Cómo evitar que las discusiones sobre los niños se carguen tu relación de pareja

Autora: Jenna Korf

Es fácil ser amable, cariñosa y apoyar a tu pareja cuando estás a gusto con el devenir de las cosas. Es fácil sentirte segura y a salvo cuando tu pareja toma decisiones de crianza que están de acuerdo con tus valores. ¿Pero cómo de comprensiva eres cuando toma una decisión con la que no estás de acuerdo?

¿Te vuelves distante? ¿Tiendes a juzgar o a tratar de controlar a tu pareja? ¿Sientes que necesitas convencerle de que está equivocado? Si es así te estás comportando como lo que yo llamo una compañera sólo para el buen tiempo. Y esto puede arruinar tu relación.

¿Por qué ocurre?

En general criamos a los niños de acuerdo con nuestros valores sin darnos cuenta, pero cuando estos se ven violentados se activa una sensación de amenaza que nos impulsa a actuar sin pensar. Empezamos a intentar convencer a nuestro compañero (por todos los medios posibles) de que se está equivocando. Hasta el punto de crear situaciones desagradables para todos.

La cuestión es que él también tiene sus propios valores y está tratando de ser consecuente con ellos. Tiene sus razones para tomar las decisiones que toma –razones que quizás tú nunca llegues a entender. Y si cuestionas repetidamente sus decisiones, se sentirá traicionado.

Cuando un hombre se siente traicionado por su compañera, pierde el interés en atender sus necesidades.

¿Qué necesita tu compañero?

Si quieres que tu relación dure, es necesario que tu compañero sienta que estás en su equipo, incluso cuando parece que está perdiendo. Eso es lealtad.

Cuando crees en él, incluso aunque aún no te haya dado muchas razones para hacerlo, poco a poco empezará a convertirse en el hombre que ve reflejado en tus ojos. Confiará en ti. Y cuando confíe en ti, te compensará haciendo de vuestra relación su prioridad.

Tendrá ganas de darte aquello que necesites. Y llegará a saber que tiene en ti a su fiel compañera –no como su ex (que le increpa cuando las cosas no son a su manera) o los niños (que se enfadan cuando no consiguen lo que quieren) o incluso sus padres (que constantemente le dan opiniones que él no ha pedido). Como compañera que está a su lado, ayudándolo cuando cae, te ganarás su confianza y te convertirás en su refugio.

¿Qué necesitas tú?

Debes asegurarte de cuidar tu bienestar mientras lidias con todos los aspectos de la familia que escapan a tu control. Si hay una decisión que afecta a tu tiempo o tu energía, tu compañero debería discutirla contigo y encontrar una solución que os vaya bien a los dos.

Si decide no incluirte, entonces debes crear límites para proteger tu tiempo y energía.

Por ejemplo, si él y su ex deciden (sin consultarte) que tu hijastro cambie de colegio y esperan que lo lleves y lo traigas pero eso no te va bien, debes decirle que no vas a estar disponible, y que tiene que encontrar una alternativa.

Si toma una decisión que te afecta indirectamente, como dejar que su hijo vea la tele el rato que quiera, y eso termina en berrinches por cansancio a la hora de ir a dormir, puedes protegerte dejando que él se haga cargo de los rituales de ir a dormir o dejando de intentar calmar al niño.

Puedes apoyar a tu pareja y a la vez establecer límites. A continuación he esbozado cuatro maneras de hacerlo.

1. Deja que él sea el padre

No importa que hayas leído los mejores libros de crianza o que hayas criado con éxito a tus propios hijos. Si le impones tu criterio a tu compañero, va a creer que no lo consideras un padre capaz.

Lo que puedes hacer es preguntar a tu compañero si le gustaría que lo ayudaras a pensar soluciones al problema que tiene entre manos. Si está de acuerdo, explícale lo que ha funcionado en tu caso o lo que has aprendido leyendo. Pero si no te pide ayuda, o si elige otra solución, es señal de que debes dejar esa cuestión en sus manos.

