Lo que pierdes al convertirte en madrastra

Muy posiblemente todas las que estamos leyendo este post hemos sufrido una pérdida significativa en nuestra vida y si no lo hemos hecho, la sufriremos en el futuro. No podemos evitar siempre el dolor, de la misma forma que no podemos responder a las preguntas que se le asocian ¿Por qué tengo que sufrir tanto? ¿Por qué las cosas no pueden ser como antes? ¿Por qué tengo la sensación de haberlo perdido todo?

Cuando todas estas preguntas se nos agolpan en la cabeza y se nos entremezclan con sentimientos de indefensión, tensión corporal, evitación, etc. es porque posiblemente estemos atravesando un proceso de duelo.

Pero, ¿qué tiene que ver el duelo con la madrastridad si no se ha muerto nadie?

El duelo es un proceso que experimentamos o experimentaremos tod@s a lo largo de nuestra vida tras una pérdida significativa, ya sea de una persona, de una relación, de un trabajo, de una ilusión… Recorrerlo es lo que nos dará las respuestas a nuestras preguntas, pero sobre todo nos vinculará con lo realmente importante: nosotras mismas.

Las tareas del duelo de una madrastra

Conocer a una persona, enamorarse, planear un futuro juntos, empezar a labrarlo, una boda, hijos, expectativas, etc. Este es el proceso de creación de una familia al que siempre nos han acostumbrado por imitación de nuestras familias, en las series y películas y en nuestra cultura en general.

Cuando nos convertimos en madrastras muchas de estas cosas no se producen en ese orden y algunas puede que no se produzcan nunca. Decidimos labrar una familia con una persona que ya tiene hijos de una relación anterior y eso nos condiciona la forma en la que nuestra relación va a formarse y crecer.

«Convertirme en madrastra fue un proceso que surgió de la noche a la mañana en el mismo momento en el que decidí seguir adelante con la relación de pareja. Asumirlo fue un proceso mucho más largo y complicado. Evidentemente, cuando conocí a mi marido no fue con sus hijos de la mano. La primera vez que lo vi en su faceta de padre, lejos de ser algo bonito y tierno, fue un shock brutal para mí. Era como si me encontrase ante una persona totalmente desconocida».

En este ejemplo, real como la vida misma, no se está experimentando una pérdida de un ser querido. O al menos no de una forma literal. Se está sintiendo la pérdida de la forma en la que percibíamos a esa persona amada. Ya no es nuestro compañero/a y amante, ahora es también padre/madre y de forma inesperada, de una forma totalmente ajena a nosotras. Y eso duele.

«El inicio de la convivencia en pareja es siempre muy emocionante. Montar tu casa, crear un hogar, llegar a acuerdos, tiempo en pareja-tiempo propio, tener a alguien que te recibe con los brazos abiertos al llegar a casa. Al iniciar la convivencia en familia enlazada esto casi nunca es así. Con suerte, las semanas alternas o los días que no hay visita. Pero la cosa cambia y mucho. Hay un montón de normas no escritas alrededor de la vida en familia: El uso de la tele, las rutinas, los horarios, el ocio… y en ninguna me siento incluída. Es mi casa pero a la vez no tengo margen para hacerla mía. Es algo así como vivir en un hotel en el que yo tengo que limpiar y colaborar como la que más».

Sentirnos tristes, desubicadas, desilusionadas, con baja energía e incluso engañadas o tracionadas son sentimientos habituales cuando nos encontramos atravesando un duelo. «Estoy siempre de mal humor, no sé que me pasa» esta afirmación puede ser la antesala a descubrir que estamos experimentando un duelo por una pérdida, siendo las más comunes en la madrastridad:

  • Pérdida del espacio propio y en pareja
  • Pérdida de tiempo de ocio de calidad
  • Pérdida de control sobre decisiones que afectan a nuestra vida
  • Pérdida de nuestra idea de relación soñada.
  • Pérdida de la idea de maternidad
  • Pérdida de nuestra autoestima

Transitar por los sentimientos en los que el duelo nos envuelve es una forma de ayudarnos a conectar de nuevo con nuestras necesidades y con nosotras mismas. Sin embargo, para poder cerrar el ciclo necesitamos sentirnos escuchadas y validadas en nuestro dolor. Que alguien comprenda por todo lo que estamos pasando y te diga: «Tranquila, es normal. Esto también pasará». Porque sentirnos escuchadas y reconocidas nos da el empujón necesario para darnos permiso para sentir y liberar el malestar.

Escucharnos verbalizar nuestros sentimientos difíciles y tener a alguien que nos entienda ayuda a poner luz a los rincones de nuestra alma, a tomar perspectiva y a sentir alivio por poder poner nombre a tus emociones.

La Navidad es una época de rituales en que las pérdidas se hacen, si cabe, más presentes. Por eso este mes vamos a hablar en profundidad sobre los duelos de la madrastridad y de la familia enlazada en El Foro.

Entrevistaremos a la terapeuta de duelo Rosa G. Graell, que nos ayudará a comprender de qué manera el duelo es una parte inevitable de la madrastridad y nos dará claves y pautas para poder atenderlo de manera sana, tanto en nosotras mismas como con l@s pequeñ@s de la casa.

La atención al duelo es una de las partes esenciales de la atención a la madrastridad y la mejor manera de salir de la frustración y el resentimiento para empezar a estar más tranquilas dentro y fuera de la familia.

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