Mi pareja está obsesionad@ con la familia perfecta

Quizás tu pareja te lo ha dicho abiertamente alguna vez. Quizás solo lo sabes por su manera de comportarse, por los deseos que expresa o por el tipo de reproches que te hace. Sea como sea, sabes que él o ella espera que vuestra familia sea perfecta.

 “Quiero que seas como una madre para mis hij@s”

“Tú eres la madre que nunca tuvieron”

“Tenemos que pasar más tiempo junt@s para adaptarnos”

“Solo quiero que seamos una familia normal”

“Esfuérzate para que te quieran, para más tiempo con ell@s”

“Si me quieres a mí, tienes que querer a mis hij@s”

“¿Y entonces qué? ¿Ya no pasarás tiempo con nosotr@s?”

“Así no es cómo se comportan las familias…”

Estas son frases que muchas madrastras escuchan de la voz de sus parejas. Frases llenas de ilusión, de deseos, de esperanza… y de exigencia.

La ilusión de la familia perfecta

Lo que nuestras parejas nos expresan con mayor o menor claridad es que desean tener con nosotras la experiencia de una familia nuclear. Que sus hij@s nos adoren, que nosotras l@s adoremos ell@s y que hagamos las “funciones de madre” (signifique esto lo que signifique) cuando estén con nosotras.

Y admitámoslo: muchas de nosotras llegamos a la familia enlazada con las mismas expectativas.

¿Por qué? Pues porque es lo que hemos mamado desde pequeñas. Incluso las que hemos crecido en familias enlazadas hemos incorporado el modelo de familia nuclear como “lo que tiene que ser”. Y lo demás son desafortunadas desviaciones.

Así pues, aceptamos de entrada que nuestras parejas tengan hij@s alimentando la fantasía de que: “Bueno, pasado un tiempo, si lo hacemos bien, todos nos querremos y seremos como una familia normal.”

¿Y de quien depende que “todo salga bien”? Pues básicamente de nosotras, por supuesto. De que seamos “buenas” con l@s peques, de que seamos lo bastante “generosas” como para quererles como su fueran nuestr@s y de que nos hagamos querer. Depende de que estemos deseando su llegada en cada visita, de que preparemos mil actividades idílicas, de que les demos todo lo que necesiten y de que estemos muy tristes en cada despedida.

En fin…

Cuando te caes del burro

Si estás leyendo esto, supongo que ya te habrás caído o te estarás cayendo de este burro. Porque nosotras, las madrastras, somos las primeras que chocamos con la realidad de la familia enlazada.

Somos las que tenemos un papel más difícil y las que primero experimentamos la exclusión, el trato diferencial, la hostilidad de l@s peques, la transformación de nuestras parejas cada vez que llegan a casa, el poder de invisibilidad que no sabíamos que teníamos y nuestros propio rechazo hacia esas criaturitas.

Primero pensamos que nosotras somos inadecuadas.

Después, con suerte, nos damos cuenta de que nuestras expectativas eran de cuento de hadas. Y empezamos nuestros duelos de madrastra, por esa idea de familia que teníamos al empezar.

También empezamos a replantearnos nuestro lugar en la familia.

Nuestras parejas lo viven de forma diferente

Peeeeeeeero, nuestras parejas lo viven de una manera diferente. Para ell@s nuestra llegada es la promesa de poder recuperar aquella sensación de familia que perdieron con la separación, o de experimentarla por primera vez. Y además, es la promesa de una gran ayuda en la crianza.

Ell@s quieren a sus hij@s, esperan su llegada, se sienten complet@s cuando está todo el mundo en casa.

Y no solamente eso: lo cierto es que el papel de padre o madre dentro de la familia enlazada es muy complejo. Suele haber una tensión constante entre las demandas de l@s hij@s y las de la pareja y se espera que “cuando todo se calme” esa tensión va a desaparecer.

Así que también tienen prisa por que todo el mundo se adapte cuanto antes y puedan dejar de ocupar ese incómodo lugar.

Si además nuestra pareja es un hombre heterosexual, es posible que nuestra llegada le traiga también la ilusión más o menos consciente de volver a ser “el hombre de la casa” después de haber tenido que hacer un rol más femenino un tiempo o de haber recurrido a su madre para parte de los cuidados de sus hij@s.

Igual que tenemos una idea de lo que tiene que ser una familia, tenemos también una idea de lo que tiene que ser el hombre de la familia y lo que tiene que ser la mujer. Algunas personas están más identificadas con esas ideas y otras menos, pero tod@s las llevamos con nosotras.

