El punto intermedio

Familias reconstituidas, ensambladas, familias complejas, binucleares… muchos son los nombres que reciben las familias formadas tras segundos (o terceros, o cuartos) matrimonios en los que uno o ambos adultos aportan hijos a la relación.

A menudo creemos que el funcionamiento familiar es siempre el mismo, pero además de que de puerta hacia adentro cada familia es un mundo, existen diferencias evidentes entre las familias nucleares y las binucleares o reconstituidas. Pero vayamos poco a poco:

Durante la formación de una pareja existe un periodo que se denomina «luna de miel» en el que los dos miembros de la relación se van acoplando a los gustos, expectativas vitales y opiniones del otro. De esta forma se conocen los aspectos positivos de la otra persona pero también los aspectos en los que diferimos, para crear un punto intermedio común (que no deja de ser la mezcla de dos formas de ser y de pensar para que la pareja en sí misma funcione adecuadamente). En ese punto intermedio se establece una misma forma de ver la vida y nuestro plan de futuro en pareja.

Después formar ese punto intermedio y afianzarlo para que sea fuerte y estable, la pareja decide avanzar en su relación y tener descendencia. Tras el nacimiento de los hijos, que mayormente se añaden a la familia de uno en uno y como consecuencia de una larga meditación y negociación de pareja, se vuelve a crear un nuevo punto intermedio (con nuevas pautas de funcionamiento, nuevas opiniones y formas te pensar) en el que se incluye a el nuevo miembro de la familia.

Los puntos intermedios ayudan a saber qué esperar de todos los miembros de una familia y de las situaciones que se pueden presentar. Son una hoja de ruta.

Con esta hoja de ruta y las vivencias que experimentamos se suceden las actividades, los rituales, las costumbres y la forma de funcionar familiar. Son por lo tanto lo que denominamos «La Cultura Familiar».

Cuando se produce una separación y los miembros adultos de la familia toman residencias distintas de que la tenían de forma conjunta, se inicia la formación de nuevos núcleos familiares. Ambos padres establecen con sus hijos unidades monoparentales en los que, a pesar de que la cultura familiar se mantiene, las dinámicas han cambiado y el status quo también.

Por poner un ejemplo, los domingos la familia sigue jugando al parchís, pero ahora papá ya no está presente. O los viernes noche es momento de peli y palomitas, pero mamá ha dejado de formar parte de esa rutina.

A su vez, los miembros de la nueva estructura monoparental comparten el sentimiento de pérdida por la transformación familiar y las actividades conjuntas que ya no pueden ser mantenidas. Esto favorece la creación de un vínculo padre/madre-hijo/a más estrecho de lo habitual.

De otra forma, las familias reconstituidas se inician con una pareja en proceso de crear su punto intermedio y su plan de futuro conjunto pero que se ven «forzadas» a formar parte de un núcleo familiar con un lenguaje ya construido y una cultura familiar en pleno funcionamiento.

Así como las familias nucleares disfrutan de un periodo de «luna de miel», en el caso de las reconstituidas dicho periodo es escaso o inexistente puesto que uno o ambos de los adultos aportan hijos de relaciones anteriores a la nueva familia. A pesar de que los adultos se conocen en un nivel más íntimo y han elegido iniciar una vida en común, para el resto de miembros supone un encuentro directo con uno o varios desconocidos que además, se introducen en su territorio y zona segura. Por lo que es habitual la aparición de fricciones, rechazos y hostilidades. Sin olvidarnos también de las influencias externas: las exparejas, la familia política e incluso los lazos de amistad que todavía permanezcan. La mezcla puede resultar explosiva.

En definitiva, a pesar de que ambas familias se inician con la unión de dos adultos que se profesan sentimientos intensos, los dos modelos no se desarrollan de forma igual ni con las mismas facilidades.

Mientras que en la familia nuclear se van quemando fases a medida que todos los miembros se conocen y van creciendo, en la familia reconstituida  los miembros deben de ser conscientes y aprender a colaborar para sentir curiosidad por las necesidades del otro y sus sentimientos (no olvidemos que algunos miembros pueden estar todavía procesando un duelo) y decidir activamente ir superando fases hasta la total integración. Y por supuesto y en simultaneo, la formación de un punto intermedio de pareja fuerte y estable.

El punto intermedio es la clave.

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