12 cosas que debe saber una madrastra

A lo largo de nuestra vida crecemos con la idea de que un día encontraremos a nuestra pareja ideal, que nos casaremos (o no) y que quizás formaremos una familia… Pero nunca pensamos que nuestra pareja ideal tendrá hijas o hijos y que vendrá con la familia puesta.

Ninguna mujer está preparada para eso.

Por eso, basándonos en nuestra experiencia y la de muchas otras madrastras reales a las que hemos acompañado, hemos querido compartir aquí las 12 cosas que toda madrastra debería saber cuando se embarca en la aventura de la familia reconstituida.

¡Comencemos!

1. Prepararse ayuda a evitar rodeos dolorosos

Uno de los comentarios que más repetimos las madrastras es: «Jamás hubiera creído que esto iba a ser así, no estaba preparada para todo eso». Recopilar información sobre las familias enlazadas y sobre el rol de madrastra te ayudará a formarte expectativas realistas, evitar algunos errores comunes e ir más segura a la hora de dar los primeros pasos. También es posible que te anime a tener algunas conversaciones básicas con tu pareja que a menudo pasamos por alto con el idilio inicial.

Estar informada no evitará al 100% las dificultades pero te ayudará a verlas venir y a no quedarte atrapada en ellas. Algunas parejas consultan con terapeutas especializadas antes de empezar la convivencia y eso también suele ser una buena opción.

Por nuestra parte te recomendamos conocer las fases de la formación de una familia reconstituida así como las fases por las que solemos pasar las madrastras.

2. El momento idóneo

Es cierto: no hay momento idóneo para formar una familia enlazada. Pero sí es necesario que nos fijemos en nuestras reacciones internas antes de dar el paso de conocer a l@s hijastr@s o de ir a vivir con nuestras parejas. ¿Me apetece? ¿Me siento segura en la relación? ¿Tengo energía ahora mismo para afrontar todas estas novedades y exigencias? ¿Cómo me apetece más hacerlo?

Nunca lo diremos suficiente: es necesario darse tiempo como pareja para conocerse y forjar la relación antes de encarar el reto de llevar toda la familia. La pareja va a ser el pilar de este núcleo lleno de tensiones, así que es necesario que haya podido hacerse fuerte… ¡y vivir un poco de luna de miel!

Por otro lado, eso también da tiempo a l@s niñ@s para ir digiriendo la separación de sus padres (si es reciente) y hacerse a la idea. Ell@s necesitan las prisas tan poco como nosotras.

3. Extraña en tu propia casa

Durante los primeros años de convivencia es habitual tener la sensación de quedarte “fuera” cada vez que llegan tus hijastr@s a casa, es lo que llamamos el síndrome del forastero. El vínculo con su padre es muy fuerte y aunque es posible que todo el mundo te acepte, esa sensación tarda mucho en desaparecer. Siempre hay “pequeñas cosas” que marcan quien está en el núcleo y quien está en la periferia y no es fácil que tu pareja pueda verlo (en este vídeo os damos algunas claves para comprender el lugar del otro y cambiar un poco las cosas).

De cara a l@s niñ@s la mejor forma de ir integrándote es a través de sus aficiones y juegos, de sus intereses. Y empezar a compartir actividades en familia que sean nuevas (no hagáis de buenas a primeras el típico ritual de familia que hacían el padre y l@s hij@s antes de tu llegada porque todo el mundo se va a sentir raro).

Es momento de iniciar nuevos rituales, nuevas actividades, y si puede ser, que sean actividades en las cuales tú tengas más experiencia que el resto de la familia o que os sitúen en posiciones iguales, pues eso ayudará a romper esa dinámica de estar “fuera”. Para ponerlo en claro: mejor un juego de mesa que dar un paseo (donde lo más probable es que termine el padre con l@s niñ@s por un lado y tú andando sola en el otro).

Poco a poco, puedes pactar con tu pareja que se retire a ratos pequeños para que puedas estar a solas con tus hijastr@s, al principio a lo mejor solo 5 minutos, e ir viendo cómo va la cosa. Esto debe ser a tu ritmo.