El despertar de una ilusión

Así pues, ¿qué pasa cuando como madrastras nos plantamos y empezamos a plantear una vía algo diferente? ¿Qué pasa cuando empezamos a querer tiempo para nosotras, a devolver responsabilidades, a no volcarnos en nuestr@s hijastr@s como si nos fuera la vida en ello y dejamos de aspirar a la familia idílica, enfocándonos más bien a una convivencia respetuosa y dar tiempo al tiempo?

Pues que para nosotras, en buena medida, es un respiro. Pero para ell@s solo es una pérdida. Una más:

    • La pérdida de la ilusión de una idea de familia.
    • La pérdida de la ilusión del lugar que iban a poder ocupar en ella.
    • La pérdida de una ilusión de harmonía y facilidad en casa.
    • La pérdida de la ilusión de compartir la crianza con nosotras con el mismo nivel de implicación emocional.
    • Y seguramente otras pérdidas que me estoy dejando…

 

En medio de esta frustración, algunas personas pensarán que el problema es de la madrastra. Y le lanzarán a ella los reproches. Porque todavía están en la fase de negación de su pérdida: aún no pueden ver que esa ilusión que tenían era exactamente eso: una ilusión. Que las familias no se recomponen, sino que se transforman y que en esa transformación algunas cosas se ganan y otras se pierden.

La negación es, como sabes, la primera fase del proceso de duelo.

Los duelos de nuestras parejas

Los duelos no solamente se activan cuando una persona querida muere, sino ante todas las pérdidas que tenemos, incluida la pérdida de una ilusión, de una idea, de un modelo.

Cuando nuestras parejas se separaron, vivieron la pérdida de una relación, vivieron la pérdida de parte de la cotidianeidad con sus hij@s. Pero lo que no pudieron asumir, era que estaban perdiendo también una estructura familiar que no se iba a poder replicar.

Y todo el entorno les facilitaba la negación. Porque en nuestra cultura hablamos de la posibilidad de “rehacer” tu vida con una nueva pareja y de las familias “reconstituidas”. Como si algo se pudiera rehacer o reconstituir.

Y nuestras parejas intentaron rehacer y reconstituir con nosotras.

Y nosotras fuimos las primeras que les hicimos ver que eso no sería posible.

Y eso es abrir la puerta a un dolor quizás mayor que el de la separación misma.

Un dolor se agrava porque la familia nuclear es la única que se nos presenta como válida, la única donde se concibe la felicidad. Así que cuando nuestras parejas ven que pueden perder ese modelo de familia, temen perder también toda posibilidad de felicidad para ell@s y para sus hij@s.

Transitar el duelo

Si tu pareja está obsesionada con la idea de la familia perfecta, es muy probable que todavía no haya realizado el duelo por la pérdida de la familia nuclear y también es posible que esté proyectando su frustración en ti.

La buena noticia es que cuando la persona ya no puede negar más lo evidente, empieza a transitar el duelo propiamente dicho. Va a pasar por varias fases complejas y, si el proceso no queda truncado, le va a permitir atravesar el dolor de la pérdida y abrirse a nuevas posibilidades. Descubrir que se perdieron cosas y se ganaron otras, y que es posible disfrutar la vida sea como sea tu familia.

Y en medio de este proceso estamos nosotras, que hemos tenido que poner límite a la ilusión y mostrar lo que ya no se podría seguir negando. Y que además estamos atravesando nuestros propios duelos.

¿Cómo reconocer cuándo nuestras parejas tienen duelos pendientes? ¿Cómo reconocer nuestros propios duelos? Y sobre todo, ¿cómo cuidarnos, tanto si somos nosotras las que estamos de duelo como si son nuestras parejas?

Para aprender sobre los duelos de las familias enlazadas y para aprender a entendernos y acompañarnos hemos recurrido a Rosa G. Graell, madrastra y terapeuta de duelo, con quien vamos a hablar a fondo de todo esto.  

Con ella aprenderemos a:

  • Identificar los duelos y sus fases
  • Las diferencias entre duelos adultos e infantiles
  • Los duelos típicos de las familias enlazadas
  • Atender nuestros duelos
  • Acompañar los duelos de las personas que nos rodean

 

¿Dónde? Pues en El Foro de Ser Madrastra.

¡Te esperamos!

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