10 claves para ganarte la autoridad ante tus hijastros

10 claves para conseguir autoridad ante los hijos de tu pareja

La relación con los hijos de tu pareja es compleja. A menudo empezamos la convivencia antes de tener mucha confianza, y además solemos asumir algunas responsabilidades muy rápido.

Tanto para convivir como para cumplir esas responsabilidades, es necesario contar con una cierta autoridad. Eso nos hace sentir cómodas en casa, y abre la posibilidad de una relación directa con las criaturas, que no pase siempre por su padre o su madre.

¿Por dónde empezar?

Es inevitable pasar por un período de incomodidad cuando empieza la convivencia y la relación es inmadura, pero todos necesitamos que las cosas se vayan haciendo más fáciles.

Hoy te proponemos 10 claves para conseguir autoridad antes los hijos de tu pareja a través de la confianza. Todas son cosas que puedes hacer para asegurarte de que la relación con tus hijastros vaya por buen camino.

1. Acercamiento

Cuando empieces a relacionarte con tus hijastros, deja que sean ellos quienes marquen el ritmo. Ellos te van a dar las pautas para entrar en su círculo: observa en qué momentos te buscan, qué tipo de muestras de afecto te dan y responde de forma parecida. Al principio tenemos que estar al quite y cazar las ocasiones al vuelo, pero nunca forzarlas ya que esto pondría a los niños a la defensiva.

2. Curiosidad

Asómate a su mundo desde la curiosidad, nunca desde el juicio ni la crítica. A veces hace falta un poco de concentración porque en nuestra sociedad las críticas hacia los niños casi nos salen automáticamente: “Me parece que estás ensuciando mucho”, “¿No llevas mucho rato enganchada al ordenador?”, “Mira que después tendrás que recoger…”, “¿Todavía haces eso? ¡Pero si ya eres una niña grande!”.

Ese tipo de comentarios que dejamos caer como si nada son hirientes (¡nunca hablaríamos así a un adulto!) y hacen que los niños nos vean como otro censor a quien hay que evitar.

En vez de hacer eso, cuando los niños se abran a ti háblales desde las ganas de saber más, interésate por lo que a ellos les interesa y se darán cuenta de que eres alguien con quien se puede hablar.

3. Juego

Si tus hijastros están en edad de jugar, aprovéchalo. Es un momento distendido, donde los niños se expresan de forma muy espontánea y les encanta tener a un adulto cerca para ir comentando o jugar juntos. Os conoceréis mucho jugando. Durante el juego evita poner normas ni límites (excepto lo necesario para la seguridad, claro), en vez de eso sigue a los niños. Es su tiempo, su mundo ¡¡y nos han invitado a entrar!! Mantengámonos a la altura de la situación.

Ah, y si ya son adolescentes, siempre puedes intentar buscar ocasiones para compartir actividades: cocinar, jugar a los videojuegos, ir de compras, probar maquillaje, ver una peli, pintar y decorar su habitación… Al principio las situaciones hombro-con-hombro son mucho más distendidas y agradables que las que implican estar cara-a-cara estrujándote los sesos para sacar un tema de conversación.

4. Cortesía

A veces no dispensamos a los niños la misma cortesía que a los adultos. Acuérdate de pedir las cosas por favor, de dar las gracias, y de ser paciente cuando pides algo a los niños: a lo mejor están haciendo algo y no pueden responder al instante (exactamente igual que nos pasa a los adultos), pero si mostramos respeto por su actividad es más fácil que al terminarla quieran atender nuestra petición.

Ah, y si alguna vez has sido injusta o no has actuado correctamente, vence tu propia resistencia y pídeles disculpas de forma sincera. Los niños agradecen que seamos imperfectas y que reconozcamos nuestros errores.

5. Respeto

Una actitud respetuosa es la base de una relación de confianza. Es especialmente importante mostrar respeto por su manera de ser y de sentir, aunque no esté de acuerdo con la tuya. Si no les has demostrado que los respetas tal como son, van a interpretar tus peticiones como intentos de cambiarles o de poner en evidencia lo que no te gusta de ellos y reaccionarán negativamente.

A veces estamos muy cansadas o quemadas, nos sentimos incómodas, y eso nos puede llevar a perder la paciencia. Es mucho mejor respetar los propios límites y tomarse un respiro que obligarnos a seguir en la interacción, porque entonces se hace muy difícil mantener el respeto. Además de que nos quedamos con un mal sabor de boca.

5bis. Poner tus límites

Se dice mucho que al principio las normas y los límites debemos establecerlos a través del padre de las criaturas, pero nosotras no estamos del todo de acuerdo. Cuando se trata de nuestra relación directa con los hijos de nuestras parejas, tenemos el derecho y la necesidad de verbalizar nuestros propios límites en cuanto al trato que queremos o al uso de nuestras cosas y espacios. También sobre nuestra disponibilidad.

Eso forma parte de una relación de respeto y tiene muchos beneficios fundamentales:

    • Tu hijastros te van a conocer, lo cual es fundamental para que crezca la confianza.
    • Te vas a sentir empoderada y sin depender de tu pareja para todo.
    • Evitarás cargar la relación de pareja con tensiones que no son propias de la relación de pareja sino de la relación con las criaturas, y que por tanto no se pueden resolver en la pareja.

