Cómo mejorar la relación con tu hijastro y a la vez… mejorar su comportamiento

¿Hago la vista gorda a su mal comportamiento o sacrifico puntos de madrastra enrollada y le llamo la atención?

El eterno to be or not to be de toda madrastra… ¿verdad?

¿Y si te digo que hay una manera de mejorar la relación con tus hijastros y a la vez conseguir que mejore su comportamiento?

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Me gustaría que recordaras la última vez que le gritaste a tu compañero, que castigaste a tu hijo o hija sin meditarlo, que te fuiste de casa de tus padres sin despedirte, que dejaste de hablar a una amiga o que abandonaste el cuidado y limpieza de tu casa unos días. ¿Cómo te sentías?

Seguro que no me equivoco al suponer que la última vez que te comportaste mal fue porque te estabas sintiendo mal.

Las emociones de los niños son parecidas a las de los adultos

A veces los adultos olvidamos que los niños, aunque sean pequeños y lloren en vez de hablar, son personas como nosotros desde el primer momento. Sus necesidades y sus miedos son diferentes, porque están en otro momento vital, pero su aparato emocional es ya muy parecido al nuestro, con la diferencia de que tienen menos autocontrol.

Por eso sé que cuando un niño o niña se comporta mal, es porque se siente mal.

En vez de centrarnos en eso tan evidente, a menudo los adultos nos sentimos amenazados por el mal comportamiento de los niños. Cargamos con un montón de prejuicios que nos avisan de que los pequeños tratan de manipularnos y de que si les hacemos caso en seguida se vuelven caprichosos, egoístas y vagos.

Guiado por esos prejuicios nos ponemos a la defensiva: desconfiamos de sus motivos, negamos sus sentimientos, les criticamos, nos burlamos de ellos, tratamos de que se avergüencen de su comportamiento o les castigamos.

Todos esos “recursos” tienen una efectividad dudosa como correctivos y lastiman la autoestima de los niños, además de aumentar su resentimiento.

Desde la posición de madrastra

Quizás esa es la forma en que se afrontan los problemas en la familia de la que has empezado a formar parte. Es posible que los niños lo toleren más o menos viniendo de su padre (amor incondicional, ya sabes), pero seguro que te has dado cuenta de que como madrastra esos recursos no funcionan y encima los pagas caros en tu relación con los niños.

Así pues, te propongo que te sacudas por un momento los miedos y los prejuicios y te centres en lo que sabes por tu propia experiencia: que hay una relación directa entre como nos sentimos y como nos comportamos.

Por eso si un niño se siente aceptado, respetado y valioso, su comportamiento mejorará.

La mejor manera de hacer que tu hijastro se comporte mejor es tratar de ayudarlo a que se sienta mejor. ¿Cómo? Reconociendo y aceptando sus sentimientos.

Si empiezas a escucharlo en las pequeñas cosas, vuestra relación se estrechará y también estará más dispuesto a escucharte cuando aparezcan otras más importantes.

Es una medida para la que no necesitas ponerte de acuerdo con el padre de los niños. Es un cambio que puedes emprender desde ti misma y practicarlo tanto como quieras.

¿Qué no hacer?

Generalmente tememos dar vía libre a la expresión de los sentimientos de los pequeños, porque pensamos que la cosa se va a descontrolar. Cuando empiezan a expresarse tratamos de contenerlos, más o menos así:

Niño: ¡¡¡Odio la escuela!!!!

Adulto: No me lo creo, si tienes allí a tus amigos y te veo contento jugando con ellos.

Niño: ¡Pues la odio!

Adulto: Pero ¿por qué?

Niño: Porque sí, déjame tranquilo.

¿Te reconoces? Ahora el niño siente que no tomamos en serio sus sentimientos, duda de lo que siente y que se cierra en banda. Sigue pensando lo mismo sobre la escuela, pero le hemos mostrado que no puede compartir ese sentir con nosotros.

Pensarás que aceptar sus sentimientos cuando habla de la escuela es más sencillo que hacerlo por ejemplo cuando se queja de su hermano (tu hijo).

Es normal que haya temas especialmente sensibles para ti, con los que te cueste más ser comprensiva, pero te aseguro que intentarlo vale la pena.

Te propongo que a partir de ahora estés atenta a tus propias inercias. ¿Caes en alguna de las siguientes trampas?

