Estoy quemada: el síndrome del «burnout» en las madrastras

Cuando empezamos una familia enlazada nos acompañan mil dudas… ¿Me aceptarán? ¿Les gustaré? ¿Me gustarán? ¿Lograremos que funcione? ¿Cómo lograr que me quieran?

Las mujeres estamos especialmente educadas para valorarnos en función de cómo nos valoran los demás, así que cuando empezamos como madrastras, nuestra principal preocupación es la de hacerlos “gustables” “queribles” y “valiosas” por toda la familia (especialmente nuestr@s hijastr@s y nuestra pareja).

Para lograrlo, tratamos de amoldarnos, facilitar las cosas, mostrar nuestra cara más agradable y complaciente, ver qué hace falta en la familia y ponernos a ello… La casa, la intendencia, la crianza, los juegos, la disciplina, el cole… ¡No dejamos palo sin tocar!

¿Y nuestras necesidades, nuestros ritmos, nuestras aficiones, nuestros límites…? Bueeeno, todo eso puede esperar.

Lo ponemos en standby pensando que no pasa nada por priorizar otras cosas durante un tiempo. Como si nuestro autocuidado no fuese compatible con ser una buena madrastra. Como si fuese una muestra de egoísmo que… mejor evitar.

Y así empieza el proceso.

A los 4 meses empiezas a estar crispada, a los 7 sientes que se te cae el mundo encima y a los 9 ya solo te quedan dos opciones: matar o huir. Pasas de la rabia al llanto sin motivo aparente, has perdido la ilusión por las cosas que te gustaban y ya ni siquiera te reconoces. No te gusta la persona en la que te has convertido.

Si sientes una ira irrefrenable hacia tus hijastr@s, si has dejado de dormir, si estás empezando a engordar o has dejado de comer, si eres incapaz de explicar lo que te pasa y estás empezando a pensar que tienes un problema…

Frena: no estás enloqueciendo. Lo que te pasa es normal y tiene un nombre: se llama síndrome del burnout o, dicho de otra forma: estás quemada.

Este síndrome puede aparecer en muchos momentos de la vida de mujeres y hombres, pero siempre está relacionado con largos períodos de:

  • Alta exigencia
  • Poca gratificación
  • Falta de atención a las propias necesidades

 

¿Te suena de algo?

Para que dejes de pensar que el problema eres tú y puedas dar los primeros pasos para estar mejor, te contamos aquí cómo se manifiesta el síndrome del burnout en las madrastras.

Síntomas físicos

El burnout tiene una base psicológica, pero cuando está en su punto álgido, se manifiesta en nuestro cuerpo de muchas maneras. Taquicardias, insomnio, eccemas cutáneos, problemas digestivos, ganancia o pérdida de peso, cansancio agudo… Todos estos pueden ser indicadores de que estás quemada y necesitas parar.

Rabia

La ira es la emoción que suele encabezar este síndrome. Cualquier cosa puede sacarte de quicio: los juguetes en la sala, un whatsapp de la ex, los calcetines de tu pareja en el suelo del baño o el mero sonido de la voz de tus hijastr@s. Estás que explotas y tienes la sensación de que no vas a poder contenerlo más. A veces tenemos una ira universal y otras veces la pillamos con algún miembro de la familia, a quien empezamos a ver como “la causa de todos nuestros problemas” y la rabia contra él o ella se convierte en una obsesión.

Una guía para la madrastridad... escrita por madrastras reales.

Sin prejuicios ni idealizaciones. Una guía 100% basada en nuestra experiencia donde la prioridad eres tú.

Necesidad de control

Estás tan agotada física y emocionalmente que no puedes asumir una responsabilidad más y pierdes totalmente la flexibilidad. Tienes la sensación de estar siempre al límite de tus fuerzas y un cambio de agenda de l@s niñ@s o recibir una visita en casa te desborda por completo.

Montaña rusa emocional

La rabia suele ser la emoción más saliente en el síndrome del burnout de las madrastras, pero hay otras. Lo que es común es que siempre se presentan con gran intensidad y parece que no tienes ningún control sobre ellas. Empiezas el día convenciéndote de que podrás con todo, a mediodía ya quieres estrangular a l@s niñ@s porque no vienen a comer cuando les llamas y por la noche solo puedes encerrarte en tu habitación a llorar. 