A la hora de poner límites, evita expresar «lo mal que está lo que ha hecho el hijo o la hija de tu pareja» o «cómo deben ser las cosas». Esas vías provocan urticaria a cualquiera. En vez de eso, utiliza un lenguaje personal sobre lo que te gusta y lo que no y habla de tus necesidades:

  • «Ahora mismo estoy trabajando y necesito concentración, ¿podrías salir de la habitación y cuando termine jugamos un rato?»
  • «Necesito libertad y no me gusta dar muchas explicaciones sobre por qué salgo, entro, compro o dejo de comprar. Me gustaría pedirte que confiaras en lo que hago y, por supuesto, si en algún momento algo te molesta o interfiere con tus actividades, lo hablamos sin problema.»
  • «No me gusta que me mires con esta cara, me siento incómoda, ¿qué te parece si en vez de lanzarme estas miradas, me dices lo que te molesta o te preocupa?»
  • «Necesito respeto hacia mis cosas y también saber si cuento con ellas o no en caso de necesitarlas. Me gustaría que, cuando necesites algo, me lo pidas. Que sepas que, de entrada, si no las necesitos y no las considero frágiles, no tengo ningún problema en prestártelas.»

 

No siempre vamos a conseguir que la otra persona haga o deje de hacer lo que le pedimos. Pero estaremos usando nuestra propia voz y eso es fundamental tanto para generar una relación de confianza como para tu propia salud mental. Si no te lo has permitido hasta ahora, siempre es un buen momento para empezar ;)

6. Cuidado

Poco a poco asume algunos aspectos del cuidado de los niños (simepre a medida que vuestra relación avanza). Si pretendes ganarte la autoridad ante ellos es importante que perciban que te preocupa su bienestar.

  • Cuidar de los niños a veces conlleva algún enfrentamiento. En esos casos, trata de mantenerte en la situación hasta el final y no llamar a su padre (a no ser que los niños lo pidan). Puedes usar las fórmulas del punto anterior para expresarte. Para establecer una relación de confianza es importante que los niños sepan que también vas a estar ahí cuando las cosas se pongan difíciles, que no los vas a abandonar cuando muestren emociones incómodas para ti.

    La autoridad sólo la consigues cuando te implicas, ¿a caso escucharías a alguien que te da consejos sin estar comprometido con tu bienestar? Si no te comprometes con el bienestar de los niños, tus consejos no parecen motivados por una sincera preocupación por ellos, y por ende no los van a escuchar.

7. Ejemplo

Compórtate con ellos y ante ellos de la manera en que vas a pedirles que lo hagan cuando tengas autoridad. Tus actos hablan mucho más fuerte que tus palabras.
 
Eso no significa ser siempre perfecta, sino seguir tus propios códigos y si algún día metes la pata o no te gusta cómo has actuado, simplemente pedir disculpas o proponerte hacerlo mejor la próxima vez.

8. Distinguir entre lo que haces por su bien y lo que tú necesitas

A veces queremos mandar a los niños a la cama para tener un rato de pareja antes de dormir, pero a ellos les decimos que ya es hora, que mañana hay cole y que ya está bien de remolonear.
  • Cuando lo que tenemos es una necesidad personal, es mejor expresarla como tal, porque evitamos que los niños reciban otra orden y en cambio les damos la oportunidad de hacer algo por nosotros, algo por lo que después les mostraremos nuestro reconocimiento (¿a quién no le sienta bien saber que ha ayudado a otro y recibir un sincero “gracias”?).

    Prueba a cambiar fórmulas como: “Es hora de acostarse, venga, a la cama” por: «Chicos, necesitamos un rato adulto, ¿qué os parece si hoy hacemos el ritual de cama a la hora de siempre y mañana vemos la peli sí o sí?» O, si es cansancio: “Hoy estoy muy cansada. Necesito desconectar y descansar. Me ayudaría muchísimo si hoy hiciéramos pronto el ritual de ir a dormir y así me puedo acostar temprano.”

  • Y por supuesto, prepárate para negociar. La autoridad pasa por tener flexibilidad y buscar un punto medio que atienda un poco a las necesidades y deseos de todo el mundo.

9. Coste-beneficio

Hay un aspecto de la autoridad del que no se habla mucho, y es que estamos más dispuestos a atender a las personas con quienes tenemos una relación valiosa. Se mezclan la confianza en el criterio de esa persona con las ganas de gustarle o contribuir a su bienestar.

  • El proceso que llevará a tus hijastros a valorar la relación contigo es largo y depende mucho de los momentos que compartáis, pero es algo fundamental para definir tu nivel de autoridad.

    A nivel práctico, cuando vayas a pedirles algo a tus hijastros, plantéatelo en términos de coste-beneficio: piensa si el esfuerzo que supone para ellos (físico, de tiempo, de renuncia a sus deseos…) se compensa por el valor que ellos perciben en vuestra relación (conste que no me refiero al valor económico). Si crees que no les compensa, prueba a reformular tu petición.

10. Autocrítica

¿Es absolutamente necesario que pongamos todos los límites que ponemos? ¿Podríamos dejar más margen de elección al niño? ¿Podríamos adaptarnos más a su ritmo o sus intereses? Esto es algo que puedes pensar junto con tu pareja. A veces nos dejamos llevar por la costumbre o el día a día y no dedicamos un rato a pensar si estamos ejerciendo la autoridad de la mejor manera.

  • En general, cuantas menos restricciones pongamos al niño y más nos adaptemos a él, más dispuesto estará él a adaptarse a nosotras.

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