  • Negar sus sentimientos: “No seas exagerado”, “no puedes tener hambre si comiste hace una hora”, “me estás tomando el pelo”.
  • Reprender y avergonzar: “No digas esas cosas de tu hermano”, “deberías avergonzarte”, “¿te parece propio de un niño mayor llorar por tener que ir al cole?”.
  • Ponerte filosófica: “Así es la vida… tienes que aprender que no se puede tener todo”, “a veces hay que hacer cosas que no nos gustan”.
  • Defender a la otra parte: “No me extraña que el profesor se haya enfadado contigo, ¿cómo pudiste olvidar hacer los deberes?”
  • Cuestionar: “Si no querías que tu amigo se fuera, porqué no lo trataste mejor?” “¿Te ha pasado otras veces, verdad?”
  • Profetizar: “Te dije que iba a pasar y no me hiciste caso”.
  • Criticar: “Eres un vago, nunca quieres recoger tu cuarto”, “deja de inventar excusas”.

Cuando te pilles en una de estas, imagina que los papeles se intercambian y eres tú quien recibe esos mensajes. ¿Verdad que da rabia?

Veamos qué alternativas hay.

¿Qué hacer?

Lo que te propongo es ofrecer a tu hijastro o hijastra una escucha activa y una actitud de aceptación.

  1. Cuando tu hijastro se muestre contrariado, escúchale con atención (sin televisión ni móvil, sin hacer otra cosa al mismo tiempo).
  2. Da a entender que escuchas, entiendes y aceptas lo que dice. Asentir, “ajá”, “ya veo”… son expresiones que pueden ayudar. Escúchale de principio a fin sin interrumpir.
  3. Muéstrale que le entiendes expresando sus sentimientos con tus palabras: “Estás enfadado porque tu hermano te ha roto el juguete”. Y si no estás segura de acertar puedes probar con una pregunta: “¿Es rabia lo que sientes?”
  4. Adopta una actitud consecuente con lo que has escuchado, siempre respetando su forma de sentir. Aquí te dejo algunos ejemplos:
    • Si crees que necesita consuelo, ofrécele un mimo, ya sea un beso, palabras de ánimo o algo para comer (en línea con las muestras de afecto que soléis daros).
    • Si está frustrado por algo que no se puede cambiar, concédele su deseo en la fantasía. “¡Ojalá pudiéramos viajar al verano y comernos un heladito!”.
    • Si se siente abrumado por una tarea que tiene que hacer (porque le aburre, porque es mucho, porque no le apetece…), apóyale u ofrécele ayuda para planificarse.
    • Si se encuentra ante un problema que no sabe cómo resolver, escucha su hilo de pensamientos y si lo ves necesario ofrécele ayuda para pensar en opciones (pero no se las des si no las pide).
    • Si crees que quiere estar un rato a su aire, dale espacio para estar sólo y hazle saber que puede contar contigo cuando quiera.
    • Si debes mantenerte firme en tu posición, hazlo respetando sus sentimientos. “Sé que no te apetece ir a casa de los abuelos a comer, pero es una tradición importante en la familia y ellos cuentan contigo. Para mí también es importante que estés.”
    • Si el problema viene dado por una norma que establecisteis en casa, evita actuar como autoridad (“¡Es tu obligación!”). En vez de eso habla desde tus sentimientos y tus necesidades. “Veo que no te apetece nada vaciar el lavavajillas, pero necesito tu ayuda porque no doy abasto.”

Por supuesto hay más opciones, puedes crear las tuyas si partes siempre de escuchar y tomarte en serio la forma de sentir de tus hijastros.

Piensa siempre que los niños, igual que los adultos, actúan como lo hacen por algún motivo. Su comportamiento no es aleatorio ni caprichoso. Quizás no llegues a saber por qué se comportan así, pero es importante que les muestres tu aceptación.

Huelga decir que estas herramientas no son garantía de éxito inmediato, no te aseguro que tus hijastros empiecen a comportarse tal como deseas nada más ponerlas en práctica. Y menos si la dinámica en casa suele pasar por alto su sentir.

Lo que sí te aseguro es que una buena escucha te va a acercar a tus hijastros y va a ir poniendo las bases para una relación de confianza entre vosotros.

Y si empiezan a sentirse mejor, lo notarás en su comportamiento.

Escucha activa

Ah! Cuando decidas poner en práctica la escucha con aceptación, no dejes de contar cómo te ha ido… Me encantaría conocer tu experiencia.

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