Lo que deberían saber los padres separados sobre las madrastras

Hola chicas. Me alegro de que leáis esto, pero en realidad este post va dirigido a vuestros significativos.

En mis primeros años como madrastra se podría decir que desarrollé una personalidad múltiple. Durante el día montando juerga con mi hijastro y por la noche llorando desconsoladamente. Un día rebosante de energía y al siguiente fingiendo una enfermedad para no salir de la cama.

Sí, a veces parecía que unos aliens hubieran secuestrado mi cuerpo, y lo peor, que se fueran turnando para usarlo un día cada uno.

Una mujer se puede casar de un día para otro, mudarse con su compañero de un día para otro, pero lo de convertirse en madrastra es harina de otro costal. Pasamos por una laaaarga metamorfosis (entre 1 y 3 años de media), y sí es verdad que al final resurgimos convertidas en seres superiores, pero la transformación es como mínimo desconcertante (por decirlo delicadamente).

Por eso hoy quiero echar un cable a esos papás que, con ilusión renovada, decidisteis formar una nueva familia y hoy asistís con la mandíbula desencajada a este proceso. Quiero daros algunas claves para entenderlo, saber qué tipo de apoyo necesita una madrastra en metamorfosis y con suerte acelerar un poco el proceso.

1.  Paciencia tuvo otra hija

La ciencia es la más conocida, pero lo que nadie dice es que la paciencia también es madre de la felicidad (por lo menos en las familias ensambladas).

Tú quisiste hacerlo todo bien: dejarle claro a tu nueva pareja que tenías hijos de una anterior relación, presentarlos en un entorno distendido, velar por que se fueran conociendo y cuando viste que la cosa cuajaba entre ellos, quisiste dar el paso de vivir juntos. Ella accedió con ilusión.

Pero al cabo de 4 meses la ves vagar como alma en pena por casa, cada noche cuando se acuestan los niños discutís con lágrimas, y te dice que nunca en la vida lo había pasado tan mal.

No te voy a dar la fórmula mágica, sólo quiero decirte que todo esto es NORMAL. Ella no podía imaginar lo que supondría ser madrastra hasta que se encontró metida hasta las cejas en ello, y ahora ha empezado la metamorfosis.

«¿Y qué hago yo?», me dirás. Pues primero de todo no te lo tomes como algo personal, no intentes “solucionar el problema”, no le digas que se vaya al psicólogo y sobretodo no le pidas que se haga cargo de los niños si ella no se siente preparada. Nada que suponga presionarla para salir del bache. Ella encontrará la manera, con el tiempo. Lo que necesita es simplemente encontrarte cada vez que te busque. Y esto nos lleva al punto dos.

2. Acompañar lo que no entiendes

Pedirte esto es casi un atentado contra la naturaleza masculina, lo sé, y quiero decirte que como madrastra admiro la labor del los papás ensamblados.

Seguro que hablando con tu pareja has tenido mil veces en la punta de la lengua el: “Pero si no tienes motivos para sentirte así”. Bravo por cada vez que te lo has tragado y en vez de eso has abrazado a tu pareja en silencio. Eso es lo que ella necesita: sentirse acompañada, y saber que tu estás ahí para ella aunque esté hecha un moscorrofio.

Me dirás: “Vale, capto lo del silencio. ¿Pero y si quiero decirle algo?”

3.  Dile cuanto significa para ti su presencia en tu vida

Porque ¿sabes?, si a estas alturas ella no ha huido es por ti, porque realmente cree en vuestra relación. Cuando tú se lo confirmas diciéndole lo importante que es para ti le estás dando la vida.

Dile cuanto valoras su esfuerzo, lo contento que estás de poder compartir x (la vida, momentos concretos, deseos, planes…) con ela, cuanto te ayuda con las cosas que hace por tus hijos… En definitiva: hazla sentir valiosa y reconoce su esfuerzo. Eso le va a dar energía y motivación para seguir adelante.