Para aliviar esa sensación de estar “fuera” también es necesario regular los tiempos de exposición a la familia. Es necesario que haya tiempo exclusivo padre e hij@s, tiempo exclusivo de pareja (normalmente de noche y cuando l@s niñ@s no están, aunque nunca está de más un beso a media tarde) y que tengas tiempo para estar a tu aire y cultivar otras relaciones fuera de la familia. Lo cual nos lleva al siguiente punto.

Ser Madrastra Podcast

El espacio donde nadie te dirá que «ya sabías lo que había».

4. Vida más allá de la familia

Muchas madrastras abandonan sus relaciones sociales y familiares e incluso sus hobbies cuando forman una familia enlazada. Es agotador, es cierto. Pero también hay otro motivo y es que vamos con la idea de que “cuanto más tiempo pasemos en familia más rápida será la adaptación y mejor se formarán los vínculos”. Craso error. En las familias enlazadas, mejor echarse de menos que echarse de más. Y tiempo al tiempo.

Esa sensación de “estar fuera” y todas las exigencias de la familia enlazada solo se compensan si tenemos otros núcleos familiares o sociales donde nos sintamos incluidas y estemos relajadas. Los tiempos a solas y las actividades que nos ayudan a recargar pilas son fundamentales.

Todo eso nos da la fuerza y el aplomo que necesitamos para avanzar poco a poco en nuestro proyecto familiar.

Y si me permites un consejo más, busca un grupo de madrastras donde compartir tus inquietudes, teniendo la garantía de que te van a comprender y que vas a encontrar en ellas un apoyo constructivo. Contar con un grupo de compañeras ha marcado un antes y un después en mi experiencia como madrastra.

5. Responsabilidades sí, pero con medida

Otro error que cometemos las madrastras habitualmente es implicarnos en las tareas domésticas y de cuidado demasiado pronto y… simplemente demasiado.

Esa puede parece una manera de forjar el vínculo con tus hijstr@s y de sentir que tienes un lugar en la familia… pero a menudo termina explotándote en la cara. Primero, porque esas tareas no son especialmente valoradas y segundo, ¡porque no estás donde quieres estar!

Quieres ir cultivando la relación con l@s niñ@s y sentirte querida en casa pero resulta que estás recogiendo sus cuartos y peleándote con ell@s para que hagan los deberes. Esto incluso puede estar propiciado por tu pareja.

Si reconoces esta tendencia en ti misma o tu pareja te presiona para que cuides demasiado pronto recuerda: vale más la pena sostener un tiempo el no saber cuál es tu lugar que ocupar demasiado pronto el lugar de criada.

Y si ya te encuentras en esta dinámica… siempre es un buen momento para parar y dejar responsabilidades que te están sobrepasando, para acercarte hacia el lugar donde realmente quieres estar (ya sea más en la parte gratificante de la relación con l@s niñ@s o en tus relaciones fuera de casa).

A la larga, está bien asumir ciertas responsabilidades, pero siempre al ritmo al que crece el vínculo con l@s niñ@s. Primero el afecto, después la responsabilidad.

6. Tu vida, tus necesidades, tus límites

Cuando eres madrastra primeriza se te meten en la cabeza ideas como que “una madrastra no debe poner límites” o que “hay que adaptarse a lo que l@s niñ@s necesitan porque pobres, ya son mucho cambios para ell@s”.

Estas ideas son ciertas solo a medias. Es cierto que de buenas a primeras, es mejor que no te pongas a dictar las nuevas normas de la casa sino que los cambios sean paulatinos y en pareja. Pero en lo que se refiere al trato que recibes o al que reciben tus cosas, siempre es buen momento para establecer tus propios límites y priorizar tus necesidades.

Explicar lo que necesitas, cómo quieres ser tratada, lo que te gusta y lo que no, y cómo quieres que se traten tus cosas. ¿Quieres que te pidan permiso para coger tus productos de baño o para llevarse tu casco? ¿Quieres estar sola y sin interrupciones cuando estás trabajando? Simplemente, díselo. Eso te ayudará a ti a sentirte dueña de tu vida y a tus hijastr@s les permitirá conocerte.

Además, esto tiene otro bonus y es que evitarás sobrecargar tu relación de pareja pidiéndole que medie constantemente entre sus hij@s y tú. Cuando elegimos esta vía en general nuestras parejas se ponen a la defensiva y nosotras terminamos sintiéndonos impotentes y resentidas.