2. Abandona la necesidad de tener la razón

Ver las decisiones que tomamos en términos de bien o mal es el primer paso para generar conflicto y decepción. En vez de esto, cada vez que te pilles juzgando negativamente las decisiones de crianza de tu pareja, intenta cambiar de perspectiva y decirte que simplemente lo hace diferente.

Recuerda que hacer las cosas de una manera diferente a como las harías tú no tiene por qué suponer la ruina de la educación de los niños. E incluso si tu compañero está perjudicando a sus hijos con sus decisiones (porque, admitámoslo, todos los padres la fastidian un poco con sus hijos)… bueno, eso es parte de su aprendizaje.

Sus decisiones pueden estar “mal” para ti o para tu hijo, pero están bien para él ––incluso cuando el resultado no es el que él esperaba.

3. Sé primero compañera y luego madrastra

Sé consciente de que tu prioridad es tu relación, no criar a tus hijastros o juzgar y controlar la crianza que ejercen tu compañero y su ex.

Cuando sientas la necesidad de controlar una situación que no está en tus manos, pregúntate: ¿es más importante que tengamos una relación sana y feliz o que críe a sus hijos como creo que debería hacerlo?

Si tiendes a decidirte por la segunda opción, lo vas a tener difícil en tu familia ensamblada y quizás debas repensar tus prioridades.

4. Acepta la realidad de la situación

La madrastra es el único miembro de la familia que se ve profundamente afectado por decisiones en las que no tiene voz ni voto. Es la realidad de las familias ensambladas y una de las razones por las que ser madrastra es tan difícil.

Una cosa es tener que vivir con las consecuencias de tus decisiones, y otra tener que soportar las consecuencias de las decisiones que otros tomaron. Tener un compañero que entienda esto y tenga en consideración los sentimientos de su pareja a menudo marca la diferencia entre una relación feliz y una llena de tensión.

Por otro lado debes entender que en ocasiones tu compañero tomará decisiones acerca de sus hijos que te afecten negativamente. En estos casos lo más seguro es que él sienta que atender las necesidades de sus hijos ––en el fondo–– debe ser su prioridad, por encima de la protección de tus sentimientos. Eso no significa que sea un mal compañero. Simplemente es su obligación. Es una pieza más dentro de la difícil dinámica de la familia ensamblada.

¿Cómo apoyar a mi pareja?

Apoyar no significa convertirte en sirvienta ni traicionar tus principios. Tampoco implica que tengas que estar de acuerdo con la decisión que estás apoyando. Significa que decides respetar la decisión de tu pareja. Puedes mostrarle tu apoyo haciendo lo siguiente:

  • Una vez que una decisión está tomada, no insistas más. Déjala reposar.
  • No te empeñes en hacerlo cambiar de opinión sobre algo en lo que no estáis de acuerdo.
  • No estés enfadada con él. Si realmente le apoyas, no hay lugar para el enfado. Sólo hay respeto por su individualidad y su derecho a criar a sus hijos como mejor le parezca.
  • Si su decisión tiene consecuencias negativas, empatiza en vez de criticar: “Lo siento, cariño. Es duro. Hiciste cuanto pudiste. Era lo que creías mejor en ese momento”.
  • Nunca digas “Te lo dije” ni ninguna otra versión de lo mismo. Echarle en cara sus fallos no es respetuoso y desde luego no es un apoyo. Es infantil.
  • No le sondees sobre la situación. Deja que sea él quien comparta sus impresiones contigo cuando esté preparado.

Siendo una compañera comprensiva, en oposición a una pareja que necesita que todo sea su manera, estás contribuyendo a honrar la pareja y asegurar su supervivencia.

Te muestras como una mujer que respeta a su pareja siendo amable y cariñosa mientras él crece como padre y como persona. Y, lo más importante, estás creando un espacio donde los dos podéis cometer errores teniendo la red de seguridad de vuestra relación como respaldo –una red de seguridad que se convertirá en la base de un romance sólido, preparado para durar y seguir adelante cuando el último niño crezca y abandone el hogar.

Este artículo fue publicado por Jenna Korf en Stepmom Magazine en febrero de 2015. Puede encontrarse una copia en su blog con el título A Stepmom’s Guide to Being a Supportive Partner.

 

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