Muchas gracias Dulce por compartir con todos nosotros tu experiencia como madre separada y aportarnos la “otra visión” de esta historia. Antes de empezar, querría hacerte una pregunta introductoria. Tu separación ocurrió cuando tu primer hijo era muy pequeño, ¿crees que ese hecho le ha beneficiado en todo este proceso? ¿O por el contrario crees que ha sido contraproducente?
Si tuviera que decantarme por alguna opción, sería que le ha beneficiado, pero yo creo que, si la separación se lleva bien (manteniendo al margen a lxs hijxs), debería ser indiferente.
De todas formas, como digo, si he de elegir… diría que beneficiado, ya que fue una separación en la que siempre se antepuso su bienestar, él creció en esa situación y la asumió con normalidad. Nunca me ha preguntado por qué nos separamos.
Siempre que el padre se lo quería llevar yo debía aguantar marea, porque sinceramente en el fondo y por mucho que me costara, sabía que la relación padre e hijo era buena para mi hijo.
También hay que decir que nunca vivió reproches ni malos rollos entre su padre y su madre.
¿Cuál era el régimen de custodia establecido? ¿Afectó la edad de tu hijo? ¿Cómo te hizo sentir?
Hace ya 20 años. Entonces ni se imaginaban las custodias compartidas tuvieran la edad que tuvieran lxs hijxs.
El régimen era que se lo llevaba un fin de semana cada quince días y vacaciones escolares compartidas. Eso era lo estipulado en convenio pero nunca tuvimos que recurrir a él: siempre lo hablábamos y nos íbamos adaptando a las situaciones familiares de cada unx.
Para mí era muy difícil dejar que se lo llevara.
Teniendo en cuenta que a los cuatro meses se le practicó una delicada operación y se le puso una válvula de derivación ventrículo–peritoneal por una ligera hidrocefalea… era muy difícil y duro dejarlo ir, no poderlo controlar yo. Pero me sobreponía a ello pensando que por encima de mi tranquilidad estaba la de mi hijo, que no era verdad que conmigo estuviera mejor o que yo lo iba a cuidar mejor (aunque eso es de verdad lo que sientes dentro de ti), que era su padre, que debía estar con él y que eso era bueno para él.
Al principio lo pasaba muy mal, y después si ha estado o está con dolores de cabeza me produce mucha angustia separarme de él pero tengo el convencimiento de que por encima de eso está lo bueno que supone que esté con su padre. Que no puedo anteponer mi tranquilidad a que padre e hijo estén juntos.
No puedo ser yo causante de privar a mi hijo de su padre.
Era lo que me planteaba. Ahora yo no es el caso, pero siempre que el padre se lo quería llevar yo debía aguantar marea, porque sinceramente en el fondo y por mucho que me costara, sabía que la relación padre e hijo era buena para mi hijo.
¿Cómo evolucionó tu relación con el padre de tu hijo a través de todo el proceso de separación?
Ha tenido muchos altibajos, marcados por la actitud del padre.
Cuando ha estado más centrado todo ha ido bien. Durante las temporadas en que estaba más “descentrado” pasaba más de él, era más informal en horarios… etc. Esas temporadas eran más difíciles.
Siempre he intentado solucionarlo hablándolo con él directamente y por supuesto, haciéndolo de forma que mi hijo no se enterara de nada. Lo disculpaba delante de él. Nunca le he hablado mal de él ni insinuado lo más mínimo. También hablé con mi entorno para que hicieran lo mismo.
Con el paso del tiempo, y dado que ya hace muchos años que está “centrado”, la relación ha evolucionado muy favorablemente: podemos estar juntos en una celebración, en un viaje, en el hospital… Nosotrxs con nuestro hijo, nuestras parejas… y además, de verdad, sinceramente, estar a gusto.
Con el tiempo se olvida lo malo, queda el cariño y lo más grande de nuestra vida en común.
Hoy en día tenemos una relación cordial, de cariño, confianza, bonita… Aunque sé que cuesta de entender y muchxs no lo creen… es así.
¿Cuál era la visión de tu hijo sobre vuestra situación familiar a medida que crecía? ¿Cómo enfocaste el tema de las parejas que tuvo su padre?
Lxs niñxs se adaptan a todo muy fácilmente mientras lxs adultos nos encarguemos de vivirlo con naturalidad y de que ellxs lo vivan del mismo modo.
Él fue creciendo en ese modelo de familia y no le resultaba ni extraño ni incomodo ni raro.