Recuerda: aunque a veces no lo parezca… ¡esta es tu vida! Tus necesidades, sentimientos y bienestar son tan importantes como las de cualquier otro. Hazlas oír. Valórate y cuídate como te mereces y no te sacrifiques en vano por más bella que parezca la causa. Esta es una carrera de fondo.

7. Expectativas y realidad

Por mucho que nos hayamos informado es inevitable que nos demos de bruces con la realidad de la familia enlazada, y descubramos que algunos de nuestros deseos y expectativas difícilmente se van a cumplir.

Nadie sueña con ser madrastra, e incluso cuando ya sabes que vas a formar una familia enlazada, sueles esperar que pronto crezca el afecto, que con el tiempo todo se ponga “en su sitio” y terminar, de algún modo, siendo una “familia normal”.

Tienes un largo camino por delante en que vas a descubrir las posibilidades y los límites de tu familia. Y a veces, estos descubrimientos suponen importantes pérdidas. Inesperadamente puedes descubrir tu dolor por deseos o ideales que ni siquiera sabías que tenías.

Pérdida de una expectativa de seguridad en la familia, o de una idea de familia. Pérdida de muchas primeras veces con tu pareja, pérdida de una imagen que tenías de ti misma, pérdida de control sobre tu vida…

La madrastridad trae consigo muchas pérdidas que requieren de un duelo. Ser consciente de ello puede ayudarte a atravesar ese duelo de manera que puedas abrir espacio para otras cosas nuevas en tu vida.

8. La madre de tus hijastras o hijastros

La manera en que la madre de tus hijastras o hijastros haya encajado la ruptura… y también la manera en que tu pareja se haya comportado con ella, va a marcar tu experiencia como madrastra.

Ya es difícil asumir su presencia en su vida. Mucho más encajar los embates de su dolor o su rabia.

Si puedes, trata de establecer una relación cordial con ella. Si todavía está atravesando el dolor por la separación o por lo que fue su relación de pareja y lo descarga en tu pareja o en ti, te recomiendo respetar una cierta distancia con ella e ir con pies de plomo con tus hiajstr@s, ya que es posible que estén pillados en un conflicto de lealtad que les impida abrirse a ti e incluso pueda despertar hostilidades.

Desgraciadamente, hay algunas personas insisten en acercarse a pesar de las distancias que marcas. A veces lo hacen de manera “excesivamente amigable” y otras pueden hacerlo de manera hostil. Al final el efecto de sentirte invadida es el mismo, aunque la primera forma tienda a distanciar a la pareja mientras que la segunda forma tiende a unirla.

Sabiendo esto, es importante que trates de establecer tus propios límites. Limitar o anular la comunicación con ella, evitar encontrártela más de lo necesario, e incluso limitar la cantidad de tiempo que pasáis en casa hablando de ella. Al final, con nuestras conversaciones nos la estamos metiendo dentro de casa. Si los límites a la ex son un tema de discusión recurrente entre tu pareja y tú, aquí te dejamos un post que te puede interesar.

9. Las barreras sociales

Este es otro de los límites que tiene ahora mismo el rol de las madrastras: nuestra aparición en sociedad puede levantar ampollas. Las reacciones pueden ir desde un estallido emocional de la madre de tus hijastras o hijastros con el consecuente rechazo de sus personas afines hasta un trato de absoluta invisibilidad, pasando por prohibiciones expresas de traspasar ciertas áreas solo permitidas a madres y padres.

¿Es conveniente luchar contra estas limitaciones? Depende. Depende de lo importante que sea cada aspecto para ti, de las posibilidades que tengas de conseguir un cambio (en este aspecto a veces es necesario consultar a una abogada que te pueda orientar), de los efectos adversos que la lucha pueda tener en las relaciones con la otra casa, de cómo creas que va a afectarte a ti y de cómo creas que va a afectar al resto de tu familia.

A veces es necesario ir probando para ver hasta dónde te conviene mantener tu lugar y en qué punto el coste es demasiado alto. Tarde o temprano te das cuenta de que, desgraciadamente, en la mente de muchas personas ocupas una posición que pertenece a otra persona, la ex. Muchos de los retos sociales que se nos plantean tienen que ver con este pensamiento de muchos. La mayor parte del negativismo hacia ti, el trato como intrusa o como mera «pareja de papá» son circunstanciales, debidos a creencias de estas personas. No tienen nada que ver contigo a nivel personal.

