Cómo saber cuándo es momento de parar

Acercarte cada vez más, participar cada vez más, responsabilizarte cada vez más… Cuando formamos una familia enlazada a menudo llegamos con la idea de que para crear lazos fuertes es necesario comaprtir cada vez más esaciom más tiempo, más experiencias. Avanzar.

Pues bien, si algo he descubierto es que en esto de «avanzar», como en casi todo, la madrastridad desafía las leyes de la lógica.

Para nosotras e veces la mejor manera de avanzar es dar un paso atrás.

Si se te ha acelerado el corazón al leer esto es que debemos de ser bastante parecidas, porque cuando llevaba unos 2 años de madrastra, pensar en la posibilidad de retroceder y perder el lugar que con tanto esfuerzo me había ganado en la familia me provocaba sudores fríos.

Y ahí estaba yo: recogiendo cada día a mi hijastro del cole, yendo a llevarlo a casa de su madre, jugando con él toda la tarde, haciendo fotos en todas sus funciones, atendiendo a cada una de sus llamadas de atención, ¡incluso logré que me incluyera en sus rituales nocturnos! En mis peores “mejores” momentos llegue a intentar competir con mi compañero por hacer las cosas que sin duda se le daban mejor a él.

¿Qué te puedo decir? No quería quedarme atrás.

Quería gustar, ser aceptada, ser querida y avanzar en la familia.

Pero mi madrastridad, como la tuya, no estaba exenta de conflictos, tanto internos como externos, y estar siempre ahí se llevaba todas mis energías.

Por suerte me encontré con una mujer sabia que me dio uno de los mejores consejos que he recibido: me animó a seguir haciendo lo que me satisfacía y a retirarme de lo que me hacía sufrir.

Fácil, ¿no? Pues a mí no se me había ocurrido.

Lo más inquietante de este cambio es tener que remodelar tus expectativas sobre cómo iba a ser tu familia, y el miedo a volver a sentirte excluida. Pero créeme, es distinto estar excluida porque la familia te deja fuera, que retirarte de determinadas situaciones que te hacen sufrir.

A veces estamos tan determinadas a «avanzar», que dejamos nuestro lugar atrás.

Hoy he querido recuperar estas sensaciones, sumergirme en la extraña lógica de la madrastridad y hablar de 3 situaciones en las que retirarse un poco –o un mucho– puede ser la mejor forma de avanzar.

1. Cuando tus hijastros o hijastras sufren un conflicto de lealtad

Los niños y niñas tienen conflictos de lealtad cuando sienten que quererte a ti, o valorarte, o disfrutar contigo es faltar al vínculo que tienen con su madre.

A veces son las madres las que de forma explícita tratan de ponerlos en contra de nosotras, pero en general ocurre simplemente que los pequeños y las pequeñas, con su fina sensibilidad, se dan cuenta de que cuando muestran su afecto hacia nosotras algo en sus mamás se retuerce. Las mamás a veces no pueden evitarlo –y lo entiendo– pero eso puede tener efectos nefastos en la relación entre hijastros o hijastras y madrastras.

Si notas que cuando tratas de hacer algo bonito por tu hijastro o hijastra él o ella responde contándote algo que hizo su madre, si cuando estáis en un momento especial de repente se sume en el silencio, si le incomodan tus muestra de afecto o te compara constantemente con su madre –en general tratando de hacerte ver todas sus gracias–, es muy posible que tu hijastro o hijastra esté sufriendo un conflicto de lealtad.

Tú puedes atenuarlo mostrándole que puede hablar de su madre cuando lo necesite, pero las situaciones y comentarios hirientes van a seguir ahí y encima no vas a poder deshacer el conflicto, simplemente porque no está en tus manos.

Esta es una de esas situaciones en las que el mejor paso que puedes dar es un paso hacia atrás.

Puede parecer cruel decidir mostrar menos afecto hacia un niño o una niña, y a menudo sólo con pensarlo nos sentimos culpables. Además es justo lo contrario de lo que esperábamos: en teoría el afecto tiene que crecer, ¿no?

Cuando se trata de un conflicto de lealtad, rebajar las muestras de afecto y respetar una cierta distancia puede aliviar la tensión para todos y mejorar la convivencia.

2. Cuando más de la mitad de tus conversaciones de pareja son sobre cómo corregir el comportamiento de los niños o niñas

Admitámoslo, convivir con peques a menudo no es fácil, pero con algunos es decididamente difícil.

Si sientes que tu hijastro o hijastra ha sido educado o educada con pautas marcianas y estás teniendo problemas para aceptar su comportamiento, es posible que hayas caído en uno de los errores más comunes de las madrastras: iniciar una campaña de transformación para poder aceptarlo o aceptarla mejor.

Puede ser muy enriquecedor para todos que aportes tu perspectiva y junto a tu compañero vayáis cambiando las dinámicas de casa de acuerdo con el sentir de ambos.

Pero si te das cuenta de que estás constantemente en conflicto con el niño o la niña, si tienes incesantes discusiones conversaciones con tu pareja sobre cómo corregir su actitud y después de muchos intentos siguen molestándote algunos o muchos de sus comportamientos, quizás es momento de parar.

Es duro renunciar, lo sé, porque tenías la esperanza de que la convivencia fuese de otra manera, y de llegar a sentirte más a gusto con tu hijastro o hijastra, pero llegados a este punto es necesario un cambio de chip y empezar a centrarte en aceptarlo o aceptarla tal como es.

Tratar de entender el por qué de su comportamiento puede ayudarte, y para ello te recomiendo el imprescindible libro de Jesper Juul «Su hijo, una persona competente».

En cualquier caso, si hay aspectos con los que no puedes, no hay nada malo en que te retires y dejes que sea su padre quien lidie con ellos. Te aseguro que eso no te excluirá de la familia, sino que formará un ambiente en el que todos os sentiréis más a gusto.

3. Cuando estás quemada

Si entraste en tu familia como la caballería al campo de batalla, y en un abrir y cerrar de ojos te habías hecho cargo de cuidar a los niños o niñas, del cole, de jugar, de las actividades extraescolares, de hacer las comidas, supervisar deberes y estudiar para los exámenes…

Si poco a poco fuiste dejando tus aficiones, cancelando salidas con tus amigos o recortando tu horario de trabajo para atender a la familia…

Hay muchas posibilidades de que termines quemada.

Me refiero a ese estado de ofuscación en el que la mínima chispa te hace hervir. A cuando todo el mundo te sobra y el menor inconveniente puede encender tus ansias asesinas.

Si últimamente te acompaña un tufillo a churruscado, por favor, llama a tus amigas y declárate en huelga.

Bueno, quizás no hace falta una huelga, pero está claro que has dado más de lo que podías, hasta el punto de convertirte en una persona que no quieres ser.

Esta es sin duda la señal más clara de que necesitas parar y empezar a delegar. A repartir responsabilidades.

En los años que lleva formar una familia ensamblada son muy habituales las idas y venidas. A menudo las madrastras sentimos que una vez que nos hemos comprometido en algo ya no podemos echarnos atrás. Y tenemos miedo de volver a encontrarnos en la intemperie, excluidas de la familia.

Pero si has llegado a alguna de estas 3 situaciones, te aseguro que el hecho de dar un paso atrás os hará ganar calidad de vida a todos y te ayudará a pasar a la siguiente fase como madrastra.

Probar y equivocarte, avanzar y retroceder… Ésa es la única manera de encontrar tu lugar en la familia.

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