En cuanto a lo que no debes hacer si quieres que la relación siga adelante:

  • Responsabilizarla de la relación con los tus hijos.
  • Ponerle presión para que esté con ellos.
  • Poner tu relación con ella en standby cuando llegan los niños. Puede ser difícil para ti compaginar las dos relaciones, pero ella necesita que muestres vuestro compromiso delante de tus retoños y que encuentres momentos para conectar con ella.
  • Juzgarla por sus sentimientos negativos (porque todas las madrastras tenemos sentimientos de los que nos avergonzamos y si algo necesitamos es compasión).
  • Decirle cómo se supone que tiene que comportarse o colaborar en casa (los modelos tradicionales no valen para nuestras familias).
  • Escatimar tiempo para la pareja. Vais a necesitar mucho, así que hazle un hueco importante en tu agenda.

4.  Explosión

Llegará un momento en que tu compañera te va a decir que no le gusta cómo tratas a los niños en determinado aspecto, cómo la tratas a ella delante de los niños, cómo se comportan los niños en tal situación…

De una forma más o menos explosiva va a empezar a pedir que haya cambios, seguramente tú te vas a sentir atacado o dolido y vais a discutir.

Una vez que se te haya pasado el enfado es momento… ¡de celebrar! ¡Sí! Porque tu compañera habrá dado un gran paso en su proceso de metamorfosis.

Si estás familiarizado con las fases del ciclo de vida de las familias ensambladas, este cambio es la señal de que habéis pasado de la fase de transición a la fase de conflicto. A partir de este momento vais a empezar a negociar y a poner los fundamentos de vuestra familia. ¡Enhorabuena!

5.  Rock&Roll

La fase de conflicto no es sólo una explosión. Tu pareja va a empezar a pedir cambios en muchos aspectos, te va a decir cómo quiere relacionarse con los niños (estando tú, sin estar tú pero que te quedes cerca, asumir unas responsabilidades pero no otras…), te va a decir cómo quiere que la ayudes, pero también qué dinámicas necesita que cambien.

A la vez empezará a reclamar tiempo para ella, un tiempo al que normalmente las madrastras renunciamos al principio de la relación para dedicarlo a forjar las relaciones de familia.

Es evidente que algunas de sus peticiones no te van a gustar y habrá mucha negociación.

En todo momento recuerda que el conflicto es una buena señal de que tu compañera ha decidido quedarse y está buscando la manera de sentirse por fin en su casa, porque hasta ahora se ha sentido como una extraña en la vuestra.

En este momento los dos vais tener que ser muy flexibles y os puede venir genial aprender algunas técnicas de comunicación no violenta, para que las negociaciones no terminen en ruptura.

6. Explícale cómo te sientes

Sé bien que para vosotros la situación no es nada fácil, y a menudo a nosotras también nos cuesta entender vuestros condicionantes. Por eso cuando ella te pida que te alejes de tu ex, o que impongas más disciplina a tus hijos o lo que sea, valóralo y explícale por qué sientes que debes comportarte con tu ex como lo haces, o por qué crees que hacer un determinado cambio en la rutina de los niños va a ser perjudicial.

Los papás os encontráis en medio del fuego cruzado, tratando de que no se rompan las relaciones y a la vez de cuidar de vuestros niños y acercaros a ellos. Vuestra postura es complicada, y las madrastras necesitamos saberlo, entender por qué tomáis las decisiones que tomáis.

A la hora de negociar, haz lo posible para que tanto sus necesidades como las tuyas estén sobre la mesa. Encontrar la manera de comunicaros y empezar a tomar decisiones juntos es lo que os llevará hasta la fase final de la metamorfosis.

7.  Y finalmente… Prepárate para alucinar

Porque la mujer que va a surgir del capullo ya no es la misma que conociste.

Ha estado en contacto con las partes más oscuras de si misma, ha sopesado vuestra relación de todas las formas posibles, se ha visto obligada, quizás por primera vez en su vida, a preguntarse realmente quién es, quién quiere ser y qué necesita para conseguirlo.

Y si has estado a su lado, significa que has sido para ella un compañero como ninguno que haya conocido antes.

Vas a ver a una mujer fuerte, decidida a realizarse, que ha tomado la determinación de convertirse en tu compañera de vida. Y de echar a andar contigo una familia sin igual.

Aunque aquí en el blog no hablamos mucho de vosotros, sois una pieza clave en todo esto. Sois el motivo por el que estamos aquí y la mano que nos acompaña para seguir adelante. Muchas gracias.

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