Cuando te encuentres fuera de un espacio social de tus hiajstr@s, una buena manera de compensar esa limitación es participar en la preparación, ver después un video del acto con ell@s o simplemente aprovechar para montarte un plan que te guste con tus amigas y convertir ese rato de sufrimeiento en un rato de disfrute.

Nuestra experiencia nos dice que, a pesar del absurdo y la rabia de verte limitada por convenciones sociales cuando en casa cuidas de tus hijastr@s tanto como su padre o su madre, las limitaciones sociales no nos impiden cultivar una relación de afecto y cercanía con l@s perques.

10. La pareja es tu prioridad

Al cabo de unos meses de madrastridad puedes perfectamente estar envuelta en luchas de poder con la madre de tus hijastr@s, peleada con tu pareja por la crianza de sus hij@s y enfrascada en una reivindicación de tu lugar ante la sociedad.

En el momento en que todo esto te supere y estés de tan mal humor o tan abatida que ni siquiera tú misma te reconozcas, recuerda: no te hiciste madrastra para educar a tus hijastr@s ni para librar una batalla social. Te hiciste madrastra porque querías estar con tu pareja.

Trata de tener esto siempre en mente a la hora de establecer tus prioridades e elegir tus batallas. Quizás es momento de rebajar la tensión, encontrar otra forma de convivir con el estilo de crianza de tu pareja, recuperar tus rituales de auto cuidado y priorizar vuestro tiempo de dos.

11. Emociones y comunicación

En todo esto proceso de construir tu lugar en casa, debes prepararte para atravesar emociones de lo más variadas y para hablar y negociar con tu pareja hasta la saciedad. Esa es la clave para manteneros unidos.

¿Sabías que pasados los 4 primeros años, las parejas enlazadas que sobreviven son más sólidas que las primeras uniones? Tiene mucho sentido, porque esos primeros años son una auténtica prueba de fuego para la relación.

Y esto no solamente afecta a la pareja. También vas a encontrarte en mil situaciones complejas con las hijas o los hijos de tu pareja y tus habilidades comunicativas pueden marcar la diferencia entre el inicio del acercamiento o un distanciamiento mayor.

Por todo esto, nunca nos cansamos de recomendar que se trabaje la comunicación y el manejo de las emociones antes, durante y después de formar una familia enlazada. Un punto de partida ideal es investigar sobre la Comunicación No Violenta.

12. El amor de madrastra

Mucho se habla de que una madrastra debe querer a sus hijastras e hijastros “como si fueran suyos”, aunque también se dice que nunca pueden conseguirlo porque “no son madres”. Si puedes, olvídate de todos estos rollos y deja de hablar del tema con las personas que tiendan a machacarte con el tema del amor.

No estamos aquí para competir con la madre de las niñas o los niños y nuestra valía no se pide por cuan maternales somos. No somos madres, somos madrastras. Y nuestra aportación es valiosa de por sí. Con todas las complejidades que trae, con el tiempo que requiere para generar confianza, con lo que damos y con los límites que ponemos. Con todos los condicionantes que tiene, y que no están en nuestras manos.

La relación entre madrastras e hijastras o hijastros no es automática, requiere de tiempo, paciencia, flexibilidad y respeto, y puede tomar muchas formas diferentes o incluso ir cambiando con los años.

Date cuenta de que eres una pionera, ya que no existe un rol oficial o un modelo a seguir para las madrastras. Cada madrastra es única y su rol y papel en su familia está determinado por lo que a cada una hace sentir cómoda. Y por encima de todo, no hay una «normal» para las madrastras, cada familia reconstituida es única.

Así pues, que nadie te presione, e intenta no presionarte tú misma. No fiscalices tus sentimientos. Tus emociones te irán indicando el camino a seguir en cada momento: te dirán cuándo acercarte y cuándo alejarte, cuándo entregarte y cuándo cuidarte. No hay emociones malas.

Construyamos una base de respeto, y si en algún momento nace el afecto, bienvenido sea.

Te esperamos en el podcast de Ser Madrastra