Entrevista a Rosa: «Desde que acepté que mis hijastros podrían ‘no llegar a quererme nunca’ me he relajado y soy más feliz.»

Rosa, ¿Cómo se consigue el título de madrastra veterana?

Con mucho amor en la pareja, diálogo, paciencia y saber que las cosas mejoran con el tiempo.

¿Alguna vez dejamos de ser "la usurpadora" para consagrarnos como madrastras?

Yo espero que sí, que el tiempo pone a cada una en su lugar y la historia no es como se les ha contado a los hijastros. El tiempo y el pensamiento crítico que trae la madurez, harán que la verdad salga a flote. Y ese día podrán ver que puedes ser una compañera en sus vidas, alguien que complementa la familia. Que nunca hemos pretendido usurpar el lugar de su madre.

¿Cuántos años llevas en tu viaje por la madrastridad?

Conocí a mi chico hace seis años, llevaba separado un año de su ex. El primer año de relación yo sólo era una “amiga de papá” y de la hermana de mi chico. Tanto la abogada como la psicóloga que nos asesoraban nos aconsejaron que, para no complicar la situación de cara al juicio de divorcio, donde se estableció la custodia compartida y mi pareja recuperó su piso, yo me mantuviera al margen. Comencé a ser madrastra oficial hace unos 5 años.

Me gustaría añadir que el proceso de divorcio se ha alargado hasta la actualidad. A parte de las denuncias falsas que la ex ha ido añadiendo, también queda la parte económica por resolver. Tenemos una historia judicializada.

¿Cómo te veías antes y cómo te ves ahora?

Antes era una persona muy insegura respecto a la relación con mis hijastros. Tratando de gustar, de hacer las cosas bien. Era un constante sufrimiento para no lograr nada. Estaba siempre en tensión y la convivencia empeoraba cada vez más.

Hoy en día me siento más segura. Ya no dejo que su indiferencia me haga daño. Ni siquiera las malas pasadas de la ex. He aprendido que quien te enfada te domina. Cuido más mi autoestima. Están en una etapa complicada de su vida, la adolescencia… palabras mayores. Intento empatizar con sus comportamientos y seguir “estando” de alguna manera. La adolescencia les pasará, quizá abran los ojos y los frutos se acaben recogiendo.

¿Cambiarías algo? Sabiendo que a la ex no la podemos cambiar, claro.

Por supuesto. No dejaría que los problemas que no me pertenecen me afecten. Hay que dejar fluir. La vida se encarga de colocar las cosas en su sitio. Y si es el caso de nuestra ex, es de las que escupe para arriba… o como yo digo siempre, en el pecado lleva la penitencia.

¿La estabilidad llega finalmente?

Sí, sin duda va llegando. Llega a la familia ensamblada con paciencia, amor y con tiempo. Los problemas se van relativizando. Dejas de darle importancia a cosas que antes te parecían trascendentes.

Superar juntos tantas trabas, tantas situaciones difíciles y mantener una actitud resiliente hace que la pareja salga reforzada.

¿Qué te ha permitido estar bien a pesar de lo que no puedes cambiar de tu familia?

El amor, el humor y la sororidad con otras madrastras.

¿Sientes que has cambiado como persona?

Buf, no soy la misma persona. Uno de los cambios más importantes es que he aceptado que no todo el mundo me va a querer. Cada uno por los motivos que sean y a su manera. Al principio me costó. Tuve que ir a terapia. Hacía tanta fuerza para ser aceptada que el desgaste físico y emocional era peor. Desde que acepté que mis hijastros podrían “no llegar a quererme nunca” me he relajado y soy más feliz.

Otro cambio es que ahora me priorizo. Dedico más tiempo a mis aficiones, a mi descanso mental, a mi vida social…. He aprendido a desconectar de las situaciones que no me favorecen. He aprendido a empoderarme.

¿Qué te ha aportado la comunidad de madrastras? ¿Ayudó a afianzar tu camino?

Todo. Es que no estaría aquí si no fuera por ellas. Más de una vez pensé en hacer la maleta y no seguir luchando. Yo entré en la comunidad desesperada porque la ex quiso cambiar la custodia y nos acusó de mala familia. Fuimos, una vez más, a juicio. Desde el minuto uno me sentí arropada por mujeres que estaban en mi misma situación. Dejé de sentirme sola y loca.

Formamos un grupo de mujeres luchadoras. Entre nosotras no sólo hay madrastras. También hay madrastras que son hijastras y su testimonio y visión desde la madurez es un regalo que nos da esperanza de que el futuro será mejor. Estando juntas nos sostenemos, nos escuchamos, nos ayudamos, nos reímos… Y lo mejor, no se juzga a nadie. Hay mucha comprensión. Juntas somos más fuertes.

Pues que bienvenida a esta experiencia (una de las más intensas de la vida). Acabas de subirte a una montaña rusa de emociones. Formar una familia ensamblada no es tarea fácil, pero acompañar a tu pareja a reconstruir de nuevo una familia rota va a ser una de las pruebas de amor más gratificantes que viváis juntos. Y tú vas a crecer como persona enfrentándote a tus miedos y vas a conocer a mujeres increíbles, entre las cuales quizá te llevarás más de una amiga de corazón.

Descubre Materia

La comunidad de madrastras donde nadie te dirá que "cuando empezaste ya sabías lo que había".

Deja tu comentario

Tu correo electónico no será publicado. Los campos obligatorios estan marcados con un *



Descubre las bases para crear una relación sana con tus hijastr@s y construir tu lugar en casa sin perderte a ti misma por el camino. Basado en nuestra experiencia. Sin cuentos.

Responsable: Afín - Asociación Española de Familias Enlazadas. Finalidad: Envío de nuestras publicaciones y correos comerciales. Legitimación: Tu consentimiento. Destinatarios: Tus datos están alojados en nuestra plataforma de email marketing Active Campaign, ubicada en EEUU y acogida al Privacy Shield. Podrás ejercer Tus Derechos de Acceso, Rectificación, Limitación o Suprimir tus datos en hola@afinfamilia.com. Para más información, consulta nuestra política de privacidad.