Cuando su padre cambiaba de pareja no se hablaba demasiado del tema. Alguna vez que comentaba algo simplemente le decía que las relaciones de adultos son complicadas y que a veces no funcionan bien. Como no preguntaba más nunca dí más explicaciones.
Me preocupaba la impresión que le pudiéramos estar transmitiendo con tanto cambio de pareja, pero por otro lado nunca conoció a las parejas que yo tuve antes de la actual, que es mi marido, así que por mi lado conoció más estabilidad.
Tratando los temas con naturalidad, sin comentar ni recalcar ni hablar sobre si está con esta o con la otra ni hacer jamás comentarios delante de él, se acostumbraba a una pareja y luego a otra con naturalidad. Yo creo que porque desde el entorno nunca dramatizamos ni comentamos.
Más adelante, tú misma iniciaste una relación que derivó en un matrimonio y un hermano para tu hijo. Desde tu punto de vista, ¿cómo encajó tu hijo esas modificaciones en su esquema familiar?
Como todo lo que estoy comentando… con naturalidad.
Sí que hubo algo llamativo dentro de esa naturalidad: cuando empecé con mi actual marido y me casé, Guillem tenía 5 años. Algunas veces preguntaba si podía llamar a mi marido “papá”; se lo preguntaba tanto a él como a mí y la respuesta siempre era la misma: «¿Quién es tu papá?», y él decía: «Guillermo», y nosotrxs: «Pues entonces tu papá es Guillermo y Julián es Julián, el marido de mamá y que te quiere como si fuera un papá. Es como si tú tuvieras dos papas… pero el papá-papá es Guillermo. A Julián lo puedes llamar Julián pero tú sabes que te quiere como un papá».
Esta conversación se repitió algunas veces con lxs dos hasta que me quedé embarazada de mi actual marido. Entonces, sin preguntarnos, pasó a llamarle Papá.
Decidimos que tenía esa necesidad por varias razones: coincidía con una época “dispersa” de su padre y además iba a llegar a casa un hermano que sí iba a poder llamarle papá, pero él estaba antes en esta familia y era como si sintiera que antes que papá de su hermano, Julián tenía que ser papá suyo. Así que decidimos no decirle que no lo hiciera. Pero yo siempre siempre (bueno después de 15 años a veces se me escapa), cuando hablo con mi hijo me refiero a mi marido como «Julián» o como mucho “papá Julián” y a su padre como «papá», aunque es verdad que con el tiempo… a veces usamos el «papá Julián-papá Guillermo».
Cuando empezó a llamar a mi marido «papá» a pesar de que nosotrxs no le dijimos que no lo hiciera, él mismo a veces añadía: «Aunque mi papá papá es Guillermo pero yo te llamo papá porque es como si lo fueras», y nosotrxs le decíamos que sí, que tenia razón y punto.
También lo hablé con su padre (su papá papá) y supongo que ahí él también tuvo que hacer un esfuerzo (por disperso que estuviera supongo que eso no le hace gracia a nadie) y dejó que el chiquillo se expresara así y, que a mí me conste, nunca le dijo que no lo llamara «papá».
Creo que el mérito de tener una buena relación de padres/madres separadxs es de lxs dos.
Lxs dos habremos tenido que “tragar” con situaciones y cosas que no nos hacían gracia, pero lxs dos lo hemos hecho por el bien del hijo (bueno lxs tres, que el papel del padrastro tampoco es fácil: hay que saber estar, ejercer, pero saber quien eres… y eso también lo ha hecho muy bien mi marido).
Volviendo al momento actual, ¿Crees que se puede llegar a un punto de estabilidad en la locura de formar una familia ensamblada?
Totalmente. De hecho nosotrxs estamos en ese momento. Se puede. Hay que luchar por ello y se consigue. Os lo aseguro. Sé que cuesta de creer pero es totalmente cierto.
Quizás habría que escuchar la parte del padre (el padre padre) y del padrastro, pero yo creo que dirían lo mismo. Es difícil y hay que tragar bastante pero el objetivo siempre es la estabilidad y bienestar del hijx. Por encima de eso no hay nada. Ni nuestra estabilidad, ni nuestro bienestar, ni nuestras necesidades… Al final se consigue una relación buena para todxs.
Se puede conseguir una buena relación de padre/madre separadxs. Para ello no hay un modelo fijo, cada familia debe encontrar el suyo, pero es fundamental no perderse el respeto y salvaguardar el cariño.
