En punto muerto: Cuando no encuentras el camino de vuelta a tu pareja

Los momentos de reunión familiar, como el confinamiento o ahora las vacaciones, pueden ser difíciles para las parejas enlazadas. En los últimos meses he trabajado con muchas de ellas, y a menudo me encuentro observando cómo se lanzan reproches el uno al otro.

Me duele por ellos y me duele porque yo también he estado más de una vez en este punto con mi propia pareja.

“Si me valoraras harías esto”

“Si me valoraras me darías más tiempo”

“No te importo”

“No te esfuerzas”

“No te implicas”

“Me dijiste que tendríamos un hijo juntos y ahora te echas atrás, me has engañado”

“Si no te quejaras tanto…”

“Solo te fijas en lo negativo”

“Te molesta todo”

A veces llegamos a un punto en que, después de infinitas discusiones sin fruto, no podemos evitar empezar a ver al otro como un enemigo.

Y por no discutir más, empezamos a guardarnos nuestros sentimientos desagradables. Pero con eso no se acaba el malestar, porque seguimos rumiando y rumiando, mascando en silencio reproches contra nuestra pareja.

Y la intimidad se acaba. Y ya no sabemos ni qué nos pasa. Ni como volver el uno al otro.

Cuando una pareja llega a este punto, a veces me gustaría poder cederles mi lugar para que vieran, como puedo ver yo desde fuera, a dos personas que en realidad están sintiendo, cada una en la soledad de su esquina, dolores muy parecidos.

Dolor porque les gustaría que las cosas fuesen de otra manera, dolor porque les gustaría poder superar sus dificultades y no encuentran la manera, dolor porque echan de menos la conexión que tenían, dolor porque no logran satisfacer sus necesidades dentro de la pareja, dolor porque temen que esa relación que tanto han amado se rompa.

Y me pregunto: cuando las parejas llegamos a este punto, si ambos sentimos dolores tan parecidos, ¿por qué no podemos compartirlos en vez de retirarnos cada uno a una esquina a lamernos las heridas en solitario?

Soy consciente de que vivimos en una cultura de la culpa. Cuando algo va mal, buscamos un responsable, ya sea hacia fuera o hacia dentro. Es difícil hablar con tu pareja de lo que te duele sin exigirle más o menos explícitamente que haga algo para cambiarlo. Es difícil escuchar el dolor de tu pareja si sentirlo como un reproche, como si en realidad te estuviera diciendo “sufro porque tú lo haces mal y deberías cambiar”.

Y claro, este código nos deja solo con tres opciones: ataque, defensa o sumisión. Y ninguna de ellas nos acerca a la otra persona.

¿Y si hubiera otras opciones?

Nuestro primer impulso es luchar para cambiar las cosas, pero lo que voy descubriendo es que a veces llega un momento en que sufrimos más y nos alejamos más con esa lucha, que dejándonos sentir el dolor de que las cosas no sean como nos gustaría.

Hace un tiempo tuve una de esas épocas con mi pareja. Nuestro tema de reproche era, por supuesto, mi hijastro. Mi compañero me reprochaba que no me implicara lo suficiente con el niño. Yo le reprochaba que él no valorara todo lo que yo hacía. Estábamos en lucha. Y podríamos haber pasado meses así. Pero por suerte, en un momento dado, pudimos hacer un clic y darnos cuenta de que en realidad nuestro dolor era muy parecido: a él le habría gustado que yo tuviera una relación más cercana y cálida con su hijo, y a mí me habría gustado mucho poder tenerla. Los dos habíamos puesto lo que estaba en nuestras manos y no lo habíamos conseguido. Nadie tenía la culpa.

Qué descubrimiento darnos cuenta de que en realidad, nuestro dolor era prácticamente el mismo. En ese momento, casi mágicamente, pasamos del reproche y la exigencia a acompañarnos. Yo pude tocar su corazón y él el mío.

“Solo” tuvimos que asumir la pérdida de lo que deseábamos para poder obtener algo que ambos necesitábamos desesperadamente: conexión. Y la oportunidad de compartir nuestro dolor. Nuestro duelo.

¿Alguna vez te ha ocurrido algo parecido?

Yo últimamente he encontrada a otras parejas en un punto parecido con el conflicto de si tener un hijo juntos o no. Veo que muchas veces es posible encontrar una fórmula que vaya bien para ambos… Pero a veces no. Y es un tema demasiado importante como para simplemente dejarlo correr.

Cuando me encuentro en una situación así, siempre trato de acompañar a la pareja para que pueda dejar de luchar y compartir su dolor. A uno le encantaría tener un hijo con el otro y que el otro lo deseara. Al otro le encantaría desearlo o sentirse con fuerzas para compartir esa experiencia. Y ninguno está logrando cumplir ese deseo. Y eso supone un gran duelo.

Creo que toda pareja de larga duración llega en un momento u otro a un punto muerto, en que ni uno ni otro tiene energía o recursos para hacer más, y a veces la única forma de reencontrarnos es dejar de luchar y llorar juntos por lo que no podemos darnos.

A lo mejor nos encontramos para seguir juntos. A lo mejor nos encontramos para decidir romper. Pero nos habremos encontrado. Y habrá dolor, pero dejará de haber sufrimiento y amargura.

Alguien que lea esto puede encontrar que es un tema oscuro, y lo entiendo.

Personalmente, ahora que llego al final del artículo, lo respiro y siento que hablar del dolor es difícil, pero a veces es la única salida del sufrimiento. Y deja un poso de tristeza, sí, pero también de paz.

Y si he logrado transmitírtelo, me doy por satisfecha.

Si este artículo resuena contigo, a lo mejor tú también estás en un punto muerto en algún aspecto de tu relación de pareja. Y por si a caso quieres intentar salir del bucle de sufrimiento, te dejo aquí una pista de por dónde empezar: te sugiero que le pidas a tu pareja un rato para poder exponerle lo que te duele poniendo como premisa que ninguno de los dos tiene que intentar cambiar nada, que en esta conversación no se repartirán culpas, que no tiene que “hacer” nada. Explícale que lo que le pides y lo que más necesitas en este momento es la posibilidad de expresarte y de que él o ella te escuche, si es que puede.

Y si acepta, recuerda que aquí ya no caben reproches, que esta es la oportunidad para compartirte con tu pareja en lo que sientes de verdad.

Descubre Materia

La comunidad de madrastras donde nadie te dirá que "cuando empezaste ya sabías lo que había".

Deja tu comentario

Tu correo electónico no será publicado. Los campos obligatorios estan marcados con un *



Descubre las bases para crear una relación sana con tus hijastr@s y construir tu lugar en casa sin perderte a ti misma por el camino. Basado en nuestra experiencia. Sin cuentos.

Responsable: Afín - Asociación Española de Familias Enlazadas. Finalidad: Envío de nuestras publicaciones y correos comerciales. Legitimación: Tu consentimiento. Destinatarios: Tus datos están alojados en nuestra plataforma de email marketing Active Campaign, ubicada en EEUU y acogida al Privacy Shield. Podrás ejercer Tus Derechos de Acceso, Rectificación, Limitación o Suprimir tus datos en hola@afinfamilia.com. Para más información, consulta nuestra política de privacidad.