me siento agotadisima y sin conseguir el vínculo que quisiera aun