Puedes empezar a sumirte en un estado depresivo sin entender por qué. 

Si lo miras desde fuera, quizás no hay nada “tan grave” y es posible que las personas a tu alrededor te digan que “no tienes motivos para sentirte así”. Pero ten esto en cuenta: si sientes con tanta intensidad, es que tienes necesidades igual de intensas que requieren de atención inmediata.

Fantasías de escape

Cuando estás quemada, tienes la sensación de que no hay salida. L@s niñ@s no van a dejar de venir, la ex seguirá estando ahí, tu pareja no te entiende y tú ya has hecho todo lo posible. ¿¿Qué más puedes hacer?? Al no ver salida, empiezas a fantasear con la “desaparición” de l@s niñ@s, o de su madre. También te imaginas viviendo sola, lejos de todo esto, pero la imagen tampoco es placentera, porque lo vives como una huída, como un fracaso. Una muestra más de que algo no funciona en ti.

¿Y qué hago si estoy quemada?

Si te identificas con uno o varios de estos estados, hay algo que queremos compartir contigo. El síndrome del burnout se puede superar, y no requiere que rompas tu pareja si sigue siendo gratificante para ti. Pero sí es necesario que tomes un poco de distancia y empieces a permitirte tiempos y espacios para ti.

Seguramente tienes una voz interna que te dice cosas como “no quiero estar aquí”, “no quiero esto”, “no me apetece jugar”, “me gustaría pasar el fin de semana sola”… Pues bien, es momento de escuchar esa voz y darte permiso para hacer lo que te pide.

Si no quiero estar aquí, me voy a dar una vuelta. Si no quiero esto, no lo asumo y que lo haga mi pareja. Si no me apetece jugar, no juego. Si quiero estar sola, me monto un finde a mi aire o con mis amigas.

Es necesario que cuidarte se convierta en tu prioridad. Retomar tus aficiones, reconectar con tus amigas o tu familia, hacer cosas por tu cuenta, buscarte un grupo de madrastras y devolver algunas responsabilidades a tu pareja son los primeros pasos para empezar a llenar tu tanque de energía.

Esto da mucho canguelo, ya lo sé. Primero que te sientes horrible por pensar estar cosas. Después está el miedo a que tu pareja se dé cuenta de que no adoras a sus hij@s y eres una madrastra horrible. Y finalmente está el miedo a perder el lugar que habías construido con TANTO ESFUERZO en la familia. Lo sé porque lo he vivido, tal como expliqué en este post.

Nadie puede asegurarte que todo seguirá igual cuando empieces a dar esos pasos. Es posible que tu pareja se extrañe o que la relación con tus hijastr@s se haga un poco más laxa. Muchas cosas pueden pasar. Sin embargo tienes una seguridad: tú empezarás a sentirte mejor, pasarás a la siguiente fase como madrastra, y habrá muchas más posibilidades de que tu relación de pareja y tu familia sigan adelante. Porque continuar como hasta ahora, simplemente ha dejado de ser una opción.  

Descubre Materia

La comunidad de madrastras donde puedes expresar aquellas cosas que nadie más entiende.

Deja tu comentario

Tu correo electónico no será publicado. Los campos obligatorios estan marcados con un *



Descubre las bases para crear una relación sana con tus hijastr@s y construir tu lugar en casa sin perderte a ti misma por el camino. Basado en nuestra experiencia. Sin cuentos.

Responsable: Afín - Asociación Española de Familias Enlazadas. Finalidad: Envío de nuestras publicaciones y correos comerciales. Legitimación: Tu consentimiento. Destinatarios: Tus datos están alojados en nuestra plataforma de email marketing Active Campaign, ubicada en EEUU y acogida al Privacy Shield. Podrás ejercer Tus Derechos de Acceso, Rectificación, Limitación o Suprimir tus datos en hola@afinfamilia.com. Para más información, consulta nuestra política de privacidad.
Responsable: Afín - Asociación Española de Familias Enlazadas. Finalidad: Envío de nuestras publicaciones y correos comerciales. Legitimación: Tu consentimiento. Destinatarios: Tus datos están alojados en nuestra plataforma de email marketing Active Campaign, ubicada en EEUU y acogida al Privacy Shield. Podrás ejercer Tus Derechos de Acceso, Rectificación, Limitación o Suprimir tus datos en hola@afinfamilia.com. Para más información, consulta nuestra política de privacidad.