Conflictos Familiares y de Pareja

Tal y como comentamos en el post anterior sobre las Familias Reconstituidas, la creación de un punto intermedio común para todos los nuevos miembros garantiza un mejor acople y funcionamiento de las dinámicas familiares. Pero ¿cuáles son los dilemas a los que se enfrenta la familia reconstituida durante la creación de ese punto intermedio?

En primer lugar y pese a que suene redundante, la ausencia del punto intermedio es el principal causante de los dilemas y conflictos entre miembros de la nueva familia. Las normas, reglas básicas de comportamiento, las formas  de funcionar en el día a día, se han creado de forma casi espontánea en la anterior formación familiar (que como ya comentamos en el anterior post, tras una ruptura dicha formación suele ser la monoparental, estrechando el vínculo padre-hijo).

Al llegar una persona nueva a la familia, con o sin hijos, se pone de manifiesto esa cultura familiar existente, diferente a la que puede aportar esa persona que ha llegado para integrarse en la familia.

El choque de diferentes formas de proceder ante un mismo aspecto, con la llegada de la madrastra, puede generar muchísimas tensiones familiares hasta que todos los miembros decidan trabajar de forma conjunta para crear el punto intermedio nuevo. Y en este caso no será únicamente creado por y para la pareja, engloba un paso más, los hijastros.

En segundo lugar puede surgir la competición entre la relación padre-hijo / padre-madrastra. La aparición de la nueva pareja del padre o de la madre en el funcionamiento familiar supone un nuevo cambio en el status quo para los hijos. En ocasiones los hijos todavía se encuentran en fase de duelo por la separación de sus padres y durante la creación del núcleo monoparental se nutren especialmente de la atención que el padre/madre les otorga para fortalecer su seguridad. Cuando la atención queda dividida, la inseguridad reaparece generando tensión entre los hijos y las parejas de sus padres.

Pongamos un ejemplo: Durante la fase monoparental un padre decide dedicar la mañana de los sábados a jugar en la cama con sus hijos antes de tomar un desayuno especial. Tras la llegada de su nueva pareja, la mañana de los sábados se ha visto modificada y ahora la cama paterna es un territorio que comparte con su nueva mujer y no son sus hijos, pudiendo generar inseguridad y temor a ser dejado de lado. En ambos casos, tanto la nueva pareja como los hijos requieren de la atención del padre/madre, en el primer caso para fortalecer la relación y crear su espacio íntimo y punto intermedio y en el segundo precisamente para que la relación no se deteriore.

Sin embargo, la atención tiene que dividirse y el problema surge cuando una de las dos relaciones tiene que ser dejada de lado en pro de la otra y mayormente suele ser la de nueva creación, siendo ésta la más vulnerable.

Y por último y no por ello menos común, el forastero de la familia. En las relaciones familiares siempre hay momentos en los que alguien esta más «dentro» o conectado con el resto y otro que menos. Son roles que van variando. Pero en las familias reconstituidas esos roles se mantienen, por lo general, estáticos.

Hagamos un símil: En una comunidad social establecida hay ciertos miembros que a veces se involucran más en su funcionamiento y otros menos, pero dicha involucración va variando. Ante la llegada de alguien externo se le considera «el forastero», una persona perteneciente a otra comunidad social (con unas tradiciones y culturas distintas a las existentes) cuya integración y «eliminación» del rol de forastero llevará tiempo y esfuerzo.

En las familias reconstituidas la naturalidad con la que los roles de «miembros de la comunidad» y «forasteros» se mantienen generan desilusión y cierto daño emocional sobretodo cuando los forasteros expresan su disconformidad ante esta situación. Superar esta brecha lleva mucho trabajo nombrando los sentimientos y empatizando para buscar un punto intermedio.

¿Qué sucede cuando la posición del forastero recae en los niños?

En las familias nucleares los niños rotan a la posición del forastero cuando se prioriza de forma eventual la relación de los adultos. En estas familias existen dos núcleos, la relación de los adultos y la relación entre todos los miembros familiares. En las familias reconstituidas, hacerlos rotar de posición para favorecer la relación adulta implica que de forma puntual pierden su posición pero a su vez ellos pueden experimentar otra pérdida a nivel emocional. A pesar de que los niños no afrontan inicialmente de forma positiva los cambios, hacerles entender y ayudarles a fomentar la curiosidad por las necesidades de todos los miembros familiares es una buena forma de suavizar la priorización al tiempo de pareja.

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