Además, para la educación de mi hijo fue muy importante que tuviera claro en todo momento que su padre y yo, y más adelante su padre, mi marido y yo, íbamos juntxs, a una.
Tomábamos las decisiones relativas al niño a una: quedábamos, lo hablábamos… Una cosa son las normas de cada casa, que pueden ser distintas (en casa de su padre podía ver «Los Simpson», en mi casa no) y otras son las decisiones, directrices, límites… Ahí él sabía que estaba perdido. Cuando decía: “Pues con el papá puedo… “, yo le decía: «Pues vamos a llamarle y lo hablamos.» Entonces rectificaba. Si él veía que yo no tenía problema en hablar con su padre, que le “iba a pillar”, reculaba. Al final dejó de hacerlo.
Cuando recogíamos notas hablábamos los dos padres y yo con él. Le exigíamos conjuntamente. Cuando había tutoría, ibámos lxs dos (su padre y yo). Cuando había que decidir cosas importantes (como si entraba en el Valencia Basket, cuando nos llamaron del equipo) fuimos los dos padres y yo con él a hablar al Valencia.
Creo que educar a una es muy importante. Y si toca, educar a tres o a cuatro.
Pero eso sólo se puede conseguir estableciendo desde el principio, cuando las heridas están abiertas y cuesta mucho, una buena relación. Os aseguro que el “bien mayor” de la estabilidad, la felicidad de tu hijo, todo lo vale.
En retrospectiva, ¿Crees que tu hijo quedó dañado por el divorcio o por alguno de los acontecimientos derivados del mismo?
Creo que no. Creo que tiene una visión de que modelos de familia hay muchos y todos son buenos.
Si pudieras, ¿harías alguna cosa de forma diferente?
Pues… suena raro pero ¡creo que no!
He de decir que desde la separación estuve un año yendo a un terapeuta de familia y mediador de separaciones. Aunque iba yo sola me ayudó mucho. Eso sí lo recomiendo.
Es una etapa dura y difícil y la terapia te ayuda a resituar las cosas, a poner a tu hijo por delante, a no engañarte con excusas… Es muy tentador y te lo crees, sobre todo cuando son pequeñxs: que contigo están mejor, que con el padre no van igual de limpios, no tienen el mismo orden, no cumplen los horarios… etc.
Creo que fue más mérito de la terapia que mío el resituar que, por encima de todo eso que es el como a mí me gusta hacer las cosas con mi hijo, está él. Que los cuidados que le da su padre son diferentes e incluso pienso que son peores, sí, pero el beneficio mayor de fomentar una relación padre-hijo supera todas las situaciones que pueden parecerte en ese momento muy graves y sólidos motivos para no dejarle ir con él.
Cuando era pequeño y se iba un fin de semana con su padre volvía nervioso, alterado, saltándose normas… Poco a poco y con paciencia (es decir sin hacer caso y recalcando las normas que había en nuestra casa), eso fue pasando. En ese momento lo vives con angustia y te tienta mucho el pensar: «Está claro que con él no está bien porque vuelve nervioso, alterado, mal…», pero creo que se trata de aguantar el tirón de la época. Todxs tenemos que adaptarnos.
Las tres claves fundamentales:
- En cada casa hay unas normas, que ni son mejor ni peor, y hay que respetarlas aunque sean distintas
- No hablar nunca mal de la otra familia
- Facilitar la relación con la otra familia por encima de tu bienestar, incluso por encima de tu creencia de que están mejor contigo. Hay un bien mayor: la relación del hijo o la hija con su padre, con su familia paterna.
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Nilo Arias
15 julio, 2017Muy interesantes los diferentes temas planteados a lo largo de esta entrevista, desarrollados por Berta con gran claridad de ideas, maestría y profesionalidad. El análisis de las situaciones, acciones y reacciones, comportamientos y conclusiones extraídas de un caso de la vida real, son, con toda seguridad, de una gran ayuda para aquellas personas que se encuentren en situaciones similares.
Esta página web ha venido a llenar un hueco necesario en la sociedad actual, como un valioso instrumento de ayuda y de apoyo para familias reconstituidas. Mi ¡ENHORABUENA! por la genial idea.
Berta
19 julio, 2017Nilo, gracias por tu comentario, no sabes cuánto nos alegra pensar que hacemos algo para apoyar a otras madrastras y familias reconstituidas que lo necesitan. Eso es lo que nos mueve. Aunque quería apuntar que esta entrevista la hizo Aina :) ¡Muchas gracias por el apoyo!